Las cuatro florecillas del camino.
En un pequeño pueblo de la provincia de La Coruña, hay un camino: “corredoira”; suele llamarlo la gente del lugar; que baja serpenteando entre muros, en los que brotan unas florecillas silvestres, alrededor del bosque, de eucaliptos, y, de pinares, pues bien allí, en ese rincón, crecen unas flores, mejor dicho, son unos capullitos, de color rosa pálido, cuya única particularidad; es la de tener la forma, de los tocados, que llevaban las mujeres, allá por el siglo XIII
La verdad es que se trata, de cuatro jovencitas, encantadas, convertidas en flores
Esta es su historia
Corría el año 1264; la fecha es aproximada, Luisa; Lourdes, María, y Crisanta, eran cuatro jovencitas, pertenecientes a la hidalguía gallega, muy jóvenes, y, muy hermosas, las cuatro eran hermanas, su padre, era D. Braulio de Dornamonte, quien como se acostumbraba, por aquel entonces, ya había pactado sus respectivos, casamientos
Luisa casaría con un noble portugués. Don Ramiro del señorío de Souza
Lourdes con un sobrino del conde de Lemos
María con un noble castellano
Y, Crisanta, menos agraciada, entraría en un convento, para llegar, al puesto de abadesa, porque si algo tenían claro, las jovencitas, y, sus padres, era, que ellas, habían venido al mundo, para ser servidas, y, no a servir
Era por eso, que no tenían compasión, ni de sus criados, ni de los campesinos
Aquel día, era domingo, como siempre, habían escuchado Misa: en la iglesia, que se elevaba, en el lugar, donde, se halla ahora, el Pazo de Meiras; y, regresaban, en carroza; a su pazo (palacio).
Había llovido mucho, y, el suelo, estaba lleno de lodo, y, barro; la carroza, en la que iban, tropezó, con una campesina, que llevaba un haz de hierba, para el ganado; aferrado a su mano derecha, un pequeñín, de unos cuatro años; muy sucio, y, vestido con harapos en la otra mano, sostenía por una cuerda; una vaca, única riqueza, de aquella pobre mujer, y, de su familia.
El cochero, les dijo que tenían que retroceder; para dejar paso, a la mujer, el niño, y, el animal: ya que no había espacio suficiente para la carroza, y, la campesina, no escucharon razón alguna, e insistieron, en que continuase la marcha, fue entonces cuando el cochero, pensó, que tal vez no lo entendiesen, y, no se diesen cuenta del peligro que significaba continuar; así pues les dijo, que la carroza podría herir, o, matar a la mujer, y, al niño, y, aunque fuese un mal menor, a la vaca, que no era tal, puesto que era, su sustento
¿Y, qué pasa, entonces? Fue la orgullosa respuesta, de las cuatro jovencitas: no se pierde nada importante, nosotras somos señoras; y, no vamos a detenernos, para que pase una campesina; es ella, quien por respeto, debe recular; y, darnos paso
El cochero, insistió, en vano, en que lo que pretendían, ellas era imposible, sólo ellas, es decir la carroza, podía, recular; pero ellas no escuchaban, de modo, que no le quedo más remedio que ceder; la carroza estaba a punto de matar a la vaca, la mujer les hizo señales de que parasen; el cochero, lo iba hacer; pero ellas, tomaron las riendas de los caballos, y, les obligaron a seguir, la carroza mato, al pobre animal
En aquel momento, la mujer con los ojos llenos de lágrimas, miro al Cielo, y, ese mismo instante, las cuatro hidalgas, se convirtieron en cuatro florecillas pequeñas, poco vistosas que renacen cada día, en los muros del camino.
El cochero al que al ser inocente, no alcanzo la maldición, llego hasta el pazo, y, contó, que habían sido atacados por unos bandoleros, lo que sucedió en realidad, no se l o hubieran creído, tampoco lo hicieron con la historia que inventó, lo acusaron de ser un asesino, y, de haberse deshecho de los cuerpos
Consiguió huir a Portugal, donde se pierde su historia; por lo que respecta, a Luisa, María, Lourdes, y, Crisanta, siguen convertidas en flores; conservando tan sólo la forma, y, el color del tocado que llevaban.
Hasta el día, en que las liberé de su encantamiento; no importa, sea hombre, o, mujer, que ceda el paso del camino, a quien precise pasar primero, y, en el caso de llevar carga, le ayude con la misma, sin importarle mancharse, y, ponerse perdido de lodo, y, barro, y, al mismo tiempo, tome en su mano, las florecillas, olvidando el orgullo, en ese momento, las florecillas, volverán a ser cuatro mocitas.
Ha pasado mucho tiempo, y, siguen allí, señal de que nadie cedió el camino, o, si lo hizo, no tomó las cuatro flores en la mano
Fin
martes, 18 de febrero de 2014
miércoles, 8 de enero de 2014
La joven de Jerusalén
La joven de Jerusalén
Kareniata, se levanto muy temprano; aquel era uno de los días más felices; por fin habían llegado, su quince abriles, loados fueran; los dioses, en especial, Astarte, la diosa lunar, esposa de Baal, si estaba decidida, a ofrecer sacrificios a la Diosa, no le iba ofrecer, el mayor sacrificio, el de su virginidad, como hacían tantas jóvenes, que se prostituían en el templo, ese don, sería sólo para su esposo. Si, le ofrecería su primer hijo, el primer niño, que naciera de su unión, con Aristarco, si, es que, este un día, se daba cuenta, de que ya no era una niña, si no una mujer; sin saber porque, sintió como un estremecimiento, al pensar en el bebé, que aún no existía, sacrificado, sobre un altar, pero eso era, lo que hacia su familia, lo que habían hecho sus padres, lo que hacían todos los pueblos, era normal, que, a los Dioses, se les diese el primer hijo, lo mismo que se les daban, las primicias de todo, eso, no era ser criminales, el hijo, de esa forma entraba, a vivir con los dioses, y, se convertía, en protector de la misma, se hacía un semi dios, eso no era un crimen.
Sus pensamientos, fueron interrumpidos por unos alaridos, y, el tronar de los cascos de unos caballos, alzo la vista, y, vio todo su pueblo, ardiendo, corrió desesperada mesandose, los cabellos, encontró toda su familia, asesinada, sus dioses, sus imágenes yacían, hechos pedazos por el suelo; se enfrento a un soldado, éste la detuvo por un brazo, y, la increpó, e, insulto, llamándole, perra, e, idolatra, además de asesina de niños; le dijo que Yahvé, su Dios, había entregado su tierra, a su ungido David
Kareniata, quiso saber; quienes eran, Yahvé, y, David, y, por qué les habían hecho aquello; pero el soldado lleno de odio, repitió lo que ya había dicho; ella le dijo, que si su dios, era el único, y, verdadero, también tendría que ocuparse de ellos, que también eran sus criaturas, si es que no había más dioses
Por toda respuesta, el soldado se echo sobre ella, como una fiera, rasgando sus vestidos, y, su inocencia de mujer.
Un mes más tarde; comprobaba que en su cuerpo crecía una nueva vida, pensó en librarse de ella; pero una fuerza interior le decía, que aquel hijo debía nacer, si tendría a su hijo, no iba matarlo, de pronto sabía, que era un crimen, lo que hacían en los templos al sacrificar a los bebes, estaba segura de que sólo había un Dios, el Dios de los invasores de su pueblo, sabía que, Él, no estaba de acuerdo con lo que aquellos brutos hacían en su Nombre, por eso, aunque no había abrazado su religión, era ya, el único Dios, que adoraba en su corazón.
Tomo una decisión, su hijo, llevaría un nombre hebreo, Joshua, Jesús, un día, ese nombre lo sentía en sus entrañas, sería un Nombre de Paz, y, de Unión; ella le iba enseñar a amar a todo el mundo, como estaba segura era el deseo de Dios
Fin
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El tañido de la campana
El tañido de la campana
Antonio, se había criado en la aldea, era un buen chico, su madre; lo había enviado, al catecismo; y, después de su primera comunión; empezó ayudar a, D. Ramón; como monaguillo, el buen cura soñaba, que un día; el niño vistiese sotana, , estaba convencido de que Antoñíto, era un niño piadoso, a quien lo que más le gustaba era tocar; “la campana”, y, escuchar su sonido
“Fíjense, parece que habla, les decía, a Don. Ramón, y, a su madre, tanto, el uno, como la otra, solían decirle
“Es que habla, es la voz de Dios, llamando a los hombres, para que vuelvan a casa”
Antonio, Antoñíto, le puso, un nombre a la campana, la llamó, “Sara”.
Llego la pubertad, y, marcho, a estudiar al instituto, allí sus nuevos compañeros, y ciertos profesores, “le abrieron los ojos” y, el joven Antonio, cambio, ya no iba a misa más que si lo sentía, y, como, no lo sentía nunca, pues no iba nunca, su madre aunque en un principio se preocupo, pronto dejo las preocupaciones, “ ya ira” se decía, además muchos no iban a Misa, y, eran mejores que, los que acudían a diario
Don Ramón, no estaba de acuerdo, pero sabía que lo único que podía hacer, era rezar, y eso, no dejaría de hacerlo.
Al cumplir los dieciocho años, se fue de casa; sin a escuchar las lágrimas de su madre, era mayor de edad; y, haría lo que le diese la gana.
Se fue, y, se convirtió, en un asesino, en miembro de una maldita banda armada
Cada vez que su madre, oía la radio, ó, que D. Ramón, leía en el periódico, un atentado, un asesinato de aquel grupo terrorista, en el que militaba Antonio, temblaba; lloraba, y rezaba.
Un día, aquel grupo, cometió una carnicería, y, la policía los cerco, Antonio, logro escapar, y, refugiarse en la aldea, parecía más una fiera que un ser humano
Llego, a amenazar de muerte, a su madre, y, al no atreverse, se fue a la iglesia; el viejo cura, trato de convencerle de su error, pero las fieras no razonan, y, Antonio era una fiera, disparo sobre el anciano sacerdote, al punto sonó la campana; Antonio, vio horrorizado, lo que había hecho, el bueno del cura, encharcado en su propia sangre, le dijo; “si estas arrepentido de tu vida, si amas a Dios, puedo darte la absolución, y pedirte; pidas por mí”
Con voz temblorosa, respondió lo estoy, pero no puede haber perdón; para mí; he cometido tantos crímenes.
Dios es amor, no lo olvides.
Antes de marcharse a la morada de los justos, el viejo cura perdono, en el Nombre del Dios Trino, a su oveja perdida, y, murió feliz de haberla traído al redil.
La campana seguía sonando, y, el joven, quiso averiguar el motivo, ver quien podía, estar tocándola; subió a la torre, “nadie la tocaba”; es más ni tan siquiera se movía, sin embargo sonaba, así que trato de ver la causa, trepo un poco más arriba, resbalo y se precipito en el vació, pero fue la sensación de un instante, porque de repente se vio niño, con las ropas de monaguillo, y, á D. Ramón, un cura joven, que le decía ven vamos a nuestra casa, a la casa de Dios.
Al día siguiente los periódicos publicaban este titular.
“Ayer, después del asesinato, del párroco de la aldea de Cervero, el terrorista Antonio, se suicido arrojándose al vació.
La gente del pueblo, lloro al cura, y, por respeto a la madre de Antonio callo, lo que pensaban de éste; su madre lloro, y, se desespero, pues pensó que su hijo, había muerto, como un “maldito”
Pero aquella noche, la campana, sin que nadie la tañese empezó a tocar; “a gloria” y, la buena mujer, comprendió la verdad, que Dios es Amor, y, hace lo imposible, por traer sus hijos a su casa
Fin
El Sol siempre vuelve aparecer
El sol siempre vuelve aparecer
Ramón; había quedado, con su amigo Juan, en la terraza de un café, este llego al cabo de unos cinco minutos, y, al cabo de un rato, hablando de cosas intrascendentes, el semblante de Juan, se nublo, y, dijo, muy serio, que la vida, no tenía sentido; que Dios, lo había abandonado, su vida, era un continuo sufrimiento; Ramón, trato de consolarlo, en vano, así, que desvío, el tema, de la conversación, y, lo invito, a ir el fin de semana, a su chalet de la sierra
El sábado llego Juan, al chalet de su amigo
A la mañana siguiente, Ramón, invito, a su amigo, a dar un paseo, y, fijarse en el sol.
¿Ves el sol? Sin él no habría vida, aunque lo desconozcan plantas, y, animales, no pueden vivir sin él
No, te entiendo, respondió, Juan de mal humor.
¿Qué, piensas que tengo 5 años, para sacarme al campo, a las 6 de la mañana y, hablarme del sol?
Ojala tuvieses, 5 años, si te he sacado para que veas el sol.
¿Y, me digas, si la vida podría subsistir, sin él?
No, claro que no.
¿Contento? Respondió más enojado que antes
El tiempo siguió su curso, a los cinco días, el tiempo, cambio, amaneció, un día lleno de nubarrones, y, también esta vez, Ramón; invito a Juan a mirar al cielo
¿“Ves?. No se ve el sol, da miedo mirar las nubes; pero tú, y, yo, sabemos que el sol, sigue, ahí, pues la vida sigue, y, sin el sol, no habría vida.
¿Entiendes?
No, dijo, pero si entendía; aunque el nubarrón de la calumnia; lo había dejado en la calle, y, luego el viaje, en el que por su conducción temeraria, debido al disgusto al verse echado de la empresa, por malversador cuando era falso, y, todo por la calumnia de un miserable, sin aquella conducción temeraria, no habrían muerto su joven esposa, ni el hijito su primer hijo, que iba en sus entrañas, no él no veía el sol, por más que Ramón, insistiese, en su vida, sólo había nubarrones, que no saldrían nunca
Al día siguiente, Ramón le hizo reparar en un pequeño rayito; que se iba abriendo camino; entre las nubes ayudado por el viento; allí, estaba el sol, siempre aparece
Al cabo de cuatro meses, Juan regreso a su casa.
Ya hacía varias semanas que Juan, había vuelto a la ciudad, se había ido tan sombrío como llego; el esfuerzo de Ramón, había sido en vano.
Por eso, le extraño, que lo llamase por teléfono, para decirle, si no le causaba molestias, ni a su señora, ni, a él, que fuese pasar otro par de días, con ellos, con ellos, pues tenía, algo muy importante, que decirle.; Ramón, y, su esposa, aceptaron encantados
La persona que llego, era otra completamente distinta, un hombre alegre, cuando Ramón, le pregunto la razón de tan importante cambio, le dijo; tenías razón empiezo a ver el sol, Ramón entendió y, trato de averiguar, pensando sin duda que su amigo, había encontrado otro amor
No, Ramón, no me he enamorado, pero he descubierto muchas cosas, gracias a aquellas calumnias, supe que sólo tenía, un amigo, tú, la muerte de mi esposa, y, mi hijito, ó, hijita, evitaron una joven viuda; y, un huérfano, porque hoy el médico me ha dicho, mejor, me ha confirmado que padezco un linfoma canceroso, y, me quedan, a lo sumo cuatro meses de vida
Ramón, avanzo hacia su amigo; pero este lo detuvo, no, no quiero consuelo, no lo necesito, sólo unos meses y, volveré abrazar a mi esposa, conoceré a mi hijo; y, veré, El Sol, el verdadero, Sol, sin quemarme, ó, mejor, quemándome en su Amor, si hoy el viento de Dios, ha barrido mis nubes, gracias, amigo.
Han pasado, cinco meses, Ramón, y, su esposa, asisten a un entierro, están alegres en su dolor, es el entierro de Juan, y, el Sol, como no podía ser menos, luce en todo su esplendor.
Fin
El sábado llego Juan, al chalet de su amigo
A la mañana siguiente, Ramón, invito, a su amigo, a dar un paseo, y, fijarse en el sol.
¿Ves el sol? Sin él no habría vida, aunque lo desconozcan plantas, y, animales, no pueden vivir sin él
No, te entiendo, respondió, Juan de mal humor.
¿Qué, piensas que tengo 5 años, para sacarme al campo, a las 6 de la mañana y, hablarme del sol?
Ojala tuvieses, 5 años, si te he sacado para que veas el sol.
¿Y, me digas, si la vida podría subsistir, sin él?
No, claro que no.
¿Contento? Respondió más enojado que antes
El tiempo siguió su curso, a los cinco días, el tiempo, cambio, amaneció, un día lleno de nubarrones, y, también esta vez, Ramón; invito a Juan a mirar al cielo
¿“Ves?. No se ve el sol, da miedo mirar las nubes; pero tú, y, yo, sabemos que el sol, sigue, ahí, pues la vida sigue, y, sin el sol, no habría vida.
¿Entiendes?
No, dijo, pero si entendía; aunque el nubarrón de la calumnia; lo había dejado en la calle, y, luego el viaje, en el que por su conducción temeraria, debido al disgusto al verse echado de la empresa, por malversador cuando era falso, y, todo por la calumnia de un miserable, sin aquella conducción temeraria, no habrían muerto su joven esposa, ni el hijito su primer hijo, que iba en sus entrañas, no él no veía el sol, por más que Ramón, insistiese, en su vida, sólo había nubarrones, que no saldrían nunca
Al día siguiente, Ramón le hizo reparar en un pequeño rayito; que se iba abriendo camino; entre las nubes ayudado por el viento; allí, estaba el sol, siempre aparece
Al cabo de cuatro meses, Juan regreso a su casa.
Ya hacía varias semanas que Juan, había vuelto a la ciudad, se había ido tan sombrío como llego; el esfuerzo de Ramón, había sido en vano.
Por eso, le extraño, que lo llamase por teléfono, para decirle, si no le causaba molestias, ni a su señora, ni, a él, que fuese pasar otro par de días, con ellos, con ellos, pues tenía, algo muy importante, que decirle.; Ramón, y, su esposa, aceptaron encantados
La persona que llego, era otra completamente distinta, un hombre alegre, cuando Ramón, le pregunto la razón de tan importante cambio, le dijo; tenías razón empiezo a ver el sol, Ramón entendió y, trato de averiguar, pensando sin duda que su amigo, había encontrado otro amor
No, Ramón, no me he enamorado, pero he descubierto muchas cosas, gracias a aquellas calumnias, supe que sólo tenía, un amigo, tú, la muerte de mi esposa, y, mi hijito, ó, hijita, evitaron una joven viuda; y, un huérfano, porque hoy el médico me ha dicho, mejor, me ha confirmado que padezco un linfoma canceroso, y, me quedan, a lo sumo cuatro meses de vida
Ramón, avanzo hacia su amigo; pero este lo detuvo, no, no quiero consuelo, no lo necesito, sólo unos meses y, volveré abrazar a mi esposa, conoceré a mi hijo; y, veré, El Sol, el verdadero, Sol, sin quemarme, ó, mejor, quemándome en su Amor, si hoy el viento de Dios, ha barrido mis nubes, gracias, amigo.
Han pasado, cinco meses, Ramón, y, su esposa, asisten a un entierro, están alegres en su dolor, es el entierro de Juan, y, el Sol, como no podía ser menos, luce en todo su esplendor.
Fin
La nube
La nube
De todos los seres creados por Dios, había uno, al que no le gustaba, “ su papel”, era la nube; se, quejaba de que mientras las estrellas, y, los demás seres serían, admirados, ella, tendría que morir, y, nacer cada día, y, los humanos, y, hasta los animales, cuando lloviese, sobre ellos, se enojarían; El Creador, le dijo, que gracias a ella, la tierra daría sus frutos, hombres, y, animales, calmarían su sed, estarían limpios, amen de que los ríos, no se secarían, que tenía, una misión muy importante, la nube, no estaba de acuerdo, pero no le quedo más remedio que aceptar.
Paso el tiempo, que aunque sea muy largo para los humanos, para las nubes, es siempre como un sueño, muy corto, y, un día, en un monte, vio a un hombre, al que habían crucificado, y, que se moría de sed, le dio mucha pena, y, aunque al; “llover”; se moría, derramo toda su agua, sobre el pobrecito; calmando en lo que pudo su sed, éste la miro con sus ojos, ya velados por la muerte, y, le dio, las gracias.La nube, era consciente, de no ser un teólogo, pero, tuvo la plena seguridad de que el crucificado, era su Creador, aunque eso, fuese una locura
Cuarenta días más tarde, oyó, que, la llamaban, era el Hombre, que había visto crucificado, y, estaba vivo, se alegro mucho; el Hombre, que era, Jesús, le pidió un favor, después de decirle, que estaba en lo cierto, era su Creador; el favor, era, que lo acompañase en su entrada en el Cielo, la nube, accedió encantada, de poder servir, a su Creador; y, comprendió para que había sido creada.
Fin
El tío Juan
El tío Juan
Ana, y su esposo, habían recibido, carta, del tío Juan, de Argentina, les anunciaba su regreso, para vivir con ellos; era hermano, del padre de Ana; se había ido, muy joven, al país sureño, y, tenía importantes negocios; en más de una ocasión les había ayudado económicamente, sin pedir nada a cambio, sobre todo, cuando, Luis, el esposo de Ana, fue despedido, y, pensó abrir un pequeño negocio, los bancos no le dejaban el dinero, el tío Juan, se lo regalo
Para Ana, el regreso de su tío, sólo podía ser una buena noticia, por fin dejarían de ser pobres, podrían codearse con la alta sociedad, y, mandar a sus hijos, a los mejores colegios
Cuando sonó el timbre, fue abrir a toda prisa, allí estaba su tío, pero no era lo que aguardaba, volvía arruinado, vestido como un mendigo.
Lo invito a pasar a la cocina, y, dejo muy claro, que no podía quedarse con ellos, no tenían sitio, lo mejor sería que fuese a la residencia que regentaban las monjitas, y, debería irse, ya, porque esperaban gente importante, y, no quería que viesen que un mendigo estaba de visita en su casa, añadió, un, “¿Usted, me comprende, verdad?
Juan, no, dijo nada, salio llorando
Pero alguien lo había visto llamar, ese alguien, era, Luisa, la vecina de Ana, sabía que esta esperaba a un tío de argentina, pero no lo relaciono, con el mendigo; pensó que sería un pedigüeño, pero al ver que salía llorando, se intereso, y, Juan le contó lo sucedido, disculpando a su sobrina; entonces Luisa, lo mando pasar al interior de su casa, le dijo que podía quedarse con ellos, sabía que su marido, no se opondría, y, en efecto, Marcos, el esposo, llego enseguida, y, confirmo lo dicho, por su esposa; hasta los niños, le insistieron, Marcos le dio un traje suyo, y, le dijo que si quería podía tomar una ducha, a lo que accedió encantado
Fue entonces, cuando, Juan, tomo su móvil, e hizo una llamada, les sorprendió, que un mendigo, tuviese un teléfono que debía costar mucho dinero, pero no dijeron nada
Dos horas más tarde, sonaba el timbre de la puerta, Luisa, fue abrir, allí estaba un señor, con unos maletines, y, una carpeta, preguntando por D. Juan, Juan, al escuchar le dijo, a Luisa, deje lo pasar sin miedo, es mi abogado, el notario esta al caer; Luisa no entendía nada, pero pronto lo comprendió, Juan, no era un mendigo, al contrario era un hombre muy rico, pero no quería dar su dinero a quien no lo merecía, por eso, había montado aquella comedia, ahora sus herederos, serían Luisa, Marcos, y, sus hijos, pero ya iba empezar por poner varias propiedades a su nombre
No, es que tuviese nada, contra Ana, pero seguramente estarían con gente importante, y, no era cuestión de molestarles
Fin
domingo, 17 de noviembre de 2013
El dragón de Pepito
El dragón de Pepito
Pepito, estaba de vacaciones, en la casa de sus abuelos; era un niño muy imaginativo; le encantaban los animales, sobre todo, los que podía recoger en el campo
Era muy bueno, los trataba, con cariño; su abuelita, le había dicho; que no debía maltratarlos.
La familia de Pepito, se reunía, junto al fuego, del hogar, de la cocina, allí, la abuelita, contaba historias de duendes, y, de dragones.
El domingo, después de Misa, Pepito, fue jugar al campo, y, encontró, un dragón, un dragón que echaba fuego, por la boca, nuestro amiguito, sintió deseos de lanzarle piedras, no lo hizo, porque recordó, el consejo de su abuelita, aunque tenía, su dudas, porque el dragón, no era un animalito inocente, eso pensaba, nuestro amigo; y, lo que sí era cierto, que a él no le había hecho ningún daño, así que no tenía motivo para apedrearlo.
Le pregunto, porque era tan malo; el dragón, le respondió, que no era malo, que era un dragón, o, sea distinto, Pepito, le dijo que sí, que era malo, porque hacia cosas malas, como echar fuego por la boca, el dragón se defendió, diciendo que lo hacía, por ser dragón, no para hacer daño, ni asustar a nadie, que cada uno, es como es; entonces, Pepito, tuvo una idea, y, le dijo al dragón que usase su fuego, para calentar a la gente; el dragoncito, dijo que lo había intentado, pero la gente, le tenía miedo, nuestro amigo insistió, en que no se diese por vencido, y, lo intentase de nuevo.
El dragón, prometió hacer, lo que estuviese en su mano, para ayudar a los campesinos; y, Pepito, lo, llevo a su casa, al dragón, no le parecía una buena idea, sabía que a sus papás, no les iba gustar; pero Pepito, insistió en que no se enfadarían; así que llevo el dragón a su casa, y, lo dejo en su habitación, cuando lo vio su abuelita, se enfado, le dijo, que la habitación no era un zoo, y, que no lo quería allí, Pepito, le dijo que lo dejase estar que era un dragón, de los que echaban fuego por la boca, pero que estaba arrepentido, y, ahora, iba ser bueno; aunque lo mejor sería no enfadarlo. De pronto llego el papá de Pepito, y, el niño después de abrazarlo, le mostró el dragón; su papá le dijo que obedeciese a su abuela, que lo sacase fuera al jardín, que si quería le podía dar comidita, lechuga, verduritas, en casa, no sería feliz; y, que no era un dragón, si no una lagartija, aunque si lo era su nombre en latín; Pepito acepto, porque era obediente, pero si dejo claro, que era un dragón; como su padre insistía en que era una lagartija, no replico, era un niño educado, y, sabía que los mayores, a veces no comprenden las cosas, así que tomo su dragón, y, se lo llevo a una pequeña cueva.
Lo que nadie, se explicaba, a partir de aquel día; era; como los pobrecitos campesinos, los que no tenían, leña para calentarse, al llegar a casa, encontraban el fuego encendido, nadie se lo explicaba, nadie, salvo Pepito, y, su dragón, que por fin, había aprendido a usar, su fuego para hacer el bien
Fin
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