martes, 26 de junio de 2018

Felicitación


Felicitación

Se aproximaba la navidad, aunque hacía mucho tiempo, que a Claudia no le importaba, no le decía nada, si llamaba a sus conocidos y familiares, pero por costumbre, nadie la invitaba, bueno lo hacían por cumplido, y, por lo mismo ella rehusaba

Claudia era una alta ejecutiva, de vuelos en primera clase, soltera sin hijos, pudo ser madre, pero lo soluciono a tiempo, decía con un deje de cinismo, aunque no sabía porque lloraba al ver una mujer embarazada, con un bebé, o un simple muñeco

Había sido creyente en tiempos ahora no, eso era lo que decía, aunque nunca dijo, porque entonces ese miedo atroz a la muerte, y, porque lloraba a solas en su casa, de noche aferrando la almohada llamado a Dios

No ponía nacimiento, si un pequeño y ridículo abeto con bolas de material recicable, y, un pequeño misterio al que no daba más importancia que a otras figuras

Su comida tampoco era especial porque ya lo  era siempre, y, además ella no tenía nada que celebrar

Aquella mañana la portera le subió el correo.

Se puso a revisarlo con calma, la mayoría eran facturas del banco, pero entre todas  destacaban dos sobres, de sendas empresas una de material tecnológico, y, otra de una empresa de alimentación, de ambas era buena cliente

Abrió la que provenía de la empresa de tecnología, era una postal de navidad. Bajo un cuadro gris, una pareja sentada en un banco de dos cuerpos sin mirarse, clavaban sus ojos en un lejano abeto, y, un papá noël  colgado del mismo, en el pie de la postal un texto

“Computercoxer.com”, Le desea unas felices fiestas, y, un próspero año
No supo porque pero sintió un nudo en el estómago, la postal hubiera valido lo mismo, para dar el pésame. Era una postal triste, amargada.  No pudo evitar recordar las felicitaciones de su infancia, con aquellos niños, ahora era una navidad sin niño, y, eso es imposible

Tomo la carta de la empresa de alimentación

En principio era como todas,  le agradecían el haber podido contar con ella como cliente, como amiga tantos años, pero de pronto había algo distinto, algo inaudito, en una carta de publicidad

Le decían que no podían felicitarle las fiestas, porque recordaban a todos los que no tenían que comer, aunque ellos gracias a personas como ella, pudiesen paliar en parte ese mal, no dando limosnas, sino creando puestos de trabajo, y, después si, haciendo donaciones a proyectos justos, nunca lo hemos dicho, porque queremos que usted compré nuestros productos por su calidad, no  porque demos el 1, 4, o el 40% a  obras solidarias,  eso es asunto nuestro particular, lo suyo es pagar por la calidad, y, si se lo comentamos ahora es porque la consideramos una amiga, no para pedirle nada, ni interceder por nadie

No sabemos si es usted cristiana, o de otra religión, o si es atea o agnóstica, ni, nos importa, pero nosotros si somos cristianos, bueno los fundadores de la empresa, porque ahora hay de todo

Por eso, nuestros deseos son los mejores para usted y los suyos, pero como no hay fiesta que celebrar y no sé si usted celebra la Navidad de Aquel Niño, pues si le deseo un buen año

Lo que si vamos hacer es no creo que le moleste mandarle, una vieja postal con el deseo de que si No lo encontró lo encuentre, si lo tiene no lo pierda

Atentamente

Finaba la empresa

Claudia siguió mirando había una postal como las de antes, una mujer joven, con un hombre a su lado, abrazaba a un bebé, mientras unos rayos de luz iluminaban unos haces de paja, y, unos animalitos parecían sonreír

No pudo evitar unas lágrimas, pensó en su pequeño, al que no llego a abrazar, porque ella misma lo asesino

Beso la postal con la inocencia que lo hacía de pequeña, pidió perdón desde su corazón, y, se supo perdonada

Al otro día, tenía cosas que hacer

Primero iría a confesarse

Luego preparar una Navidad por todo lo alto, compartiendo con los que no tenían, incluso haría una donación aunque no se la pidieran a la empresa de alimentación que le había conducido a Él

Iba ser la mejor Navidad de su vida

Porque Él acababa de nacer para ella, gracias a una Felicitación de Navidad

Fin







domingo, 24 de junio de 2018

El Zar ( una historia de amor)


El Zar (relato de amor)

Esta historia transcurre hace mucho tiempo, por aquel entonces en Rusia, reinaban los zares, pero hubo un territorio, que dicen se escindió de Rusia, el nombre no lo busquéis en los libros, ni en los Atlas, porque  ya no existe
Es por ello que el protagonista de esta historia, el Zar Ciriaquelus, no es conocido

Pues bien S.M.I. Ciriaquelus, era un buen Zar, y, un buen hijo, un buen hombre, lo tenía todo, su deseo mayor era que su pequeño imperio fuera feliz, que todos tuviesen su casa, su huerto,  en fin lo que se tenía allá por el siglo XIV.

En este imperio pequeño, había nobles, campesinos, y, campesinas, y, precisamente, es una campesina, la segunda protagonista de nuestra historia

La campesina, a la que me refiero era una joven hija de campesinos humilde es decir pobre, que todas las mañanas llevaba sus rebaños al bosque, cuando la nieve lo permitía, que daba de comer a las gallinas,  trabajaba en el campo, se llamaba,  Noelia, porque aunque no era rusa, como si lo fuese

Además de los campesinos,  había nobles, no muchos pues el país era pequeño,  estos, unos pocos duques, y, barones se dedicaban a lo que todos los nobles, salvo honrosas excepciones, a vivir del cuento, es decir cazar por vicio, no por necesidad, comer como cerdos, no podían hacerlo de otro modo, ser soberbios con sus criados y siervos, claro también había nobles que lo eran en todo el sentido, y, ahí entra la Duquesa Andresca de Conturata

La noble Duquesa Andresca era una joven que admiraba al zar, era buena con sus sirvientes, odiaba la caza, solo se debe matar para comer, no para extender la piel del animal en el suelo, y, además cantaba como los ángeles, tocaba el arpa, la lira, y, otros instrumentos, era buena amazona, y, apasionada lectora, ella  y el Zar Ciriacus eran buenos amigos desde la infancia. Por todo ello, los Padres del Zar, y, los Padres de La Duquesa, habían concertado su matrimonio, y, este matrimonio concertado, se hubiera llevado a cabo,  porque ambos confundían el afecto que se tenían con el amor.

Pero un día  que salió por obligación con una partida de caza, su caballo se espanto, cayo en un barranco, unos bandidos le robaron las insignias y lo dejaron mal herido, sin nada que lo identificase

Uno de los perros de la campesina Noelia lo descubrió, con ayuda de los padres y hermanos de la muchacha, lo llevaron a su casa, lo cuidaron sin saber quién era, pues para colmo había perdido la memoria

El caso fue, que el amor, el amor de verdad nació entre los dos jóvenes, mientras se daba al Zar por muerto, entonces no es como ahora, sólo quien hubiese visto un retrato del zar podía conocerlo, y, entre esos no estaba la campesina

Un día recupero la memoria, y, entonces le dijo a la que ya era su amada, debemos huir a otra tierra, mis padres nunca permitirán rompa mi compromiso, y, menos que ellos los padres de mi prometida, no puedo consentir que la nobleza se alce en armas, si nos vamos yo trabajaré en el campo, como tú, y, mi puesto lo ocupará mi hermano

Noelia, no quería que su amado, renunciase al trono por ella, pero cuando vio que no sería feliz en el mismo, acepto huyeron de noche, por montes, cruzaron territorio helado, hasta una aldea donde nadie los conocía, se casaron ante el Pope, pues eran buenos cristianos ortodoxos

Pero un día,  alguien vio, una insignia real, en manos de uno de los hermanos mayores de Noelia, no era nada de valor, y, no se habían percatado de ello, pues eran analfabetos, se trataba de las iniciales del Zar en una de sus camisas interiores, como el joven nunca había llegado a saber quién era, pues se apropió de la camisa, de quien consideraba su cuñado, pero quiso el infortunio, que lo viesen, y, lo denunciaran

Fue juzgado por traición y condenado a muerte, nadie creyó sus argumentos, pero la noticia llego a la aldea donde vivía el antiguo zar, ahora el campesino Ciro, se había reducido el nombre,  y, su esposa la campesina Noelia

Al enterarse, ambos tomaron una resolución se presentarían, y, dirían la verdad, así lo hicieron no les creyeron, pero si aceptaron que el hermano de Noelia no había sido el asesino del zar, sino aquella pareja de campesinos, y, los condenaron a muerte, ambos se preparaban para afrontar la muerte con serenidad, morían por una causa justa, y juntos, eran cristianos creían en la resurrección, no tenían que temer

Antes de la ejecución el reo era expuesto semi desnudo a las burlas del pueblo, a las mujeres en atención al pudor se las libraba de esta afrenta, entonces al desnudar al zar, se oyó una voz entre la muchedumbre, “es mi hijo”, todo el mundo mira quien había gritado, era la Zarina madre, que reconoció, una herida que la partera había hecho sin querer al zar, en su nacimiento al extraerlo del seno de su madre

Ni que decir tienen que fue suspendida la ejecución, se le pidieron disculpas, si querían que fuesen muertos los que lo habían condenado, pero dijeron que no. Ni tampoco el imperio de aquel pequeño país

Por lo que hace a sus padres y hermanos pensaban lo mismo, así que ellos se iban a vivir como campesinos la noble que hubiese debido ser la esposa del Zar los acompaño, ella ayudaría como maestra, y, casaría con el hermano mayor de Nalia, bueno de Noelia, con el tiempo, Rusia anexiono aquel país, y, según dicen se ordenó quemar toda la historia del mismo, para que nunca nadie supiese de su existencia

Por ello hay quien dice, que no es más que una leyenda, pero yo si creo que es cierta, porque el amor no entiende de clases, y lo puede todo.

Fin










lunes, 11 de junio de 2018

La rata

 La rata


Lucía, bajo hasta las cuadras del palacio, acarició a su yegua “Rosada”, “hoy no voy a montarte, amiguita, quiero salir a ver cómo viven los siervos de papá”, a todo esto, Lucía es una joven de  16 años, hija de un señor feudal, un buen hombre,  y, a Lucía le gusta mezclarse con la gente de su pueblo, entrar en las casas, comer con ellos su humilde comida, y, jugar con sus animales, y, eso va hacer en este momento.

Ya en la calle, recorre todos los recovecos, saluda a los campesinos, y, a los aguadores, a los mercaderes, y, observa escondidos en unos matorrales unos ojillos, se agacha para ver que es. Es una rata, una hermosa rata, las niñas de la Edad Media no tenían miedo a las ratas, aun no había razón para ello

El encuentro con la rata
Lucía se agacho y tomo el animalito en sus brazos, era suave lo atrajo hacia su seno, para darle calor, y se dirigió con él a Palacio, entro en la cocina, todos querían acariciar a la rata, llegaron los chicos de las caballerizas, a comer, la rata se puso nerviosa y mordió a Lucía.

En ese momento entro un gato, el animal erizo sus pelos y, se lanzó a perseguir a la rata

La muchacha sus criados y el gato

Lucía, y, sus criados estaban encantados con el animalito, con la rata, hasta que entro un gato, un gato de pelaje negro y blanco, que bufo con los pelos erizados hacia el roedor, hizo ademán de atacarle.
Tanto Lucía como sus sirvientes tomaron piedras para espantar al animal, “fuera, fuera, maldito gato, fuera, eres amigo de las brujas”, el animal escapo, y, Lucía se sintió feliz, había tenido suerte, su rata estaba salvada, ya era tarde iba acostarse


por la mañana a Lucía le dolía mucho la cabeza y la garganta, seguramente se habría resfriado, la cubrieron con mantas para calentar su cuerpo, para evitar que el calor se marchase, bajo sus axilas, y, sus ingles, había dos pequeños bultitos.

Lucía estaba cada vez peor, a los diez días fallecía, y, no solo ella sus criados, su ama, la casa se marcó con una cruz amarilla era la peste, y, la peste llego a muchas otras casas, a todos los que directa o indirectamente habían tenido contacto con ella, o sus sirvientes

Los predicadores hablaban de un castigo del cielo, y, a las pobres no se les ocurría otra cosa flagelarse


Los pobres llenos de supersticiones, con la fe en un dios sangriento, vengativo, justiciero, se golpeaban creyéndose culpables, con sus golpes extendían la enfermedad de unos a otros, los muertos eran millares, las rata la propagaban, pero había casas en las que se aceptaba a los gatos, porque se sabía que Dios los había creado, y, los gatos.

En las casas donde no se echaron a los gatos, la peste no entro, desde entonces la rata fue el enemigo, el gato un animal doméstico, en realidad la pobre rata, tampoco tenía culpa, ni la pulga que transportaba la peste, si siquiera  el bacilo, o el virus causante,  “yesina pestiae”; el culpable lo eran todos, y, no lo era nadie

Pero no era un castigo, castigo por qué, por ser oprimidos,  por ser privados del conocimiento al que tenían derecho, culpables de miseria de falta de higiene

No, nadie ni las ratas tenía culpa de la muerte negra la peste, que no se ha extinguido,  puede volver en cualquier momento

Y, hay dos una física que sólo mata, otra moral que manda al infierno, y, que  está ahora activa

De la primera culpable nadie, de la segunda, culpables todos

Fin.


sábado, 26 de mayo de 2018

mecedora

Mecedora

La vieja mecedora se mecía, se balanceaba sola en el amplio porche, de la casa de campo, nadie se sentaba en ella, estaba tan vieja, que el señor Raijon, había dicho que lo mejor sería tirarla, aprovechando la madera, para el fuego, sobre todo, ahora que era invierno, y, hacía  tanto frío, pero tanto la señora Raijon, como su hija,  la  joven Ruth, se habían opuesto

No puedes quemar la mecedora de la abuela, la mecedora de tu madre, no tienes corazón, había dicho la señora Raijon

El señor Raijon, o mejor dicho, James, como le llamaré desde ahora pues es su nombre de pila, si tenía corazón, pero no creía en las tonterías de su esposa, Mary, y, de su hija Ruth, su madre había muerto, pues que descansará en paz

Sin embargo algo tenía la mecedora, la mecedora de la abuela, porque jamás se habían sentado en ella desde que su usuaria principal, la abuela se quedó un día dormida con su balanceo, con un sueño del que despertó en el Cielo

La madre de Raijon, la abuela de Ruth, era una mujer fuerte, con ochenta años dirigía una yunta de bueyes,  adiestraba caballos, y, montaba como una joven amazona. Había sido mujer luchadora que llego al nuevo mundo, huyendo de la persecución religiosa promovida contra los irlandeses católicos en el XIX, aunque ella no era católica nunca lo fue,  pero si su esposo, y, la esposa decía debe ir, donde va el marido, había luchado en la nueva tierra no contra los indios,  sino contra los que pretendían echarles de lo que les pertenecía, como buena cristiana no estaba con el colonizador blanco, sino con el indio al que  se mataba, y, se arrinconaba

Tuvo varios hijos pero solo sobrevivió James Raijon, el resto murió a temprana edad, o en trifulcas en tabernas, pero gracias a          James fue abuela de Ruth la nieta que llevaba su propio nombre.

Han pasado ya más de 10  años desde la muerte de la abuela Ruth, su nieta la recuerda, mejor dicho la sigue viendo en la vieja mecedora
Cierra los ojos, y, deja vagar su imaginación, es un día cálido de verano, los caballos, y, el resto de los animales beben en el abrevadero

La abuela está sentada en la mecedora,  es un día cálido de junio, los animales pacen en el prado abierto, el perro se pelea y juega con el gato, el gran roble vierte su sombra generosa sobre el porche de la casa, la abuela, está en la mecedora, su pelo completamente blanco, recogido en un moño, brilla con los rayos del sol, a su lado en una mesa tiene su Biblia, su vieja Biblia, a la que acude muchas veces en busca de consuelo, sobre su regazo reposa un ovillo de lana, y, unas agujas de hacer punto, de hacer media en concreto, 4, ayer fueron dos y, de tricotar, porque ayer Ruth, tejió una mantita, un jersey, y, un pantaloncito de bebé, para su vecina, Clara, hoy le está tejiendo, los patucos la criatura nacerá pronto, y, sabe que nadie, estará con ella, la desprecian, porque el padre de la criatura es un piel roja, un indio, que la secuestro, y, del que va tener a su hijo.
Las buenas gentes católicas, como Clara, no entienden porque no pidió ayuda, para poner fin, a un embarazo maldito, Clara se negó, hacerlo sería un crimen, y, la abuela Ruth, está de acuerdo con ella.

De pronto, la abuela Ruth, toma su Biblia, la abre y lee, “Tú formaste mis entrañas, tú me tejiste en el seno materno”
¿Sabes que quiere decir?, pregunta a su nieta, una muchacha de 18 años, que lleva su nombre


La muchacha casi una niña, se la queda mirando, se pone colorada, baja los ojos, “si abuela, creo que es cuando una mujer está esperando un bebé”

No hija, es cuando lleva un bebé en su cuerpo, cuando deja que Dios, forme en ella, a su hijo, porque es Dios, no los padres quien nos da la vida, a todos, también al pequeño de Clara

Pero dicen abuela, que ese niño es fruto del pecado

Todo niño es una bendición hija, todo niño, no importa cómo ni quien sea su padre, nunca lo olvides, y, Clara es muy valiente, muy valiente, pero ahora háblame de ti, pronto cumplirás dieciocho años, seguro que esa cabecita tiene muchos sueños, que algún muchacho se ha instalado a vivir ahí, o tal vez ha bajado más abajo, a tu corazón, pienso en James el hijo del herrero, o en Peter el mayor del Pastor

Yo no tengo sueños, abuela, haré lo que los padres quieran

Bueno, está bien obedecer a los padres, lo dice La Biblia, pero en el corazón sólo manda Dios, y, es de esos sueños de los que  quiero que me hables, ven siéntate aquí a mi lado

Rut, se sentó al lado de su abuela, en el viejo banco de madera, apoyo su espalda contra la balconada, y, cerró los ojos

Oye, que me cuentes tus sueños, no que te pongas a soñar ahora

Si abuela, sueño con una casa como esta, o esta misma, con un hombre bueno como papá, como dicen que era el abuelo, un hombre que no piense que los que son de otro color, de otra raza, de otra fe son mejores ni peores, un hombre que me defienda si me atacan, que me abrace fuerte, que siembre en mi la vida, que me de muchos hijos

Eso último imposible los hijos son don del Altísimo, tu esposo sólo puede sembrar, pero es Dios como en la tierra quien hace que la semilla germine, y, hay alguien concreto en ese sueño

Si abuela, el joven Peter el hijo del pastor, es evangélico como tú, y, eso no gustará a mis padres, ni a los suyos que yo sea católica, pero ni él ni yo, traicionaremos nuestra conciencia, ni desobedeceremos a nuestros padres, si ellos no quieren no, nos casaremos

Solo hay que obedecer a Dios, es decir hay que obedecerle antes que a los hombres, aunque esos hombres sean los padres

Que quieres decir, que si os amáis, y, estáis seguros debéis casaros y, no abandonar vuestra fe, respetarla, mira te voy a contar mis sueños, los que tuve y los que tengo

La abuela puso la labor de punto que estaba tejiendo, y, empezó a hablar mirando a lo lejos, como si durmiera, hablaba de una tierra lejana, de unas gentes que perseguían a otras por ver de otra forma el evangelio, La Escritura

Qué miras, pregunto la nieta

La abuela estuvo un rato sin responder, como si su vista, se hubiera quedado estancada en un punto, luego sonrío, y, su rostro se  transfiguro, se puso en pie como una jovencita, y, dijo

Lo miro a él

¿A quién abuela?

A él, a tu abuelo, no lo ves ahí viene caminando erguido, con su sonrisa de siempre, el ramo de flores silvestres en la mano, me está llamado, tengo que ir a su encuentro

Qué dices abuela, no hay nadie, el abuelo está muerto
No, está vivo, y, es joven, y, yo también soy joven, no ves que soy una chiquilla de 18 años, si, amado mío ahí voy a tu encuentro

Rut, mira a su abuela desplomada en la mecedora, con miedo se acerca y pregunta

¿Duermes abuela?, no hay respuesta

De la garganta de Rut, brota un sollozo, la abuela ha muerto, se ha reunido con el abuelo

Así fue dijo Rut, como murió la abuela, aunque yo sé que hay veces que viene a sentarse a su mecedora, fue una pena muy grande su muerte

No hija, dice la madre de Rut, una dicha vivió su vida en plenitud, y su amado vino a buscarla



Pero tú crees de verdad qué el abuelo, vino a buscarla

Claro que sí, y, ahora nos sonríen desde el Cielo

Por eso, no debemos quemar la mecedora, yo creo, -dijo Rut- que a veces, los abuelos se sientan en la mecedora, y, la abuela más veces todavía, lo sé porque aunque no sople el aire, la mecedora se mece sola, y, a su alrededor hay paz.

De acuerdo  mujeres, dijo James, no quemaré la mecedora de mi madre, me vendrá bien para cuando sea viejo.

Fin


sábado, 17 de marzo de 2018

Locutor

Locutor

A Pedrito  le habían dicho que  los niños no debían tocar las cosas de los mayores, que algunos eran peligrosas, y, él era un buen niño, un niño obediente, pero la verdad es que estaba aburrido, no había podido ir a la escuela por el temporal. En aquella época no te venía a buscar el autobús, sus padres no tenían coche, a no tener no tenían casi nada, o, si tenían mucho, se tenían decía su mamá a su papá el uno al otro. Ahora no tenían a su papá  estaba en la cárcel, por pensar distinto, él no entendía nada, el caso era que su mamá estaba en la cama muy malita, con mucha tos, él había escuchado al médico decir a la vecina que venía a cuidarla, que no se podía hacer nada, la mamá se iba morir, el vio llorar a la vecina, que luego le dijo que era que una motita de polvo se le había metido en un ojo, sabía que era mentira

Estaba triste, su mamá dormía, su hermanita tenía solo 8 meses, llovía fuerte, por eso encendió la radio, se tuvo que subir a una silla para llegar, y cayeron al suelo unos botes que por suerte no se rompieron ni despertaron a la mamá, de pronto escucho.

Una voz en la radio
“Aquí radio “Alegría”, en el dial  456.j, su emisora de la felicidad, hoy está con nosotros el Reverendo, Juan Luis Eleazaro, viene hablarnos de cómo conoció a Jesús, y, como Jesús cambio su vida. Nos acompaña también el Reverendo Padre. D. Miguel Rafael Bibliales, sacerdote católico, que confirma lo que dice su amigo, D. Juan Luis. Jesús cura cuerpos y almas…
Pedrito se puso muy cerca y fue escuchado lo que decían aquellos hombres, solo interrumpidos por el que había hablado primero. A Pedrito le pareció muy bonito, si fuera cierto, aquel señor, aquel Jesús curaría a su mamá, tenía que averiguar dónde estaría, para ello saber dónde estaban aquellos señores bueno, aquellos duendes, porque él sabía que en la radio, quien hablaba, eran los duendes, decidió averiguar donde se escondían

Dónde estarán metidos

Para ello miro por las rendijas de las teclas de encendido, no veía nada, se fue a la cocina, pillo un cuchillo, para hacer un espacio, y, allá van los plomos. Su mamá se levantó pues la despertó el ruido, muy enojada, pudimos arder todos, casi provocas un incendio, eres un niño malo, Pedrito se calló, él no era malo, él solo quería que ella sanase, como antes
“Quería ver a los duendes”, dijo a modo de disculpa, su mamá lo beso, los duendes son cosas de papá, para reírse de ti, ahí no hay nadie, es como cuando hablamos con aboiña de Galicia, por teléfono
¿Es un teléfono?

No, hombre no, es una radio y por ella escuchamos a otros señores que hablan desde otra casa
Pues hablaron de un señor que lo cura todo, te curaría
Ya, otro engañador
No creo, se llama Jesús
¿Y, eso qué, es un nombre como otro?; por qué no habrás escuchado, claro que lo has hecho. No quiero que oigas esta emisora, hablan de cosas que no existen
¿Cuentos?
Peor los cuentos ya sabemos que no son verdad, pero ellos hablan de lo que sabemos que no existe, bueno si hubo hace muchos siglos un tal Jesús, del que esa gente dice que hacia cosas curaciones, y, que las sigue haciendo, pero es mentira, existió, pero no existe, y, no debes oír esa emisora entiendes, un hombre que lo cura todo, es un cuento, solo eso un cuento

Un cuento un hombre que lo curaba todo

¿Y, si fuera cierto, si de verdad aquel hombre pudiera curar a su mamá? Tenía que salir de casa, ir aquel sitio, y pedir que curasen a su mamá, le iba desobedecer, su amigo Luisin, decía que no se podía desobedecer a los papás que era pecado, pero era porque él y sus papas, decían que dios existía, sus papás los de Pedrin decía que era un cuento, y, lo del pecado, lo mismo, así que solo tenía que procurar que no se enterasen y lo castigasen. Decidió volver a encender la radio, a ver si se enteraba dónde estaban, y resulto que estaba hablando un rey, un rey mágico, o mago que debía ser lo mismo

Un rey mágico

Pedrín llego casi extenuado a la emisora, se estaba haciendo el programa de Navidad, en él que “Los Reyes Magos”, respondían las cartas de los pequeños oyentes, aquel día le tocaba el turno a, “Gaspar”; a Pedrín que nunca había visto a ningún rey, no le extraño que Gaspar no llevase barba, ni manto real, sino que vistiese pantalones como su papá, jersey gordo de lana, bufanda a cuadros, a otro niño, si le hubiese extrañado, a Pedrin, no.

Hola, tú eres el rey mágico
Mágico no, Mago,  soy Gaspar, me ves así vestido porque resulta
Pedrin no le dejo seguir, yo sólo quiero saber si eres mágico, tú ropa no me importa
No, soy mágico, soy Mago, soy Gaspar, ya sabes uno de los 3 reyes que llevamos los regalos a los niños buenos, recordando la visita hecha a Jesús

A mí, nunca me trajisteis nada, y, soy bueno
Bueno, a lo mejor se nos extravió tu dirección, dime que quieres y concedido
Seguro
Si hombre seguro, un rey mago no miente jamás
Quiero que mi mamá no se muera, que se cure, tiene una enfermedad muy mala, dicen que se va morir y no quiero. Aquí el pequeño estallo en un sollozo
Vicente García Lobrajo, es decir el rey Gaspar, no pudo evitar que el llanto acudiese a sus ojos, él había esperado, la petición de un tren eléctrico, un coche a pilas, una pistola laser
Se agacho y acarició al pequeño, mira vamos ir a ver a tu mamá, si nos dices donde vives, lo sabemos pero es para comprobar lo listo que eres, Pedrin les dio su dirección
Y, marcho para su casa, iba feliz estaba seguro de que su mamá se curaría

En la emisora dieron por terminado el programa, tenían que hablar de lo sucedido

Ramiro Gutiérrez, no era  solo un locutor, era un hombre bueno, recordaba aunque muy confusamente la muerte de su madre, cuando él solo tenía 6 años, aunque la tía que lo acogió a él, y a sus hermanos los trato con todo el cariño posible, sin embargo él notaba que no era como sus primitos, y no es que lo marginarán, no, incluso lo consentían más, y, tal vez por eso. El caso es que estaba dispuesto ayudar al pequeño Pedrin

Para ello habló con Vicente García Lobrajo, el rey Gaspar, que era médico, y, también tenía buen corazón

Entre todos fueron a la casa de la madre de Pedrín
Al principio la mamá de Pedrin lo negó todo, pero luego estallo en llanto, estaba muy enferma, padecía una enfermedad incurable, mostro al médico su diagnóstico, la cura no asegurada era muy cara, ella, que tenía que trabajar porque su marido no tenía trabajo, no podía pagarla

El locutor y Vicente, el médico se ofrecieron a hacerlo ellos, el médico además de no cobrarle nada, le enviaría una enfermera para que se ocupase de ella y, una señora que le ayudase en las labores de la casa, tampoco le supondría ningún gasto, la estancia en la clínica, cada 2 días

El locutor daría trabajo como recadero al padre de Pedrín, primero iba hablar con un juez buena persona, para que le consiguiese el indulto por buena conducta, no dudaba que ante lo dramático de la situación lo conseguiría

La buena mujer no lo podía creer

Por qué lo hacen
Por usted, por Pedrín un niño valiente, por mi madre dijo el locutor

Pero si no me conocen, ni a Pedrin, si no van a conseguir nada, nunca podremos pagarles

Bueno, dijo el doctor, ya sabe, “hoy por usted mañana por mí, nunca se sabe” no se preocupe, si nos han pagado hace mucho, y, nos pagaron de  nuevo en la sonrisa de su hijo

La mamá de Pedrin acepto, aunque en su interior creía que a los pocos días se cansarían porque nadie hace nada porque sí

Pero no fue así, al contrario a lo ya ofrecido, se añadieron alimentos y ropa para la, bebé, pago del alquiler del piso de los recibos de la luz, del agua y del carbón
No podían comprender tanta generosidad, no los conocían de nada, y, nada podían esperar recibir de ellos que eran tan pobres, y, por una vez  la mamá de Pedrín deseo que existiera Dios, se dijo de existir sería tan bueno, como esta gente que me ayuda sin conocerme, y, entonces sin saber como se echó a llorar pero no de pena, de felicidad de una felicidad tan grande que le reventaba el pecho, pues se había dado cuenta, de que si aquellos desconocidos eran tan buenos, era porque Dios lo era más, pero lo que la hizo aún más feliz, fue descubrir que Dios siempre había estado con ella, en un rinconcito de su corazón, aunque ella no lo supiera

Sabía que su enfermedad era grave, por eso le iba rogar a su esposo le llevase un sacerdote, o la acompañase a la iglesia, daba gracias  a Dios de que sus hijos estaban bautizados, se lo debía a su suegra

Cuando se lo dijo a Pedro su esposo, este se enojó un poco, un comunista como él, aunque lo callase, tratando con curas, pero como era un buen hombre cedió, la mamá de Pedrín recibió los sacramentos, y, hablo a Piedrín la nena era muy pequeña, le hablo de Dios, Pedrín ya lo conocía gracias a su abuela, y, se alegró de que su mamá lo conociese, ahora la mamá de Pedrin se iba al Cielo con su Amigo Dios, Pedro el papá, estaba triste, porque él no creía todavía en el buen Dios, o eso pensaba, si pensaba que no creía, pero el día del entierro de la mamá de Pedrin, amaneció un día muy feo, con mucha lluvia, tormenta oscuro, aunque era verano,  a las 12 del mediodía, no se veía nada todos estaban tristes, muy  tristes, el papá de Pedrín, vestido de negro, con  gafas oscuras para que no se vieran sus lágrimas; con Pedrin  de la mano, y, la bebé al lado en un carricoche, miraba sin saber a donde, sin oír las para él extrañas palabras del sacerdote, de pronto, el cielo se ilumino,  todos miraron al Cielo, Pedrin dijo, mamá encendió la luz, en el Cielo es otra hora, su padre también sonrío, si en el Cielo era otra hora, la del amor y la misericordia, ahora sabía que su  esposa lo esperaba en el Cielo, con Dios
Vamos dijo a Pedrin, mamá nos ve desde el Cielo

Pedrin lloraba y reía, lloraba por su mamá, reía porque sabía que ahora que estaba en el Cielo, ninguna enfermedad le quitaría a su mamá

Fin


jueves, 14 de diciembre de 2017

El Torreón misterioso


El torreón misterioso
Aquel viaje

Era una época difícil, en la que nadie sabía lo que podría suceder, pero todos tenían el miedo en el cuerpo. Había miedo cuando se sentía a determinadas horas, el timbre, o la aldaba de la puerta, en realidad se tenía miedo a todas horas, se hablaba con miedo, y, en esa época Carmen y, Antonio, se casaron, eran dos jóvenes enamorados, él pertenecía a una importante familia bonaerense, muy cercana a los círculos de poder, que ahora habían metido el miedo dentro de las gentes, ella pertenecía a una familia de inmigrantes gallegos, pero ya asentados desde hacía décadas en la nación argentina, a la que amaban como su segunda patria; y, si bien no, se metían en política ni militaban en ningún partido, eran contrarios a las actividades de aquel gobierno

Por eso la familia de Carmen no apoyo, aquel matrimonio, pero Carmen era mayor de edad, nada, pudieron hacer, además Antonio, era cosa aparte, y tampoco podían significarse demasiado

Así pues se casaron en una iglesia sencilla. Y, emprendieron el viaje de novios a España, en cierto modo ambos tenían raíces españolas. España estaba estrenando su democracia, pero aún tenía muy reciente en su mente la dictadura que había vivido, y, ahora sentía cercano, lo sentía el pueblo, la tragedia, por la que estaban pasando sus hermanos argentinos
Naturalmente a unos recién casados, maxime en un hotel aunque sea de provincias no se le hacen preguntas políticas, tampoco las habrían contestado, los tentáculos del mal, son muy largos
En un principio se albergaron en pueblos de lo que entonces era todavía Castilla la vieja,  y, en Castilla la nueva; pero un día, otro huésped del hotel donde se alejaban en un pueblo de Salamanca, les hablo de un torreón misterioso, en él que se decían sucedían cosas, si les interesaba conocerlo él los llevaría
En un principio se negaron, pero luego se dijeron que nada tenía de malo, y, aceptaron
Noche de tormenta
Aquella noche era oscura, negra como si de una película de terror se tratase, el cielo aparecía cubierto de negros nubarrones, que parecían amenazarse mutuamente; aunque era el mes de julio, verano en España, parecía invierno, de pronto comenzó a tronar, los relámpagos  brillaban en el cielo, y. Carmen no pudo evitar un estremecimiento, un sentimiento de pánico la sacudió de arriba, abajo, iban en un coche por una carretera que apenas conocían, sin más luz que los faros de su coche, para visitar un viejo torreón, en una noche de tormenta
Hay pararrayos, supongo, pregunto
Su acompañante se río, con una risa sarcástica, no, claro que no hay pararrayos, es un torreón del siglo XV

Por fin, allí estaba medio derruido
El viejo torreón

Parecía el decorado de una película de misterio, se hallaba enclavado en la cúspide de una  pequeña montaña, bueno llamarlo montaña, sería tal vez exagerar un poco, aunque el acceso al mismo no era muy fácil, y, más en una noche como aquella
En tiempos debiera de haber sido un imponente castillo, pero ahora, solo conservaba en pie, una de las torres, y, adosada parte del cuerpo central, las almenas que en otro tiempo, debían de lucir engalanadas, ahora tenían sus picos medio derrumbados
Las arañas lo habían colonizado
Bien, entramos, dijo el acompañante, vamos no tengan miedo
Carmen iba preguntar si había luz eléctrica, pero le pareció que sería una necedad, asi que opto por callarse y se agarro al brazo de su marido
El acompañante, cuyo nombre aún no he dicho, Rogelio, los miro
Seguramente se preguntarán si hay aquí luz eléctrica, si se lo preguntan pero tienen miedo de hacer la pregunta; pues bien si, se instaló hace un par de años, cuando se rodó aquí una película; pero no creo que funcione ahora, así que he traído varias linternas, y, por supuesto velas y cerillas
Pretende, que pasemos aquí la noche, dijo Antonio 
Sí, quiero que me ayuden a descubrir si aquí suceden misterios
¿Misterios?
Si, ya saben cosas que no tienen explicación racional
Sí, claro que sí, dos tontos como nosotros que han dejado su cómodo hotel, para venir en una noche de tormenta, a ver las ruinas de un castillo en una aldea perdida
Vamos no diga eso, entremos, se animan, ahí tienen sus linternas
Vaya, aquí esta uno de los interruptores de la luz, probemos, por si hay suerte
La hay, tenemos luz, dijo Carmen, quien no cabía en si, del asombro de ver, el suelo cubierto de alfombras, las paredes de tapices, y, lámparas iluminadas, parecía con velas, pero lógicamente era la luz que habían encendido

Luz que se apaga

Carmen comenzó a pasear por el interior, era como si hubiese viajado en el tiempo, pero de pronto, las luces se apagaron, un relámpago brillo en el aire, y, un miedo extraño, un sentimiento de pavor recorrió todo su cuerpo, no tardo mucho en volver la luz, y, ella se fue en busca de su esposo y, del hombre que los había llevado a ver el torreón, no les dijo nada, no quería que se riesen de ella, tomándola por una cría, en una noche de tormenta era normal, que las luces fallaran, afortunadamente tenían linternas, y, velas

Permanecieron un tiempo hablando de historias de aparecidos, y, otras historias similares y de nuevo las luces se apagaron
Vaya, dijo Antonio, otra vez, esperemos que dure menos que la vez anterior, mientras tanto, encendamos nuestras linternas, y, si encontramos un recipiente seguro las velas que hemos traído
Lo hicieron, porque el apagón, parecía ir para largo. Y, aquí hubo algo, que los lleno de miedo, las linternas se apagaron también y, las velas aunque no soplaba aire alguno
Claro que todo puede tener una explicación racional, a las linternas se les acaban las pilas, la batería, las velas pueden estar húmedas
Lo que ya es más difícil de explicar es que unas y otras se encienda de nuevo, sin que nadie les toque, y, que con su tenue luz se vea, no se crea ver, si no que se vea a una mujer con un bebe en brazos paseando, por la parte derruida del torreón por el muro que rodeaban las almenas, como si este aún estuviera allí.

Era una mujer joven, con la melena suelta, que llevaba en los brazos un niño envuelto en una toquilla, al que estrechaba contra su pecho, los llantos del niño cortaban el silencio de la noche; la mujer caminaba descalza, y, no hacía ruido solo el sonar de los pliegues de sus largos vestidos
Los tres la estaban viendo, y, no era una imagen ficticia, de esas que se forman por efectos de la luz, por la sencilla razón de que no había luz, que la luz iba y venía a su antojo; y, era entonces cuando la veían con toda claridad, el color negro de sus cabellos, hasta su rostro triste, sus vestidos que le llegaban hasta los pies, y el llanto del niño que llevaba en brazos, lo malo es que, nadie podía caminar por donde caminaba ella, porque allí hacia siglos que no había nada
Tanto Carmen, como Antonio, como el hombre que los había llevado a conocer los misterios del torreón, eran personas racionales, que no creían en fantasmas, ni aparecidos, pero qué podría ser.
De pronto un grito de mujer, corto la noche, seguido del llanto de un recién nacido. ¡Amado mío, tu hijo y yo, vamos en tu búsqueda, si has muerto no queremos vivir¡
Esto era lo que parecía escucharse, pero no era un murmullo era un grito que hacía estremecer, mientras la mujer seguía caminando sobre un suelo inexistente, pero que en otra época había sentido el crujir de espadas, y, las risas de las damas, de pronto se detenía y se arrojaba al vacío, o eso parecía
Carmen, hizo ademán de levantarse, e ir a detenerla, pero tanto Antonio, como el hombre que los había llevado al torreón, se lo impidieron.  “ Quieta Carmen, acabarías en el vacío, nada esta sucediendo ahora, estamos viendo un hecho del pasado”; yo, tercio, Antonio, creo que tal vez nos echaron algo en las bebidas que tomamos en el pueblo, y, estamos alucinando, seguramente se trate un juego de  luces, bueno seguramente no, fijo, sin duda alguna
¿No cree, que como si fuese una película, el pasado pueda quedar impregnado en los muros que lo vieron?
Mi  querido Felipe, los muros no ven, y, no hay más realidad que lo que podemos tocar
Siento no poder compartir su opinión, respondió Felipe
Mire mi reloj, creo se está haciendo tarde, la verdad la historia que me estas contando, parece más propia de Cuarto Milenio
Mi, amigo bebió un sorbo de cerveza, sonrió y dijo, Tienes razón, de Cuarto Milenio, que por cierto es un gran programa, donde no se teme a la verdad
Si, vale, Carlos, no me vayas a decir ahora, que te crees la historia que me estas contando, porque yo, no, hombre que estamos en el siglo XX
Pues sí, Irene, lo creo pero no he acabado todavía de hablar, si no te importa luego te acompaño en el coche a tu casa, esta oscuro y sé el miedo que tú, la racional tienes a  las tormentas
Vale, pero acaba pronto, que paso con los fantasmas

No voy hablarte de fantasmas, si no de personas de seres humanos que vivieron hace tiempo mucho tiempo, pero un tiempo real. No voy a perderme en detalles históricos te llega saber que allá por el Siglo XIII, hubo un noble castellano, más bien un hidalgo aunque poseía pues lo había heredado un pequeño castillo, el castillo o torreón al que me he referido en la historia, este cuyo nombre que yo sepa no paso a la historia, se llamaba Samuel, era judío converso, bueno era judío disfrazado de cristiano, cuestión de supervivencia, se enamoró de una joven, Raquel, que nunca dejo el judaísmo, ambos decidieron casarse, a él su tutor un nobel cuyo nombre no recuerdo, de acuerdo con los padres del joven Samuel, ya le había buscado esposa, la hija de unos hidalgos cristianos viejos, pero Samuel quería a Raquel, y, se negó a casarse, sus padres y su tutor cedieron con una condición, que Raquel abrazara la fe cristiana, pero Raquel se negó, no podía apostatar. Entonces se lo prohibieron totalmente

Pero ellos se amaban y consiguieron que un rabino, ya te dije que la conversión de Samuel al cristianismo no había sido tal, los bendijera. Ya casados se veían siempre que podían, y, se amaban como esposos, el fruto de este amor fue un niño; niño que Samuel no podía reconocer como suyo, pues ante todo el mundo era un cristiano soltero, un hidalgo soltero que tuvo que ceder, (pues fue amenazado con la muerte de Raquel, y de su hijo) y, casarse con la joven hidalga, Catalina se llamaba, la boda fue como mucho fasto, Raquel vivía por aquel entonces escondida con su hijo en las dependencias del torreón ahora derruidas, desde allí con su hijo en brazos vio marchar la comitiva nupcial, los vio marchar y volver para el banquete, todos los días se asomaba medio escondida a ver, si escuchaba los pasos de su amado, de su esposo, pero este se olvidó de ella y de su hijo, estaba enteramente entregado a Catalina. Cierto día, Raquel los vio partir hacia otro castillo, entonces trepo a lo más alto del muro a los huecos de las almenas, y, cayo con su hijo al suelo, y, se mataron. .los enterraron al no ser cristianos en una tumba fuera del cementerio, aun se puede ver
Qué horror, exclame, y, los argentinos la vieron
Sí, claro, mi padre fue quien les llevo al torreón les contó lo mismo que yo te he contado a ti
Que hicieron
Que hicieron, ahora te lo cuento escucha
Voy a narrarte, como lo estaba haciendo
“Carmen  había quedado sorprendida por la triste historia de Raquel, quería visitar su tumba, el hombre que los había conducido al torreón, es decir mi padre, les dijo que no sería fácil hallarla al estar fuera del recinto sagrado, seguramente habría crecido maleza encima, y, en efecto asi había sucedido, pero la tumba seguía intacta, y, podía leerse o adivinarse el nombre.  Fue entonces cuando Carmen, tuvo una idea
Estas personas, necesitan una Misa
Felipe, les dijo que imposible no eran cristianos
Pero Carmen, era muy terca, dijo que todo hombre pertenece a Cristo, por eso lo sepa o no, es cristiano

Ella solicitaría la misa, sin decir nada más, al fin y al cabo la Misa no era más que el Sacrificio del Calvario, que Jesús ofreció a su Padre por todos, murió por todos
Y así fue, Raquel y su hijo “tuvieron su Misa”
Y, las luces que se encendían, y se apagaban desaparecieron, asi como la figura que parecía caer al vació”

Que bien dije, medio incrédula, de pronto las luces parpadearon, se apagaron y encendieron
Qué pasa pregunto Carlos lleno de miedo
Nada, dijo Felipe hijo; están cambiando la potencia eléctrica en el pueblo, a veces hay estos sustos
Son luces de este mundo

Yo, callé, y, no les dije que había visto  pasar… mejor me callo, ya llego por hoy de misterio
Fin








miércoles, 13 de diciembre de 2017

Vecina



La vecina
La presentación


Me llamo María Istaria, soy egipcia, y madre de cuatro hijos que hacen las delicias de mi corazón, bendigo a Isis todos los días, y, a todos los dioses, me gano la vida, tejiendo telas, y, haciendo panes que vendo en el mercado, mi esposo el padre de mis hijos, fue asesinado en una taberna, no era un borracho, era un buen hombre, cuya alma habrá dado el peso justo, gaste casi todo lo que tenía, para garantizarle la vida eterna
Mi casa tiene un pequeño jardín donde mis hijos, juegan a la salida de la escuela, ya no tenemos faraón, ahora somos una provincia romana, entre nuestros símbolos religiosos, esta una cruz, que no sé porque para nosotros es un símbolo de vida, y, mi abuela decía que un día lo sería para todo el mundo
Vivimos mis hijos y yo, en un barrio muy cercano, al barrio judío, casi todos son exiliados huidos, sin embargo nos miran mal, no dejan que nuestros hijos jueguen con los suyos, nos llaman perros, idolatras, dicen que en la cruz adoramos un símbolo de maldición. No sé cómo se puede insultar a nadie en su casa, en su tierra, ni que culpa tiene nadie, de lo que paso en el pasado.
Incluso una vez en que no sé porque motivo, mi cabra y mi vaca, se habían quedado sin leche, y, fui a pedirles para mi hijo, Antenote, el mediano de 6 años que está enfermo, me la negaron, diciendo que lo que tenía mi hijo, era un castigo que me envía su dios
Que digo yo, su dios, que se ocupe de ellos, yo tengo a los míos

La llegada de los extranjeros

Akenatio, el mayor de 12 años vino corriendo, mamá, mamá, hay gente nueva, extranjeros como los vecinos del barrio judío, algunos traen niños, muy pequeños
Bien, bien, le respondí, pero no me hacía gracia, no me gustaban, por lo que decía mi hijo, eran judíos, siempre con su soberbia de pueblo elegido, siempre echándonos en cara, que los habíamos oprimido, si fue cierto, fue hace mucho así que los egipcios de ahora, no somos responsables
Pero voy acercarme a ver que quieren, hablo muy poco hebreo y arameo, no creo que ellos conozcan el idioma egipcio, ni la lengua que los romanos nos han impuesto, el latín, pero lo intentaré
Fue así, como conocí a María, y, a José

Que niño tan hermoso, su hijo enfermo

Traían con ellos a su hijito casi recién nacido, un bebé flaquito, pero muy hermoso, de esos niños que uno se comería a besos, debía de tener unos cinco, o seis meses de edad, me dijeron que su nombre era Jesús, la mamá se llamaba como yo, María, es decir la amada del Dios Creador, para nosotros la amada de Rha, pero no creo que ella supiese el significado de su nombre, su esposo, un muchacho tímido, se llamaba José,  me dijo que era carpintero en el sentido amplio, eran judíos pero decidieron quedarse en mi propio barrio, ya irían al suyo en otra ocasión es mejor así, dijo José
Se veía que venían huyendo, de qué no lo pregunte, no me importaba
Los invite a entrar en mi casa, mis niños al sentir a un bebé vinieron corriendo a hacerle, “monerías”, de pronto María se fijó en el mediano de mis hijos, en Antenote, el pequeño estaba en su camita apenas cubierto con una sábana, su cuerpo estaba enroscado como si aún estuviese en mi cuerpo, un hilillo de saliva, mojaba su boquita, sus piernecitas no lo sostenían, había nacido sano, pero unas fiebres lo habían dejado así, otras mujeres perdieran a sus hijos, yo, no, yo tuve suerte, me quedo mi hijo enfermo, pero me quedo, por eso, sin saber porque me consolaba ver la cruz
De pronto, María se acercó al pequeño, lo beso, y, me hizo una pregunta
Puedo pedirte un favor
Sí, claro si está en mi mano
Si, esta quiero acostar a Jesús, ya le di de mamar, lo he mudado, y, ahora quiero que duerma un poco
Por supuesto, voy buscar una cuna de mis hijos, ya no la usan
No, eso, si acaso más tarde, ahora y este es el favor quiero que duerma al lado de tu pequeño, de este pequeño
Quieres que un niño sano, duerma con mi Antenote, qué personas sois vosotros
Gente normal como toda, no lo ves
No, no lo veo, pero sea, aunque me da miedo, ni a mis propios hijos acuesto con su hermano
Vamos Dios nos cuida, no hay que tener miedo
Y, así fue como Jesús se acostó, mejor dicho lo acostaron con Antenote

Dos niños juntos

Yo miraba a  mi hijo al lado de aquella criatura sana, delgadito pero sano, y sentía miedo de que mi hijo lo pudiese contagiar, trate de sacar a Antenote pero María, la madre me lo impidió
“No ves, lo contentos que están”
Me dije que era una locura, mi hijo no se enteraba de nada, el otro era casi un bebé, pero de pronto vi, que habían juntado sus cabecitas, y, tenían sus manitas juntas, sentí miedo de que sin querer mi hijo pudiese hacer daño al pequeñín, luego me tranquilice diciéndome que era imposible, hasta que sentí que me llamaban, “mamá, mamá”; pensé en cualquiera de mis otros hijos, pero era Antenote, quería que le llevase ropa, y, le preparase un baño, no quería seguir en la cama, “el bebé ya  duerme, me dijo, mirando a Jesús”, en efecto dormía, y, lo hacía agarrado a nuestra cruz, trate de quitársela como pude, seguramente se habría caído, por suerte los Dioses habían estado atentos,  y, no hubo una desgracia, pero no quería problemas con sus padres no eran como los demás judíos, pero eran judíos, y, para ellos la cruz era una abominación
Con todo esto, no me daba cuenta de que el hijo que me pedía ropa, y, agua era mi Antonete, el que hasta hacía muy poco, no podía ni hablar menos andar, que abultaba menos, o lo mismo que el niño de teta con él que estaba acostado
Sentí un no sé qué, porque supe, que aquel niño, había curado a mi hijo, qué relación tendría con los dioses
Y, decidí preguntarse lo a sus padres, se rieron, ninguno,  mujer, porque solo existe el Dios de Israel, es el quien curo a tu hijo
No les discutí, bendito el Dios que lo había curado, fuese egipcio, o judío
El caso fue que desde aquel día, Antonete no se separaba de Jesús, quien aprendió a dar sus primero pasos de su mano, y, sus primeras palabras egipcias, y, como no, seguía empeñado en nuestra cruz, nunca supe, el porqué
José consiguió trabajo de carpintero, María limpiaba en algunas casas, asistía a los cultos de su religión con su gente, y, también cosía alguna ropa
Sin darnos cuenta, éramos como una familia, aunque nuestra religión fuese distinta
Un día hablando sobre Roma, le dije a José, que detestaba a los romanos no habían hecho más que mal en el mundo
Recuerdo un día, yo había ido a hacer un encargo a José, y, de pronto no sé porque empezamos hablar de lo que estaba haciendo Roma, José me dijo que él no solía meterse en política, que estaba de acuerdo en que los romanos habían hecho muchas cosas buenas, carreteras, acueductos para llevar el agua, pero con otras no estaba de acuerdo, no podía estarlo, las personas solo pertenecen  al Altísimo, no son del emperador, del César, yo asentí dándole la razón, y, añadí imagino que odias a los romanos como yo, como todos
Me miro muy serio y añadió, ¿Odiarlos?, no claro que no, no se debe odiar ni se puede, si odias te destruyes
No me dirás que los amas
Si, los amo, no amo, y rechazo su vida que veo equivocada, pero si a ellos, me dan lastima, y, oro por ellos, mi esposa también lo hace, más incluso que yo, y, eso enseñamos a nuestro hijo
Es decir que según tú, nos explotan, os crucifican nos esclavizan, y, hay que hacerles regalos, y fiestas
No, hay que amarlos, no obedecer sus leyes injustas si nos llevan a desobedecer al Señor
Fue entonces cuando me conto, lo del censo, y, lo que había motivado que llegaran a Egipto; que les ayudaría si viera a un romano en peligro, como lo haría con cualquiera. Yo estaba desconcertad nunca había visto gente así, el odio al enemigo, y, Roma lo era, era casi un mandato divino. Estuve a punto de hacerle una pregunta, sobre lo que opinaba de nuestra cruz, pero preferí no correr riesgos, aunque  un poco rarillos no dejaban de ser judíos, el resto de la vida era normal, Jesús, y, Antenote, al que en casa llamábamos Dimas, era cada vez más estrecho, pese a la diferencia de edad, él que protegía era Jesús a Dimas, no al revés
Cierto día hablando con María, le regale la estatuilla de uno de mis dioses, quería que los protegiera
Me dijo, que no podía aceptarlo, ellos eran pobres en su casa no había lugar para adornos, si acaso  un pequeño jarrón con unas flores, y, la estatua que tú nos regalas solo puede ser eso
Le dije que entendía que para ella, para ellos no fuese un dios
Me miro muy seria, y me dijo, tampoco para ti, solo existe un Dios, Dios, el Dios que saco todo de la nada, que nos protege, que saco a Israel de aquí de Egipto, y, ahora nos trajo a nosotros
La escuche con atención, y, descubrí que María, no era una creyente judía más, era una enamora de su Dios, sus ojos brillaban de alegría al  hablar del
Qué si empecé entonces a creer en Yhv, no, claro que no, yo también tenía historias sobre Ra, Amon, Isis, claro que yo, no amaba a mis dioses, si les rezaba y agradecía, cuando me daban lo que pedía, pero ahí quedaba todo, así pues me limite a escuchar con atención
Al final le dije, ¿Te parece que Rha, no existe?
El sol, claro fue creado por Dios, para alumbrarnos, obedece sus órdenes
Vamos, le dije, que tu Dios es el Dios de los dioses
Mira, así le llamo David nuestro antepasado, “Dios de los dioses”
Sois gente rara, María, un solo Dios, no ves que no podría con todo
Claro que sí, no conoce lo imposible, pero además tiene colaboradores, porque quiere
Si, quiénes, le dije medio en serio, medio en broma
Tú, y, yo, Istharia, tú, yo, todos

Que  buena gente que agradecida

Nunca vi una familia como aquella buena, servicial sin ser servil, no te ayudaba para que les dieses, o si tú les habías ayudado antes, te ayudaban porque veían que lo necesitabas, no solo a mí, a mi familia a cualquiera, no les molestaba mi cruz, bueno a Jesús al peque le encantaba, lo único que no compartían era nuestra fe, ellos iban a su Sinagoga, no comían con nosotros pues no pueden comer algunos alimentos, pero era lo único, bueno, no, hay gente que ayuda, pero jamás pedirá ayuda, se creen una especie de dioses, no era así, con  José, ni con María, y, claro está el niño los imitaba, si precisaban algo, lo  pedían sin pudor alguno, pero si alguien que les debía más de un favor se lo negaba, no lo anotaban, no hacían como hacemos todos, ahora que te precisaba no me ayudaste, pues cuando me precises vas a ver
Jesús y Dimas estaban siempre juntos, se querían como hermanitos, yo soñé que fuese a ser siempre así, pero un día


La despedida

María vino muy temprano a mi casa, al principio pensé que vendría a pedirme algo que precisase, o a traerme un trozo de aquel pastel de moras tan rico, que hacía para los pequeños
Y, si traía  muchas cosas, y, el pastel, por supuesto
Me abrazo llorando
Pasa algo, le pregunte
Estoy contenta, y, triste pero bendito sea Dios siempre
Enseguida me aclaro, que estaba contenta, porque podían volver a su patria, triste por los amigos que dejaba en Egipto
Nos abrazamos, lloramos y reímos un rato
Luego sentadas conversamos un buen rato, como dos buenas amigas. Enseguida llegaron José y Jesús; Jesús quería despedirse de su amigo, de Dimas, de los demás niños también, pero sobre todo de Dimas, le regalo un carro que le había hecho José
Los niños se abrazaron, jugaron, y, Jesús  de pronto miro a Dimas, y, ya se sabe que cosas  tienen los niños
Le dijo, “Hasta pronto Dimas, la próxima vez que nos veamos, te llevaré conmigo a la casa de mi padre”
Ya se sabe, cosas de niños
Han pasado más de 25 años, ahora no creemos en los ídolos creemos en el Dios de Abraham, y, vivimos en Israel, todo iba bien, los hijos se casaron, todos menos Dimas, que enseguida, decidió tomar las armas contra Roma, fue apresado, juzgado y condenado a la esclavitud, pero junto con otros esclavos judíos, al grito de “un judío no sirve a un gentil”, dieron muerte al amo, arrasaron con todo lo que tenía, y, volvieron a los montes a continuar la lucha
Yo a veces pienso que no debí dejar mis dioses, en Egipto, viviríamos en paz, ahora vivo con temor
Hoy me han comunicado que Dimas ha sido condenado a muerte de Cruz, con dos de sus compañeros, a muerte de Cruz, lo que significa que morirá según la fe judía como un maldito
Sin embargo no he podido dejar de olvidar mi vieja Cruz egipcia, esa Cruz que tanto gustaba a Jesús, qué habrá sido del, esa Cruz que para los egipcios era símbolos de vida eterna
Tengo un dolor que me destroza el alma, y, al mismo tiempo no sé porque una alegría inmensa
Mañana será la muerte en la Cruz de mi hijo, y, no sé porque no dejo de recordar la despedida que le hizo Jesús
“Hasta pronto Dimas, la próxima vez que nos veamos, te llevaré conmigo a la casa de mi padre”
Sí estoy segura, que mañana no será día de muerte, si no de triunfo, el día  de La Vida
Fin