jueves, 29 de enero de 2026

La vieja iglesia

 La vieja iglesia. Cuento


Samuel. Tomó el desayuno que a él, y a otros rescatados del mismo infierno les servían en el centro donde se recuperaban de las heridas en alma y cuerpo

Casi 3 años había estado recluido, en Auschwitz, torturado, golpeado, sometido experimentos que erizaban la piel, había visto morir en la cámara de gas, a su esposa Raquel y sus tres hijos, Jesús, Israel y María, a sus padres, sus hermanos y hermanas, amigos.

De otros como sus abuelos y tíos no sabía nada, fueran llevados a otros Campos de la muerte

Se miró los escuálidos brazos, pese a los kilos que estaba ganando gracias al cuidado que les proporcionaban aquellos gentiles, eran gentiles, goings pero parecían hijos de Abraham

Mientras miraba el número tatuado en su brazo 

Recordó que habían sido en su mayoría gentiles los que se habían enfrentado al demonio del Nazismo. No solo militares; en el campo se encontró con muchos cristianos, sacerdotes, pastores y familias enteras, muchos de los cuales perdieron su vida en la cámara de gas, o en los trabajos, torturas o experimentos

Y, estaban allí por defender, proteger y esconder judíos en sus casas, sus conventos sus iglesias.

Recordaba de su infancia y juventud la buena camaradería con sus amigos goings cristianos, el amor y respeto que había entre ellos 

A veces entraba en la iglesia católica, y aunque no entendía lo que pasaba porque no sabía latín, se quedaba con los ojos fijos en una especie de alacena de plata, ante la que ardía una lámpara de aceite. Estar allí lo llevaba de paz, sentía que era como debía ser estar en el Templo, que destruyeran los gentiles en el año 77, cuando fueran dispersados por toda la tierra. También en el Templo en el Santo de los Santos o Santísimo ardía el aceite día y noche en la Menorah de 7 brazos, y ante el Arca de la Alianza, hasta que la escondió Jeremías y nunca más se, supo donde la había guardado 

Los gentiles cristianos, le llamaban a aquella especie de “alacena”, el Santísimo, no sabía porque, sólo sabía que le daba paz, le acariciaba el alma, que lo que fuera estuviera allí tenía una vinculación con él, que les unían cosas muy importantes, grandes, como ser familia 

Sabía que lo que pensaba era una locura, en aquel sitio guardarían, sus dioses de oro y plata, o el tesoro de sus dioses

Que aunque él sintiera que era algo vivo,. eso era su imaginación 

Aquel día había decidido ir a pasear por el pueblo, sus piernas se lo permitían aunque tenía que andar despacio; quería ir solo 

Salió del centro, camino un buen rato, respirando el aire puro, viendo los destrozos de los bombardeos 

De pronto vio una iglesia católica, se veían en sus muros las huellas de la guerra, la puerta estaba medio destruida, faltaba una torre del campanario, pero no le importaba, necesitaba paz, e iba entrar. Una mujer mayor le dijo 

“ Él no está, claro que Él siempre está en todas partes”

No entendió de que hablaba, pensó que la anciana se estaría refiriendo al sacerdote. Le dió las gracias, y franqueó el umbral, no había ninguna luz encendida, pero el sol que entraba por los huecos y a través de los vitrales que se mantenían en pie

No había lámpara ninguna, y el armario, o “alacena”, estaba abierto, se veía lleno de telarañas.

No entendía nada, con todo sentó en un banco, pero no experimentó sensación de paz, al contrario notaba un vacío extraño, sentía un frío que no era por el tiempo, pues era junio 

No contó nada 

Pero en sus sucesivas salidas, encontró iglesias como las de su infancia,y, allí sentía lo mismo que en su infancia y juventud 

Mientras que cuando lo hacía en una iglesia vieja como la primera notaba, desasosiego y frío 

Un día decidió abordar al sacerdote del centro

D. Manuel era un hombre mayor, al principio se mostraba reacio, pero acabo cediendo y le hizo un rápido resumen de la Fe cristiana

“El hombre que está allí en el Sagrario, que se llama así es vuestro Mesías”

En las charlas que siguieron Samuel fue descubriendo el Evangelio

Creía en Jesús, pero era judío, no podía bautizarse dejar de ser judío y hacer se gentil 

D. Manuel le recordó que Jesús era judío, los católicos celebraban, su circuncisión el 1⁰ de enero, le hablo de Pablo de Tarso, orgulloso de su judaísmo y su cristianismo

Sí abrazaba el cristianismo, no dejaría de ser judío lo sería de un modo más perfecto, pues si los gentiles al ser bautizados eran incorporados a Jesús, y por él entraban a formar parte del Viejo Israel, como iba un judío que ya formaba parte del Viejo Israel, dejar de pertenecer

Samuel aceptó recibir instrucción, el Padre Manuel con otros sacerdotes y algunos religiosos, y una religiosa, le descubrieron el Nuevo Testamento, le dieron a conocer “ el símbolo de los Apóstoles”

Y, por fin llegó el día en que Samuel, apadrinado por un médico del centro, y una de las enfermeras, recibía el agua del bautismo. Y, entraba en la Plenitud de Israel, el Israel al que Dios sacó el Velo, para que pudiera reconocer a su Hijo.

Fin

No hay comentarios: