jueves, 19 de septiembre de 2013

El Oro


Pinto, el gato llego con una moneda de oro, en la boca, Ana, Carlos, y, su prima Noha, fueron junto a su abuelita Flora, a decirle, que el gatito había hallado un tesoro; la abuelita, les dijo, que de ser cierto, el oro, tendría dueño; y, habría que devolvérselo, porque Dios no quiere, que uno, se quede con lo que no le pertenece.

Al poco rato, llego de nuevo, Pinto, y, como traía, el hocico sucio, vieron que eran de chocolate, lo siguieron, y, había cientos de monedas de chocolate

¿Con, esto, si que podemos quedarnos, verdad abuelita? Dijo Noha

Claro, que no hija, las monedad de chocolate, no nacen del aire, alguien lo perdió, o, se lo robaron, hemos de investigar, e intentar devolverlo, a su dueño, ahora vamos a meterlo, en el frigorífico, para que el calor, aunque no hace mucho, Gracias a Dios, no lo estropee

A la tarde se enteraron, de que D. Abundio el pastelero, había sido víctima de un robo; los ladrones auto engañados, pensando que eran monedas de oro; se habían llevado; todas las monedas de chocolate.

D. Abundio, se alegro tanto, que los invito a muchos dulces, y, aunque no les dio todas las monedas, sí un buen montón; y, a Pinto, el gato, “un súper rico”; que en idioma felino, quiere decir, “miau, mau, marramiáu”; o, sea, más rico que el caviar.

Fin











El enano

El enano
Juan, vivía con sus padres, y, su abuela en una casa, en el extrarradio de la ciudad; muy cerca de su casa, vivía, Alfredo, Alfredo, era un hombre bajito; bajito todo hay que decirlo; para nuestra época, porque si hubiese nacido en otro tiempo, sería todo lo contrario
Pues bien, pese a la diferencia de edad, Alfredo tiene 20 años, y, Juan, sólo 10, se llevaban muy bien; al pequeño le encantaban los juegos, y, las historias que le contaba su amigo; pero los niños del barrio, empezaron a reírse; porque le decían, “eres amigo de un enano”.
Por ello, Juan, Juanito, empezó, poco a poco, alejándose de su amigo; y, Alfredo se puso muy triste, porque se quedo sólo; a la abuela de Juan, tampoco le gusto, lo que había hecho su nieto.

Pasaron los meses, y, un día en que estaba sólo en casa, cayo una vela encendida, con tan mala fortuna, que prendió fuego en una cortina, y, pronto se extendió a toda la casa, el pequeño no podía salir, pues el humo le había nublado los ojos, fuera de la vivienda la gente miraba aterrorizada, pero nadie se atrevía a enfrentarse con el fuego. Todos estaban empequeñecidos de miedo; hasta que de pronto, como de la nada, surgió, Alfredo, y, rescato a Juanito, la abuela le dio las gracias por salvar la vida de su nieto, pero, Alfredo le quito importancia, diciendo, “ cualquiera, lo hubiese, hecho señora”
Cualquiera, no, dijo Doña Dolores, la abuela, cualquiera no, sólo un gigante, como tú.
¿Gigante?, preguntó, Juanito, que ya empezaba a entender
Sí, hijo un gigante, porque la grandeza de las personas, no se mide, por lo que miden sus piernas, si no, su corazón, su alma, en una palabra
Fin


El baúl

El baúl. Relato
Ana, era una niña muy caprichosa, nunca estaba contenta, con nada de lo que tenía, no le gustaban ninguno de sus juguetes, ni siquiera los reyes magos, y, Papa Noel, acertaban con sus caprichos, sólo quería lo que, veía en los anuncios de la televisión.

Con la comida, sucedía lo mismo. Tanto sus papás, como sus abuelitos, le decían, que una niña buena, come, lo que le ponen los mayores en el plato, que pensará en los niños que no tienen absolutamente nada que comer, pero Ana, no hacia caso alguno, con ella, todo era inútil, repetía, no quiero, no quiero, y, no había forma de hacerle cambiar

Lo que si había era una cosa que le encantaba, el baúl de la abuelita dos, que así, llamaba a su bisabuela

Le encantaba disfrazarse, con el vestido que su abuelita dos, guardaba allí, y, como todos los días, aquel hizo lo mismo, abrió el baúl, y, se puso un vestido de niña antiguo, de pronto, oyó que la llamaban

Ana, Ana. Miró inquieta hacia todas partes, no conocía la voz, que la llamaba; tampoco había visto nunca a la señora, que estaba frente a ella; aunque se parecía muchísimo; a una señora que había visto, en fotos viejas, en casa; y, que era la abuelita tres; es decir la mamás de su bisabuela, o, abuelita dos.


De pronto, la mujer, que la miraba fijamente, le dijo:

“Vamos, Ana, no te entretengas más, tienes que llevar la vaquita al campo-.

¿La vaca? Pregunto Ana

Sí, hija, sí, la vaca, y, deja ya de hacer el tonto

¿Quién es usted?

Quien voy ser, tu mamá; anda, que no tenemos tiempo, para perder, y, si eres buena, hoy, tengo una comida, que te gusta; “torreznos” con patatas cocidas

A, Ana, le parecía imposible, pero era cierto; estaba en la época de su abuelita dos, y, tuvo que llevar la vaquita al monte, y, luego ayudar a ordeñarla.

A la hora de comer, la comida tan anunciada, fue, “trocitos de tocino con mucho lardo, y, piel de cochinito tostado en una sartén, y, la grasa sobrante, como aderezo, de unas patatas cocidas; ese era, el premio

Busco sus juguetes, pero no encontró, más que una muñeca de trapo, y, paja, hecha por su papá, es decir su abuelito tres

No había televisión, puestos a no haber, ni siquiera, había radio, y, la cama hacía un ruido insoportable

A las cinco de la mañana, se tuvo que levantar, para dar de comer a las gallinas

Preguntó, por la escuela

Y, su mamá, le dijo que ella no iba a la escuela; los pobres, como ellos, no la necesitaban, iba el domingo, a la iglesia, y, el señor Cura, le enseñaba las letras, y, a sumar, junto con el catecismo, y, eso era suficiente

Aquella tarde, su mamá, la llevó al campo, a lo que ella pensó, iba ser una merienda encantadora, pero la merienda consistió, en pan con aceite,

Poco, a poco, Ana, se fue acostumbrando a su nueva vida, aunque a veces, lloraba todas las noches, como extrañaba, su casa, sus papás, sus abuelitas, la Uno, y, la Dos, que mala, había sido, que razón tenía, su abuelita dos, cuando decía, que ella, sí, que había vivido, tiempos duros, ella no había podido elegir nunca, lo que, quería comer, y, sin embargo había sido feliz, daba gracias a Dios, por el pan moreno, la vaquita, las cinco gallinas, y, el pan con aceite era una fiesta, lo mismo los torreznos con patata cocida

Ana, formuló una oración, que broto del fondo de su alma:

“Señor, si me dejas volver, a casa, a mi casa de verdad, seré una niña buena”

De pronto, escucho, que la llamaban, pero esta vez, era su abuelita dos

Anda, sácate ese vestido

¿Sabes abuelita, estuve en tu casa, cuando eras niña, fue como si yo, fuese tú, conocí a tus papás; tenía que llevar la vaquita al campo; y, comí tocino con patatas, y, no tenía escuela

Anda, déjate de tonterías, vamos a comer, llevas dos horas jugando

Abuelita, llevo años

La abuelita, no le hizo caso; sabía claro esta, que sólo habían pasado dos horas

Pero desde aquel día, Ana, cambio, no protestaba nunca por la comida, todo le gustaba, iba contenta al colegio; cuidaba sus juguetes, y, quería machismo más a su abuelita dos, porque ella sabía, que al ponerse su viejo vestido, había ido a su época, y, había vivido allí un año, aunque los mayores dijesen que lo había soñado, o, imaginado

Ella sabia bien, que no lo había ni soñado, ni imaginado; imaginado sabia que no, ¿Soñar? No lo tenía tan claro

¿Tú, que piensas?

Lo que si esta claro, es que aprendió una buena lección, que no olvido jamás



Fin



As catro frorciñas do camiño ( conto en galego)


As catro frorcillas do Camiño

Nun pequeño pobo da provincia Da Cruña, hai un camiño, corredoira soe, chamalo a xente; que baixa serpenteando entre muros, nos que brotan unhas frorcillas silvestres, o redor de bosque de eucaliptos, e de piñeiros, puis ben, ahi, nese curruncho, medran unhas frores, mellor dito, son catro capulliños, de cor rosa palido, cuia unica particularidade, e, ter a forma dos tocados que levaban as mulleres, a la polo seculo XIII

A verdade e que se trata, de catro raparigas encantadas; en convertidas en frores

Ista e, a sua historia

Corria o ano 1264; a data e, aproximada, . Luisa, Lourdes, Maria, e, Crisanta, eran catro rapazas, perteñecentes a fidalguia galega, moi noviñas, e moi fermosas, eran irmans; seu pai era Don Braulio de Dornamonte; quen como era costume na epoca, xa pactara, os seus respectivos casamentos.

Luisa casaria con un nobre portugues. D. Ramiro, do señorío de Souza.

Lourdes cun sobriño do conde de Lemos

Maria, cun nobre de Castela

E Crisanta, menos agraciada, entraría nun convento; pra,chegar o posto de abadesa, porque se algo tiñan craro as raparigas, e os seus pais, eran que ellas, viran o mundo pra cas servisen, e non pra servir.

Era por iso, quen non tiñan piedade nin dos seus criados, nin dos campesiños.

Aquel día, era domingo, como sempre, ouviran misa, na eirexa que se erguía no lugar, onde se atopa agora, o, pazo de Meiras; e retornaban na sua carroza, o seu pazo.

Chovera moito; e, o chan estaba cheo de lama; a carroza, na que iban topou cunha campesiña, que levaba na testa un fato de herba pro gando; agarrado a sua man dreita un cativo duns, catro anos, emporcado, e cheo de farapos, e, na outra a corda, ca que levaba unha vaca, único ben daquela pobre muller, e, dos seus.

O cocheiro, dixolles que tiñan que retroceder, para deixar pasar a muller, o neno, e, o animal; xa que non había espazo suficente, pra a carroza, e, a campesiña; elas non escoitaron razon algunha, e insistiron en que seguira adiante, foi, cando o cocheiro, pensou, que tal vez non o, entendesen, non se desen conta do perigo que tiña seguir adiante; asi que lles dixo que a carroza, podería ferir, ou, matar a muller, neno, e ainda que fose un mal menor, a vaca, que non era, xa que era o seu pan.


¿A logo qué? Foi a resposta, fachendosa, das catro mociñas; non se perde, ren, nosoutras somos donas, e, non vamos a deternos; pra que pase unha campesiña; e, ela quen por respeto a nos, debe recuar, e, deicharnos paso.


O cocheiro, insistiu, en vano, en que iso era imposible; somentes elas, e decir a carroza, podía recuar; mais elas non escoitaban, amenazarono de forma que non lle quedo outro remedio que ceder, a carroza, atopabase a piques de matar a vacar, a muller fixolles sinais de que parasen, e o cocheiro, iba facelo, mais as catro tomaron a rendas, dos cabalos e lles obrigaron a seguir, a carroza matou, o pobre animal

Enton a muller; cos ollos cheos de bagoas, mirou pra o Ceo, , en naquel intre, as catro fidalgas, trocaronse en crato frorciñas, pequenas, pouco vistosas, que renacen cada día, nos muros do camiño

O cocheiro, a quen non alacanzou, o castigo, porque non teña culpa, chegou, o pazo, e contou, que lles atacaran uns bandoleiros, a verdade, non ya houbese crído ninguén; o, que contou tampouco, e, foi acusado, de ser un asasiño, e de haberse defeito dos corpos.

Consiguiu fuxir hastra Portugal, onde se perde a sua historia, mentras, Luisa, Maria, Lourdes y Crisanta, siguen convertidas en frores; conservando somentes a forma, e, a cor do tocado que levaban


Hasta o día, en que as ceibe do seu encantamento, unha persoa non importa sexa home, ou muller, que ceda o, pasiño do camiño, a quen precise pasar primeiro, e, se leva carga, lle axude con ela, sen emportarle, emporcarse, e tome, as frorciñas na mán; esquecendo a fachenda, nese intre, as frorcillas, volveran a ser as catro raparigas

Pasou moito tempo, e, siguen ali, sinal de que; ninguen, cedeu, o camiño, e, si, o, fixo alguén, non tomeu nan man as catro frores


Fin











martes, 17 de septiembre de 2013

Otty, y Betti, dos cabritillos

Otty y Betti dos cabritillos 

“Blanquita”, la cabrita: que habían tenido que comprar, para la mamá de Cesariño, estaba algo rara, no acudía a jugar, cuando la llamaba su amito, al volver del colegio, también estaba torpe al caminar.

El niño, sospecho, que estuviese enferma, y, se lo contó a su mamá, esta le contó, que “Blanquita”; se encontraba estupendamente, pero que pronto, iba a ser mamá, y, por eso se encontraba un poco rarita, y, añadió; “espero que no la molestes”.

Una semana más tarde; nacieron 2 cabritillos, a los que, Cesariño, puso de nombre, Otty. Y, Bety, porque así se llamaban, unos payasos de un circo, al que su abuelo lo había llevado y, que le habían gustado mucho.

Decidió hacer, de los 2 cabritos, unos auténticos artistas de circo, con el permiso de las dos mamás, la suya, y, la de los cachorros; los “bebes” eran preciosos, Otty, el macho era negro. con una gran mancha blanca en el lomo, y. en la puntita del hocico, su hermana Betty, era blanca como su mamá, pero tenia una mancha negra en el hocico.


Tan pronto empezaron a conocerlo, que fue a los pocos días de nacer; comenzó su entrenamiento, los llamaba, y. les ofrecía un puñado de hierba fresca, pues aún no comían el pan, o, un cuenco de leche, aun que ellos preferían la de su mamá, y, luego les enseñaba a dar la patita, como si fueran perros a saltar por encima de sus brazos, colocaba un taburete, o, banqueta con las patas hacia arriba, y, ellos se ponían encima de las mismas, y, hacían cabriolas.

En unos días ya eran unos artistas, eso si cuando; “mamá cabra”, los llamaba con su balido dejaban, todo y marchaban corriendo, ella los besaba, los lamía, y, les daba a comer su rica leche.


Los vecinos acudían, a ver las piruetas, y, ejercicios que hacían los cabritillos, a todo el mundo les encantaban, y, decían que ni en un circo, se veía c osa semejante.



Un día le dijeron a los papas de Cesariño, que debían de vender, a los cabritos porque ya iban muy grandes, y, era la mejor época, porque la fiesta estaba próxima, y, unos cabritos alimentados, y, también criados como ellos, la gente los pagaría muy bien; a los padres de Cesariño, no les sobraba el dinero, pero tampoco lo necesitaban hasta el punto, de que tuviesen que vender de inmediato a los cabritillos, así que decidieron no, hacerlo, sin embargo a los pocos días llego de visita, a casa Don César, el maestro, y solicito comprar, uno, o, a poder ser los dos para la fiesta, al maestro no podían negarse, le debían muchos favores, y, además en aquella época; al maestro no se le negaba nada era como si lo pidiese alguien muy especial, uno no podía exponerse, a caerle mal, claro que tampoco se lo podían cobrar, para eso tendrían que estar muy mal, y, ya he dicho que no estaban, así que sintiéndolo mucho, le dijeron que se los regalaban, el maestro insistió en pagar su precio, pero la mamá de Cesariño, dijo que no de ningún modo, era un regalo, pero eso si tendrían a, “Otty, y, a Betty, hasta el víspera de la fiesta a lo que el maestro acepto sin ningún problema.

Cuando el niño lo supo, lloro mucho, ya que no ignoraba, el destino que les aguardaba pero no podía hacer nada, quienes mandaban eran sus papas.
Pensó podía hablar con Don César, y, decirle que no los aceptase, pero pronto rechazo la idea; pensaría, que iba de parte de sus padres, así que se resigno.
Procuro, estar el mayor tiempo posible con ellos, y, se prometió consolar a, “Blanquita”.

Más he aquí, que llego el fatídico día, don César llego, a por “los hermanitos”, Cesariño se despidió de ellos llorando, a lo que el maestro le dijo

” ¿Parece que no te gusta que los lleve yo?”

“No es eso don César, yo le quiero a vd; es que les tengo cariño ¿Sabe?.”



El maestro le acaricio la cabeza, y, le dijo que le parecía muy bien, que reflejaba buenos sentimientos querer a las otras criaturas Dios, que podía decirse, que quien no quería a los animalitos, no quería a Dios, que los había creado, la verdad es que al niño, le sonaron raras las palabras, de su viejo maestro, porque él sabia, o, creía saber lo que les iba pasar a los dos borreguitos.
El maestro, se despidió, y, pese a la negativa de los padres de coger dinero , dejo unas monedas para los niños, y, marcho llevando en una cesta, a los dos cabritos, que balaban desesperadamente.
Cinco días más tarde, volvió de nuevo don César,y, hablo con los padres de Cesariño rogándoles, que fuesen con sus hijos hasta la escuela, donde vivía él, pues quería llevarles a un sitio, que les iba a gustar mucho, y, que llevasen también, a “Blanquita” esto los desconcertó, un poco, pues a ésta no la podían vender, pero hicieron lo que el maestro les dijo, y. se fueron todos a su casa, este los mando, subir a su coche, y , los llevo a la villa, y, allí al circo.
Y, allí estaba la sorpresa, “Otty y Betti”; trabajaban como artistas de circo, pronto iban a marchar, a los EE.UU., y, de allí a recorrer el mundo, el maestro de Cesariño, era el que los representaba, pero no tenia pensado, quedarse con una peseta; el dinero que ganasen seria para los papás, del niño que cuidaban a su “mamá;” aunque la verdad la mamá, los cuidaba a ellos; Cesariño, beso a su maestro le dio gracias, le dijo, que era el maestro más guapo, y, bueno del mundo, y que haría lo que él le pidiese siempre, este como es lógico le pidió que estudiase mucho, por fin pidieron ver a los; “dos hermanito” a solas; éstos se alegraron, mucho de ver a sus amitos.

Y, de pronto don César, los tomo en el brazo, hablo con un señor del circo, y, los llevo a su casa en donde había quedado, “Blanquita”, quien se alegro de ver de nuevo a sus hijitos, estos le contaron, que estaban trabajando en el circo, y, que pensaban llegar a ser famosos, como es lógico, y, como hacen todas las mamás, “Blanquita” los animo a ser buenos, y. trabajadores, y, se despidió de ellos.

Tal vez penséis, que todo esto fue un truco del maestro, para engañar a Cesariño; y, que este no sufriese por los dos animalitos, y, que la suerte de éstos habría sido la de sus congéneres; así lo creyeron también, los padres de éste.
Pero el día, de la fiesta, don César, que estaba viudo acudió a comer, a una casa de comidas con su hija tenia una niñita, lo que no tendría mucho sentido si les hubiese dado el destino que todos , excepto Cesariño suponían.
Pasaron dos años, y, don César les mando, una invitación para ir al circo, un circo muy famoso, que iba estar unos días en Ferrol, él se ofrecía a llevarlos a todos en su coche, y allá se fueron, y ¿Qué paso?, pues que, allí estaban con los mejores artistas, “Otty, y Betty”; Cesariño se alegro mucho. Y, pidió verlos, entonces se entero de que “Betty, ya había sido mamá, o sea que” Blanquita era abuela”.

Así concluye la historia de los, 2 cabritillos, que seguro que triunfaron mucho pues estaban en una tierra, en donde ser el primero, es una obligación, aunque lo importante, como decía Cesariño, al ser mayor no es ser el primero, si no ser bueno, y, no olvidar que siempre habrá, quien sea, o, sepa más que, uno, ah, y, por supuesto amar siempre a los animalitos, que los hizo Dios, y, después de las personas deben ser lo primero.

jueves, 12 de septiembre de 2013

El hombre rico



Él hombre rico 
Se llama Salomón; y, es muy, muy rico; en eso si se parece, al viejo rey judío, pero sólo en eso; bueno, que él también es judío, pero en nada más.
Salomón, sólo piensa en una cosa, en tener, y, tener cosas, para ello, no duda si es preciso, en hacer lo que sea; entiéndase bien; Salomón, no es un ladrón; ni un hombre que, incumpla sus deberes religiosos, pero; sabe andarse, con tiento.
Él paga, los diezmos, para el Templo, como ordena, la Ley, pero procura que se de el diezmo justo; ni centavo de más, de menos tampoco, pero de más, nunca.
Salomón, da limosnas, lo mando Moisés, pero Moisés, no indico, las veces ni las cuantías, pues se contenta con dar, 1 ó 2 centavos, una vez al año.
Tiene pocos amigos, bueno en realidad, ninguno; ni siquiera falsos, ya que estos, se suelen acercar; esperando obtener algún tipo de beneficio, y, Salomón, no esta ni para perder tiempo, que tiene que invertir, en sus negocios, ni menos dinero; “hay que ahorrar”; repite una, y, otra vez.
Tampoco tiene familia; sus padre fallecieron, y, sus hermanos, y, hermanas apenas lo visitan; al principio lo hacían, pero vista, el hambre que, les hacía pasar; y, que los ponía, a trabajar todo el día; y, los trataba, como esclavos; decidieron; dejar al; “hermanito”; con sus cosas.
A veces, aunque pocas visita, la taberna; casi siempre, para contratar personal para sus múltiples haciendas; le es difícil encontrar; “porque en este mundo; no hay más que vagos; (es decir gentes que no quieren trabajar gratis).
Cuando consigue, alguno suele ser un desesperado, que le trabaja casi por un trozo de pan; no, no vayáis a pensar, que les da a sus operarios, o, jornaleros sus obras; nada de eso; comen como él; lo que, sucede, es que, él apenas come.
No tiene esposa, aunque se enamoro, de una joven muy bella; Raquel pero tiene tiempo de casarse, “Lo primero es hacerse un porvenir”; “llenar los graneros de trigo”; “llenar las dispensas”; y, cuando tenga aceite, mosto, trigo, cebada, fruta, dátiles, carne, para muchos años; entonces, sólo entonces empezara a divertirse, y, ya verán.
Sus amigos le dicen: que piense, que; a lo mejor ese día no llega; pero Salomón se ríe, es un hombre joven sólo tiene 30 años; sus abuelos murieron como el viejo Salomón con más de 80; nada tiene que temer; tiene mucha vida por delante, después cuando, su vida este solucionada; se buscara amigos; se buscara una esposa; y, hasta se comprara, un esclavo, y, una esclava, a los que promete tratar, lo mejor que pueda; y; él se divertirá; acudirá a fiestas, dará más limosnas; hasta es posible que haga un viaje; enseñara, a sus hijos a trabajar.
Pasan los años, Salomón, hoy cumple 35 años; su vida, no ha variado nada, de la que hemos conocido; eso sí; por fin ha visto cumplido, su sueño.
Es necesario que, abandone su trabajo, ya no es posible, guardar más de lo que tiene; se siente satisfecho.
Antes de acostarse, da Gracias a Dios; y, luego se dice a si mismo.
“Bravo, Salomón”.” Tienes, bienes acumulados para muchos años; ahora, sólo te queda descansar, darte buena vida, y, cumplir tus sueños”.
Pero sus palabras interiores. Son interrumpidas, por una visión sombría; las de una mujer pálida, de rubios cabellos, y, ojos azules.
Salomón, se frota los ojos; creyéndose presa de un sueño.
Pero la aparición lo toca; y, le dice, no duermes, he venido a buscarte.
¿A buscarme, a mi, por qué, y, para dónde?
La enigmática figura responde.
Porque, este es el día que, El Creador, te había asignado; la hora de tu muerte, y en cuanto al lugar, no temas serás, conducido al seno de Abraham
¿La muerte, pero si sólo tengo 35 años, y, tengo tantos planes?
El tiempo de la vida, lo marca Dios, no los hombres, tuviste tiempo, para hacerlos realidad, pudiste formar una familia, y, tener amigos, fue cosa tuya el no hacerlo.
No, espera (suplica), tengo que avisar a mis hermanos; viven fuera de Israel en la, Diáspora, y, es preciso que les avise; que redacte, mi testamento.
No hay, tiempo (repite la muerte).
¿Pero entonces lo que, yo he ahorrado de quien será?
De Herodes, de Pilatos, o, tal vez se lo repartan los soldados; es posible que lo manden al César; desde luego no va ser para tu pueblo; ni tu familia
¿Entonces he trabajado en balde, me voy, y, tengo que, dejar aquí todas estas cosas; y, ningún amigo que, llore, y, rece por mí?
Salomón, Salomón, despierta, has dicho que hoy, teníamos mucho trabajo; y, me pediste, que, te viniese ayudar.
Salomón, abre los ojos a su lado esta, Heli, su vecino, mira la mesa, y, ve un vaso, con un poco de vino aguado, que le sobro, o, que hizo, sobrar de la cena.
Todo fue un sueño, aún no tiene 35 años, el tiempo paso, únicamente en el sueño, tampoco lo ha visitado, la muerte; pero si lo ha visitado Dios.
Heli, deja la azada, hoy vamos a descansar; ven, vamos a cargar, unos sacos con trigo, y, cebada, unas ánforas con aceite, y, vino; vamos, a repartirlo, a los que, no han tenido cosecha, este año.
Heli, no da crédito, a lo que ven sus ojos, no se atreve a hacer, lo que le dice, por si es una broma, pero Salomón insiste, y, ambos salen a repartir, a los menos favorecidos.
Y. ahora sabes, que voy hacer, pues declararme, a Raquel, y, si me acepta nos casaremos, y, voy dar tierras, a mis hermanos, yo para que quiero tantas, con unas pocas, que nos den para vivir, y, educar los hijos, con que, El Eternos, nos bendiga, nos llegan.
Desde aquel día, Salomón, fue un hombre alegre, se lleno de amigos, amigos de verdad, como todo el mundo, pocos claro esta.
Fin



No, no se volvió un vago, simplemente, supo darle a las cosas su valor.



Y, cuando murió, que murió pero muy viejito, le lloraron, y, rezaron por él sus nietos, sus amigos, los pobres, a los que había ayudado, los esclavos, para los que había sido como un padre.









Instrumentos abandonados



Instrumentos abandonados 
Siempre, he amado, la música desde niña; cada nota, hacia volar, mi alma, a lugares, maravillosos, a mundos encantados, tan pronto, asistía a una boda, como era protagonista, de un baile cortesano; con Dvorak, penetraba, el espíritu de las estaciones, o, era la pequeña aprendiz, de un brujo bueno, con Mozart, cada uno, de los viejos compositores, era para mi, un contador de historias.

Y, sucedía con todo tipo de música, excepto el rock duro, soy melómana, hasta los tuétanos

Pero para desdicha mía, no tengo actitudes para la misma, no sé cantar, ni tañer ningún instrumento

En mi casa, hubo miembros de la familia, que si sabían tocar, unos por afición, otros por trabajo, de ellos aprendí, a amarla, no, a interpretarla; aunque ya no vivimos juntos, pues unos han sido llevados por Dios, otros viven en otros países, si, están en casa, los instrumentos que tañían, cuando yo era niña

Y, cada día, cuando, limpio el polvo, que se amontona, sobre ellos; no, puedo evitar una lágrima esquiva, pese a mi fama de dura

Al contemplar la guitarra, recuerdo cuando oía a mi prima Lourdes, sacar la música de sus cuerdas, yo era entonces una niña pequeña, y, me sentaba en el suelo a su lado, mirando hacia el interior de la guitarra, a ver, si conseguía ver los duendes que me hablaban con la música


La mandolina, me volvió, a traer las serenatas, que mi primo- hermano, o, mejor podría decir, mi hermano César, me tocaba, cuando estaba triste; a los 4 ó 6 años; era una señorita, a quien cantaban serenatas.


El clarinete, y, el saxofón.

Me trajeron, a la mente, el primero los conciertos, en los que César participaba, dando vida, a los que llamo; los viejos compositores


Y, el saxofón, aquellas viejas orquestas, en las que mi querido primo, participaba para alegrar, la no muy boyante economía familiar; y,, me hicieron, recordar canciones, como “Chiquitina”; que me solían cantar, para darme rabia, cuando, yo no media ni medio metro; o, la de muchachita, que mi primo toco, para mi el día, que cumplí 16 años.

Que lejos queda todo; mi amado primo, toca, ya los instrumentos de los ángeles.

Como en el arpa de Becquer, también en los instrumentos que hay en mi casa, duermen los genios, duerme la música, no son más que instrumentos abandonados, que se llenan de polvo; y, que sólo valen, para sacarles el polvo cada día

Espero que un día, regresen, algunos de los que hubieron de irse, a tierras lejanas. Espero que un día, la magia, que se esconde en esas cuerdas. Vuelva a salir

Sé que Mozart. Beethoven, Bach. Debussy, Bizet.... están durmiendo, dentro de ellos, y sería tan bonito, que alguien los sacase fuera, que esos personajes, que duermen dentro, saliesen de nuevo, como cuando yo era niña.

Pero la realidad, es que están sólo, para cubrirse de polvo, intente alguna vez arrancar una nota, pero sólo consigo, hacer un ruido infernal.


Tal vez sea, porque la música esta dentro del alma, y, es el alma del músico, la que se introduce, en los instrumentos, mas no puede ser; pues yo en mi corazón, si canto, y, no hay melodía que se me escape


¿Entonces que, es lo que impide, que sólo seres privilegiados, puedan, transformar el aire, en poesía?


Mis queridos instrumentos musicales; llenos de música, de historias, pero transformados en unos cachivaches inútiles, por no haber una mano, que pueda sacar la magia que guardáis dentro.



Fin