martes, 14 de julio de 2015

La libélula



La libélula 
Perico, tiene 5 años, y, lo que más le gusta del mundo, es estar en compañía de los animalitos; en casa de su abuela Luisa,  en el campo, en su casa, en cualquier lugar, le apasionan, aunque tiene un poco de miedo a los insectos

Y, una mañana, vio pegada en el cristal de su ventana, a una libélula, fue corriendo a llamar a su abuela, si su abuela,  fuese una abuela convencional, le diría, que “la libélula era un duende”; pero la señora Luisa, no lo es, era una mujer, con los pies en la tierra, tal vez demasiado; así que le dijo, que no tenía de que tener miedo, que las libélulas, que tal era el nombre del animalico, eran  buenas, que no hacían daño a nadie; simplemente les gustaba la luz, y, por eso venían, las atraía la luz

Perico, lo pensó un poco, y, pregunto. ¿Para qué sirven?

Luisa, también lo pensó un poco, no demasiado, y, respondió, “mira hijo,  basta saber que Dios, que es su inventor, su Creador, las creará, para que esté bien que existan”

Ya, abuelita, ¿Pero para que sirven?

Pues para que un niño, este haciendo preguntas a su abuelita, que tiene mucho trabajo que hacer, para que unos señores, a los que llaman entomólogos,  porque estudian a los insectos tengan trabajo, y, no se mueran de hambre

Para que recordemos que es la luz, la que debe atraernos, y, no la oscuridad, ya ves, valen para muchas cosas, como  todo lo creado

Abuelita, esos señores que has dicho, los entomogos, ¿Las comen?

Entomólogos, no, hombre no las comen, las estudian y, así ganan dinero para comer; aunque hay pueblos que si lo hacen,  pero estos señores no, no las comen

Pues yo abuelita, seré entomólogo de mayor

Me parece muy bien, y, ahora ten en cuenta, que se trata de un ser vivo, no debes hacerle daño, si quieres darle de comer busca hojitas frescas, y, una cajita con agujeros donde pueda dormir, y, que este limpia

Lo haré, y, seremos muy felices

No hijo, tú tal vez, ella no, porque no será libre

Pues yo quiero que sea feliz, entonces. ¿Qué debo hacer?
Entonces, mejor que la dejes irse, libre

Y, Perico, dejo que la libélula, volase libre, aunque el se quedase un poco triste, porque nadie tiene derecho a privar a otro ser de su libertad, ni siquiera a una pobre libélula

Las parteras de Egipto



Las parteras de Egipto 
Sifra  y, Púa, eran dos  mujeres egipcias, cuyo oficio consistía en ayudar a  las madres a traer al mundo a sus hijos,  ambas eran amigas, desde su infancia, les encantaban los niños, y, daban gracias a los dioses, por haberles concedido colaborar con el milagro del nacimiento,  eran por ello especialmente devotas de Isis, la diosa madre, y, de Bets, el  dios gato protector de los partos, bueno en realidad era una diosa; cada vez que los dioses las acompañaban, y, todo terminaba felizmente, es decir sobrevivían  el niño,  y, su mamá, porque a veces las cosas se complicaban,  y, moría uno, de los dos, cuando no, los dos, y, esto aunque sólo fuera, una sola  vez, era algo, muy doloroso.

Por eso, aquel día,  no pudieron contener, un grito de horror, menos mal, que no había nadie cerca, ya, que no estaba permitido, maldecir las ordenes del faraón Ramses, el dios viviente, la encarnación de Amon, la orden era clara y precisa, y, venía  firmada con el sello real; iba dirigida tanto a los hombres, como a las mujeres, que asistían a los partos, y, tenía relación con aquel pueblo que vivía entre ellos, y, a los que consideraban como sus esclavos

Esto era lo que decía,  el bando real

“Yo Ramses, dios viviente, hago  saber, a todas las mujeres, y, hombres, que asistan partos, de mujeres hebreas, que en el momento del parto, observen el sexo de la criatura, si se trata de un varón, mátenlo, si es una hembra, dejen la con vida,  quien lo haga, será recompensada, pero sobre los infractores, caería todo el rigor de Amón”

Sifra y Púa;  no podían creerlo,  “maldito sea Ramses, no es la encarnación del Dios Amón, es la encarnación del Dios Seth, el Dios del mal, no vamos hacerlo, no,  no, nos mancharemos con la sangre de los niños inocentes, ahora tenemos que buscar una estrategia, que nos ayude a todos

Y, esto fue, lo que pensaron, e hicieron.

La orden no iba dirigida, a los partos de las mujeres egipcias, si no al de las mujeres hebreas, un sub pueblo, que tenían en medio del suyo,  como una especie de mano de obra barata, y, cuyo crecimiento había alarmado al faraón.

Púa,  dijo, “lo que nos manda, el faraón, es un crimen espantoso”, su amiga, y, compañera Sifra,  le recordó, que desobedecer un mandato imperial, podía  traer como castigo la propia muerte, pero ella tampoco iba asesinar bebes, tenía que haber otra forma, estaba segura que los Dioses, le ayudarían a encontrarla.

Así fue, las jóvenes parteras dejaban con vida, a todos los niños hebreos a cuyo nacimiento acudían

Hasta que un día, la cosa se hizo pública, y, fueron llamadas a Palacio

Un guarda las condujo, al interior del Palacio, fue el mismo visir del faraón, quien las recibió

¿Hablad, mujeres, por qué desobedecisteis la orden real, no sabéis que desobedecer al faraón, lleva pareja la muerte?

Sifra, , tomo la palabra, mirando de frente al ministro, le dijo, “Os han informado mal, señor, no hemos desobedecido, orden alguna que sepamos,  es decir si tal hemos hecho, ha sido por  desconocer la ley, y, en ese caso, a los Dioses, y, al faraón Dios viviente, reclamamos clemencia

El ministro bajo, de su sitio, descendió los cuatro escalones de mármol, que  lo separaban de las dos mujeres,  y, casi rozándolas volvió a preguntar

¿Queréis decir, que no habéis dejado con vida, en los partos, a los hijos, de las  mujeres hebreas, de los judíos, o, que no conocíais tal ley?

Esta vez, respondió Púa. “Conocíamos la ley, y, no la hemos incumplido, no se nos ordeno ir a las casas, y, matar recién nacidos, la orden era clara, “cuando asistáis al parto, a una hebrea, observar el sexo, si es niño, lo matáis, si es niña que siga viva”; pues bien,  resulta que las mujeres judías, no son como las egipcias, son más fuertes, paren sin ayuda, así, que  cuando llegamos para ayudarlas, ya han parido, y, ya le están dando la teta, a la criatura”

Como nunca habían quebrantado ley alguna, las creyeron, y, las dejaron en paz, aunque les hicieron una advertencia que tuviesen cuidado, y, no desobedeciesen al faraón

Cierto día, recibieron una llamada de una familia hebrea la madre, ya tenía un niño de 7 años, y, una jovencita de 13, estaba a punto de traer otra vida al mundo, les obligaban  a llamar a las parteras egipcias, y, estas tenían que ser llamadas no cuando apareciesen los dolores, si no cuando la madre salía de cuentas, así no podían decir que cuando llegase la partera, ya había nacido el niño, cuando la madre rompía aguas, la partera tenía que estar allí, no podían llamar a las de su pueblo, se penaba con la muerte de toda la familia

Sabían que tenían que recurrir a las parteras egipcias, y, tenían miedo  no querían  la muerte de su hijo, sólo se salvaría si era niña

Por ello el rostro de Jacobed, se nublo, al ver entrar a las dos jóvenes parteras de los egipcios; Sifra, se acerco hasta la cama, más bien camastro donde descansaba la mujer, y, la tranquilizo,  todo ira bien, Ram,  e Isis nos ayudarán, y, la Diosa Beth, te ayudaremos a traer a tu hijo al mundo, tranquila

No, quiero que mi hijo muera,  dijo Jacobed, aunque lo diga el faraón; no morirá, tranquila, respondió Sifra, ,  nosotras también consideramos indigno matar un recién nacido

¿Y, la orden?

La incumpliremos, como se debe hacer con toda ley, que vaya contra Ram; eso si procurad que no llore mucho, bueno si es niña, que llore lo que quiera, después habrá que buscar una solución, que no sea la muerte,  pero como comprenderéis, tu, y  tu esposo no puede quedarse con vosotros, sería la muerte de todos

Jacobed dio a luz un niño, un niño hermoso de abundante cabello negro,  las estrellas en el Cielo, parecían festejar su venida a este mundo

Ni Sifra, , ni su compañera quisieron cobrar nada, por sus servicios, tomaron una rata muerta, la envolvieron en unos paños manchados del parto, que quemarían fuera, haciendo creer a todo el mundo, que quemaban el cadáver de un bebe hebreo

Antes de irse, el esposo de Jacobed, les dijo, sois muy buenas, os arriesgáis por unos esclavos, nunca podremos pagaros lo que hacéis por nosotros

El premio, dijo Púa, es ver a  los niños vivos, ese es el premio

En ese caso, os  esperamos dentro de 8 días para la circuncisión del pequeño; ni que decir tiene que a los 8 días, acudieron  las dos, y, conocieron dos hebreos que les contaron la historia de su pueblo, de cómo habían llegado a Egipto; se llamaban Judá y Joaquín, el amor nació entre ellos,  y, pronto tanto Sifra, como Púa,  se casaron convertidas ya en mujeres hebreas,  fueron unas esposas amantísimas, y, unas excelentes mamás, ese fue el premio, que Dios les concedió, por no ser unas asesinas.

En cuanto al niño que había nacido; un vecino lo oyó llorar una noche, cuando ya iba cumplir 3 meses, y, denunció… pero esa es otra historia,  la de Moisés, esta era la de las parteras egipcias

Fin

Jesús negro

Ramiro, se consideraba un buen hombre, un buen cristiano, no un santo claro esta, pero si mejor que muchos otros,  no era un santo, porque  esos están en los altares, y, él caminaba sobre la tierra, pero era un hombre piadoso, que iba a Misa diariamente, amen de un buen padre de familia, y, un buen empresario, naturalmente no era racista

Eso, si cada uno en su tierra, no entendía, que hacían aquellos chicos negros, vendiendo, en el TOP manta, o viviendo hacinados en pensiones de mala muerte

Ramiro, sólo contrataba trabajadores blancos, no por racismo, si no, porque como decía él, España era un país de blancos, y, primero deben ser lo de la propia casa

Aquella mañana, llamaron a la puerta de su panadería, era un joven negro, si negro, no de color, de color son los marcianos venusianos, etc., si es que existen,  y, aquel chico era terrestre, un hijo de Adán, como todos nosotros, pero de piel negra, y, el negro no es color, si no ausencia de color;  prosigamos con el relato, el chico, que hablaba muy mal el castellano, consiguió hacerse entender, dijo que necesitaba trabajo, se llamaba Jesús, y, tenía 33 años, había llegado en una patera, desde Senegal.  País en el cual trabajaba, como carpintero, había protestado, por el trato dado a unos prisioneros,  y, ese fue el motivo por el que tuvo que exiliarse, para no comprometer a su familia, que de relacionarlo con él, habría sido asesinada legalmente, y, si dejaban alguno con vida, acabaría muriendo de hambre, ya que el gobierno, y, sus esbirros prohibirían que les diesen trabajo, ni que decir tiene, que la familia de aquel joven, no tenía ni un palmo de tierra de su propiedad, eran muy pobres, tanto que cuando nació, él su madre no pudo darle más cuna, que el comedero, de unos animales, es decir  un  pesebre

Por eso necesitaba el trabajo, para poder legalizar su situación; “Ve usted”, le dijo a Ramiro, mostrándole las heridas hechas por unos clavos en las muñecas; necesito antibióticos, para que no se infecten pero no tengo dinero, para las medicinas, por ello, le agradezco el trabajo

Lo siento chico, cuando ya no haya ningún español, sin trabajo tú serás el primero; pero ahora, no puede ser, y, por favor abandona mi local

Jesús, o, sea el negro, abandono el local de Ramiro; y, este siguió con su rutina diaria, pero,  era incapaz de dejar de pensar en Jesús; en sus manos,  sólo eran tonterías, se repetía a si mismo, tonterías, lo que hice es justo, si es justo

De pronto un grito surgido de la calle, lo volvió a la realidad, salio corriendo, a ver que pasaba, la gente se arremolinaba, alrededor de algo, o, de alguien que estaba en el suelo; se hizo un hueco como pudo, no podía creerlo era el mismo joven negro, que había dicho llamarse Jesús, el senegales,  estaba tumbado en un charco de sangre, y, tenía una puñalada en el costado izquierdo; una mujer lloraba desconsolada a su lado, murió por mí, repetía una y, otra vez, se interpuso  entre mi agresor, y, yo, y, se llevó el las puñaladas, pobrecito, que pena, y, lejos de su casa


Ramiro, se acerco a la mujer, y, vio horrorizado, que era su esposa, la madre de sus hijos,  a la que un loco, había querido apuñalar, quiso decir algo, al joven negro, pero este, ya había fallecido; entonces se fue corriendo a la iglesia, se arrodillo, frente al sagrario, con voz casi imperceptible, susurraba entre sollozos, “Lo siento, soy un miserable,  como no me di cuenta, de que eras, Tú, perdóname”

Fue entonces, cuando oyó, aunque no falta quien diga, que fueron imaginaciones suyas, debido a lo que había presenciado, pero Ramiro, insiste en que oyó la voz, una voz, que le decía, muy bajo, y, a la vez, muy alto, “Ramiro, Yo, voy siempre a ti, en cada uno de mis hermanos, de nuestros hermanos, no importa, que no veas heridas en sus manos, o, que las veas, siempre soy Yo, Jesús, como ahora, en este joven negro,

Fin

martes, 21 de octubre de 2014

Ópera

Ópera

Elena vivía con su padre en una humilde casa, ella trabajaba como sirvienta, por horas, asistenta, había tenido que dejar sus estudios en la Normal, en la escuela de Magisterio, y, renunciar a su sueño de ser maestra, primero por la enfermedad de su madre, y, ahora por el mal desconocido que  se cebaba en su padre; el cual aunque sólo tenía, 55 años, parecía un anciano, por su aspecto físico, porque su espíritu seguía siendo el de un niño.

Su nombre era Antonio; había sido músico,  había intentado , por todos los medios,  hacer nacer el amor a la música, en sus hijos, tanto en Elena, como en el pequeño Antonio, de tan sólo  10 años, consiguió que amasen la música, sobre todo la ópera; y, hay que reconocer que lo consiguió

No había concierto emitido por la radio, que se perdiesen, al teatro hacía mucho que no iban

Aquella noche, Elena, sentada junto al fuego, que parecía iluminar su moreno rostro, como queriendo nimbar su piedad filial, dijo sonriendo a su padre.

Mañana en el teatro, “Dû, le coin”  estrenan la Traviata, ya sabes que es una de mis preferidas: los amores tan puros entre Violeta, y, Alfredo que con la música parecen aún más profundos, que en obra de Dumas, donde se llaman Margarita, y, Adolfo;  no, papá no hables aún, ya sé que no podemos ir a la función, sólo te pido permiso, para ver la entrada de los artistas

Antonio, contuvo una lagrima, y, le dijo, que nada podía negarle, y, que tenía su permiso para ver la entrada de los artistas, en un suspiro entrecortado dijo, “Ojala pudiese llevarte yo, mismo a la opera”

Grandes carteles anunciaban la representación de la Traviata; con el joven tenor, Piérre du Choix,  en el papel de Alfredo; y, la joven diva, Catherine du Chaussons, en el papel de Violeta,

Piérre, había despuntado ya, como uno de los mejores tenores, del mundo, en operas de menor calado, ahora se enfrentaba al papel de Alfredo, con una gran ilusión;  en uno de los descansos en los ensayos,  comentaba a Pedro, su padre.  “¿Té has fijado, papá, La Traviata; gusta a la gente, porque cuenta una historia de amor imposible, como iba enamorarse un joven de buena familia como Alfredo, de una prostítuta, eso, sólo en el teatro, las novelas, y, la opera, verdad que estas de acuerdo?

Don Pedro, miro sonriendo a su hijo, se acarició la barba, y, le dijo, muy serio. “¿De acuerdo contigo?, para nada, el amor no entiende clases sociales, ni de esas tonterías, Violeta, ama a Alfredo con un corazón puro, así que por supuesto, la historia es posible.

De acuerdo, replico, Piérre, es posible; pero ni el padre de Alfredo lo entendía, claro que no era como tú, papá, era un viejo egoísta.

Pues a mí, tercio, Catherine, (amiga de la infancia de Piérre, y, quien daba vida, a Violeta en la escena), me parece un amor puro, un amor sin intereses

Fíjate, papá, como defiende su personaje, dijo riendo Piérre

La representación fue todo un éxito; Elena vio la entrada y salida de los actores, y, no pudo evitar correr hacia Piérre, y, pedirle un autógrafo, él firmo encantado, en el sencillo, y, humilde bloc, antes de devolvérselo, le dijo

“Espero que mañana, asistirá a la función”

No, creo que pueda ser, respondió, no tengo ropa adecuada; bueno no vaya usted a pensar mal, la tengo, pero se da el caso de que esta en la tintorería; y, a mi padre le sucede lo mismo, y, créame, usted que lo sentimos mucho

Pues no es problema, si me lo permiten, con mucho gusto, le haré llegar un vestido de mi hermana Louisse, que es más, o, menos de su talla, y, uno de mi padre, para el suyo, siempre que no lo tomen como un atrevimiento, son ropas sencillas, pero aunque no sean del tipo que acostumbren a llevar a estos eventos,  les podrán servir

Qué se ha creído, señor, no precisamos ropa, prestada de nadie

Lo, sé, señorita, lo sé,  no la necesitan pero se da el caso de que la tienen en la tintorería, yo, no se la regalo, se la presto, si quiere

Dos días, más tarde, Elena, y, su padre, asistían emocionados a la representación de “La Traviata”

A la salida, Antonio, agradeció, la invitación y los trajes, y, prometió devolverlos tan pronto, los tuviesen listos en la tintorería; la verdad es que los iban a lavar, y, planchar en casa, pero  no podían permitir que conociese la pobreza en la que vivían, ni, que viese su humilde hogar eso sería humillante

Pero Pierre, insistió en acompañarlo, una, y, otra vez, que no pudieron negarse, y, así un día, si, y, otro también el joven tenor, visitaba el humilde hogar, conocía la historia de Antonio, y, se iban enamorando de Elena, y, Elena de Piérre


Cuando Piérre, hablo a su padre, Jacques, de sus planes de boda, con Elena, este le aconsejo pensarlo bien, porque el matrimonio era algo serio, el personalmente no hubiese elegido una joven, como Elena, para nuera, y, no, porque tuviese nada en contra de la joven.

A Piérre, no le gustaron, las insinuaciones de su progenitor, y, le pregunto, si rechazaba a Elena, por ser culta, honesta, y, hermosa, “y, tú, padre defendías el personaje de la Traviata”, le soltó a bocajarro

“No, seas un niño, Piérre, le respondió, tanto La Traviata, como la Dama de las Camelias, son historias de ficción, novelas, cuentos, y, en ese mundo irreal, todo es posible, y, todo funciona, en la vida real no, no es posible, en el caso que nos ocupa, en el tuyo, has de tener en cuenta, que Elena, y, su padre, están contigo, por puro interés, si ella llega a casarse contigo, su padre aunque sea ocasionalmente, volverá a subir a un escenario como pianista, dejaran de vivir en una casucha, para hacerlo en una mansión; te equivocas papá, me quiere a mi, voy a casarme con ella; pero antes aunque sé que no debía hacerlo, voy a comprobar, si es cierto lo que piensas, si lo es, no dudes que haré tu voluntad, papá

Mientras en la casita de Antonio ,  este decía a su hija, que tuviese cuidado; no fuera suceder que Pierre, sólo quisiera burlarse de ella

“No, papá, me quiere. ¿Recuerdas,  los que me decías sobre el amor, de Violeta, y, Alfredo?

Si, hija lo recuerdo,  respondió, Antonio , pero  recuerda que es una novela, una obra de teatro, la vida real es distinta.

Al día siguiente recibían la visita de Piérre, se le veía  muy triste sin fuerzas para hablar, venía a contarles la terrible tragedia que se había abatido sobre su familia;  en primer lugar una enfermedad desconocida, lo había dejado sin voz para el canto, y, si no podía cantar el único trabajo que podría desempeñar era la descarga de camiones; y, por si ellos fuera poco, hoy mismo un antiguo acreedor, al que había tenido que firmar un pagaré, por la resolución de un grave problema en el pasado, exigía el pago, de lo debido con los intereses correspondientes, tanto él como su padre, habían cancelado la deuda en su día, pero fiándose no habían querido justificante del pago, y, ahora no tenían con que demostrarlo, dado que era un amigo, les había  parecido una ofensa, aceptar, recibo del pago, y, ahora lo habían perdido todo.

Le contó que se habían mudado a una buhardilla de alquiler en una zona de bastante mala fama

“Entendería, dijo que, no quisieras seguir con la boda”

Merecerías, respondió, Elena, un par de cachetes, como me puedes ofender, de ese modo tan cruel, yo te amo, a ti, me da igual si eres tenor, o, picapedrero

Piérre con la ayuda de un amigo periodista, mejor dicho de “un falso periodista, le mostró un periódico en el que se informaba de su ruina; de la ruina de la familia de tenores Ducroix, y, de la enfermedad del joven tenor,

Sí Elena hubiese leído otros periódicos habría visto, que todo aquello no era más que un montaje, e incluso, si hubiese podido leer la versión real, de “Le quotidien”; pero para que iba a gastar el dinero en prensa,  si Piérre, se la llevaba gratis

Jacques, tuvo que reconocer la victoria de su hijo

Llego el día de su enlace, en su emoción, Elena no había advertido que su alianza era muy valiosa; no  le importaba ella pensaba a Pierre pobre, y, lo aceptaba, no sería la mujer de un tenor famoso y rico, si la de un hombre honrado; de un honrado estibador de muelles, todos juntos vivirían en su “casita”

Tras el “Si quiero”; Piérre, entono con fuerza el Ave María

Elena lo miro atónita, sin poder creer lo que estaba oyendo, ¿”Pero si tú, me dijiste que estabas mudo para el canto?

“Pues ya ves (respondió sonriendo) un milagro por algo es un sacramento”

Y, tú un sinvergüenza, replico muy seria, debería dejarte, pero no lo voy hacer

Tras la luna de miel, Pierre torno al canto, Elena a sus estudios de magisterio, Antonio volvió a dar clases de música, y, tocar el piano, los médicos consiguieron curar la dolencia que padecía.   La alegría de la  nueva familia aumento cuando Elena, anunció que su amor, había sido bendecido, y se hallaba esperando un hijo, alegría que se hizo mayor, cuando ocho meses más tarde, dio  á luz a una niña, a la que llamo, María Violeta, María por la Virgen Madre, Violeta por la protagonista femenina, de la Traviata;  y un niño al que llamo como a su hermano fallecido, a los dos años; Javier, ambos pensaba Elena, serían, dos grandes divos de la música, los mejores.

La realidad fue muy distinta, a como se la imaginaba, ni María Violeta, ni, Javier, tenían aptitudes, ni les gustaba la música clásica, así que ninguno fue músico, ni tenor, ni tiple, Violeta fue escritora, y, algo muy importante, “mamá  y esposa”, Javier, fue sacerdote, pero si hubo, músicos, y, divas del Bell canto, en la familia de Elena y Piérre, porque después de los mellizos, fueron padres 4 veces más, y, siempre, siempre fueron felices

Fin



jueves, 5 de junio de 2014

La maleta misteriosa

La maleta( cuento)

Una vieja maleta en el andén de la estación de tren de La Coruña, un cuchicheo de personas que la miran de reojo, y que no se atreven a tocarla.

Hay miedo,  la maleta es de esas de los años 40, a cuadros y atada con un cinturón de cuero, un empleado acerca el oído,  y dice dentro se escucha “ tic, tac; aléjense, se trata de una bomba;  se desaloja el anden, algunos nos negamos, y llegan los geo,  hay que desactivarla, pero es peligroso, tal vez; lo mejor, sea, sumergirla en agua, comentan los especialistas; unos muchachos jóvenes, los que nos habíamos negado, a salir, hemos sido, conducidos, a la fuerza a una zona más segura, pero desde la que no perdemos detalle.

De pronto, llega un hombrecillo, corriendo, sudoroso. ¿Qué van hacer? Quietos esa maleta es mía; uno de los geo, se pone en pie, y con su arma, se dirige, al dueño de la maleta

Queda detenido por terrorista, dice en un tono, que más bien parece un grito, el joven policía, con más miedo que autoridad

El hombrecillo, parece ni inmutarse, como si estuviese muy tranquilo, pero con una tranquilidad interior.

¿Desde  cuando, es delito, y terrorismo vender relojes?

Y sin esperar una respuesta. Se arroja sobre la maleta y la abre; y, todos comprobamos que sólo había relojes, nuestro “peligroso terrorista era un viajante de relojes y despertadores”

Nos reímos, él nos regala un reloj, a cada uno;  el policía se disculpa por su error, y el hombrecillo, lo abraza orgulloso, de que existan jóvenes valientes, dispuestos sin miedo a luchar contra el mal

Fin

martes, 3 de junio de 2014

casa del cuadro




La casa del cuadro 
No sabía, por qué, pero era incapaz de levantar  los ojos del cuadro; que colgaba de la pared del salón de la casa de una amiga

Llamaba mi atención;  hasta el punto de abstraer mi pensamiento; tratábase de una acuarela que representaba una casa rural, de la que sólo eran visibles, dos ventanas cerradas, sin contras; una  pequeña celosía; un portón a medio abrir, a la derecha de la casa, había un camino que se perdía en el  horizonte, una pequeña muralla de piedra, intentaba rodear la misma;  enfrente se alzaba otra casa, más alta, más señorial; como si fuese; “ la casa de los señores,  tenía dos ventanas, o, tal vez una sola, con cortinas, y, dos puertas, no portones”

Notaba que el cuadro me absorbía, como si algo, me empujase dentro, como si fuese algo vivo, o, la gente que un día hábito aquella casa, quisiera decirme algo.

Trate de no pensar, en lo que, a todas luces me parecía, absurdo, de apartar mi mente, y, mi vista del cuadro, pero era como sí, un imán invisible me atrajese

Mi amiga, lo noto

¿Qué te sucede, hoy, estas como, abstraída, no paras de mirar, la pared; no te enteras de nada?

No, miro la pared, respondí, miro el cuadro

¿El cuadro? Pues hija mía, te lo debes saber de memoria

Hoy es distinto, le dije, es como si la gente del cuadro, quisiera hablarme

Mi amiga, me miro, muy sería, y me dijo:

¿En el cuadro, no hay personas, es un paisaje, oye, de verdad te sientes bien?

Si, y, no, respondí, y, continúe, por cierto en la casa, hay personas; no ves que en una el portón esta a medio cerrar, y, las ventanas no tienen contras

Mi amiga, no me contesto, se levanto enfadada, y, fue a la cocina, a preparar el café, yo  aproveche para marcharme, sin despedirme

Pero aquella noche en casa, no pude conciliar el sueño; tenía que averiguar lo que se escondía, detrás de la casa, o, mejor dicho, del cuadro

El cuadro, representaba una vieja casa rural, en  una aldea de Salamanca, de mediados del siglo XIX; me costo mucho dar con ella, pero al fin lo conseguí,  estaba  igual que en la pintura, aunque ahora se notaba su abandono, descubrí, que aunque en el cuadro parecían dos viviendas, eran en realidad una sola, en las que ahora por supuesto, no vivía nadie

Me propuse averiguar la historia, y, lo conseguí; gracias  a una viejita del pueblo. Se trataba de una casa solariega del siglo XIX, en la  que vivían D, Urbano Sierra de la Encimera con su esposa, Doña Carmen, tenían tres hijos, el mayor Luis, llamado a ser, el heredero del blasón, y, todos los bienes de su padre, en la otra casa, la del portón, que en realidad no era más, que una dependencia de la primera,  en el bajo estaban las caballerizas, y, las cuadra; y, en el piso superior, vivían;  Antonio Romero San Juan, su esposa Ventura, y, su hija Verónica,  una joven morena de  unos 18 años; de edad; que ayudaba en los trabajos de la casa principal, tanto Antonio, como su esposa, avisaron a Verónica de que tuviese cuidado;  en La Casa, pero ella y Luis, se enamoraron; sin que sirvieran de nada las amenazas de D. Urbano de desheredar a Luis, ni de Antonio, de dar una paliza a Verónica, y, meterla en un convento, ellos se amaban, y, su amor era para siempre, pensaban que tal vez, el anuncio de la llegada de un niño, haría cambiar a sus padres, tanto a unos como a otros.

Verónica se quedo embarazada, y, empezó a confeccionar ropitas, de bebé;  al llegar su gestación a los tres meses, lo notifico a sus padres, en contra de lo que esperaba, sólo escucho insultos, y, la determinación paterna, de que no podía tener aquel hijo; bueno no dijeron; hijo, se limitaron a decir, que, “aquello”, no podía seguir adelante;  protesto, con todas sus fuerzas, pero sus padres no cedieron, y, los padres de Luis, tampoco, en eso, estaban de acuerdo, señores, y, criados

Luis, iría estudiar fuera, al extranjero, y, ella, se casaría con un hombre del pueblo, los padres de Luis, ayudarían a los suyos, a que su dote, fuese buena, así, ningún labriego, con pocas, tierras la rechazaría

Verónica, no quería que matasen a su hijo no nato, y, fue ver al viejo cura, no le contó todo, porque este ni la oyó, ella le dijo, que se había quedado encinta, y, que sus padres, el cura, no le dejo seguir, le dijo, que ya había pecado, al quedarse encinta, sin estar casada, que debía obedecer a sus padres en todo, ella, le corto diciendo, pero es que, pero al sacerdote, no le importaban sus argumentos, y, le insistió en el deber de obedecer a sus padres en todo, él pobre viejo, era incapaz de pensar, que entre sus feligreses, hubiese quién pudiese planear el asesinato de un niño inocente, de ahí sus palabra, Verónica no insistió, ya no tenía donde apoyarse, sólo le quedaba ceder, y, cedió.

La llevaron  a casa de una mujer de los infiernos, una “créateur  d´angers”,  que dicen en Francia; “una Herodes”,  el aborto no sólo acabo con la vida, de su hijo, si no con la de la propia Verónica, que murió entre horribles dolores.

En la casa, habían quedado en un cajón las ropitas, que con tanto amor, estaba tejiendo, y, bordando para su bebé.

En la casa, comenzaron a suceder, cosas inexplicables, por más que todos tratasen de buscarles, una causa racional; aunque cerrasen el portón de la casa, este se abría solo, y, cuando se cerraba, no lo hacía del todo, siempre quedaba media puerta abierta, así todos los días, y, todas las noches, por otro lado, era imposible apagar las lámparas de la habitación de Verónica, se volvían encender solas; y, eran lámparas de aceite, y, petróleo, además se oían pasos, y, ruidos, como si hubiese alguien rebuscando en cajones, cuando era evidente, que no había nadie.

Por lo que hace, a la otra casa, a la casa grande, el viejo, que me contó, la historia, me dijo que se creía, ver tras los cortinajes, al joven Luis, quien al conocer el triste final de su amada, y, de su hijo nonato, había corrido como un loco, con su caballo, despeñándose, y, muriendo como consecuencia, del fatal accidente.

“Ella”, me dijo, refiriéndose a Verónica, viene por las ropas de su criatura, de su hijito; si quiere le enseño, su tumba, en el cementerio, ya sé, que ella, no esta allí,  pero es el único sitio, al que puede llevarle, la ropita de su hijo; no tenga miedo, entre en la casa, la ropa tiene que estar en uno de los cajones, vierta agua bendita en la ropa, y, pronuncie, un nombre el que venga  a su mente, pues ese, será el que Dios habrá puesto al niño, a continuación  vaya al cementerio, rece un avemaría, a continuación, diga a Verónica que le lleva las ropas para sus hijito, y, rece otra oración.

Eso es todo, le dije; me respondió, no me olvidaba de una cosa, tras coger las ropitas, y, antes de ir al cementerio, deberá ir a la casa grande, y, aunque no vea a nadie, invocar a Dios, y, decir mostrando las ropas; “Luis, llevo estas ropitas a tu hijo, (con el nombre, que le haya dado, usted), voy llevarse las a tu esposa, ve, con ellos, en el nombre de Dios.

Aunque confieso, me parecía todo, un sin sentido, lo hice, así, el nombre que me vino, a la mente, fue Moisés.

Antes de regresar  volví a lugar,  el portón estaba completamente cerrado, las luces estaban apagadas, los cortinajes aparecían corridos; en la casa grande todo estaba cerrado, y, en paz.
Al regresar a la ciudad, tuve un accidente, estuve dos días, inconsciente en el hospital, mi amiga vino a verme, y, le conté mi aventura pero no me creyó, me dijo que me había obsesionado, y, lo había soñado todo. He estado pensando, qué tal vez mi amiga tenga razón; pronto lo sabre, esta tarde voy ir a su casa, tengo que agradecerle sus desvelos durante mi hospitalización

Ya en casa de mi amiga, me fijo en el cuadro, ha cambiado, las casas se ven, no como estaba antes, si no como las vi, después de hacer lo que me dijo el anciano, se lo hago notar a mi amiga, pero ella, no esta de acuerdo; me dice que el cuadro, siempre estuvo así, que una pintura no cambia. Me callo, no quiero discutir, puedo estar equivocada, la lógica parece apoyar a mi amiga, como se va cambiar un cuadro, trataré de olvidar pero antes de ir a dormir, quiero revisar el viejo álbum de fotos, y, entonces lo veo claro, allí esta la foto, la foto que hice a mi amiga en el salón de su casa, donde esta el cuadro, es de antes de mi viaje, en la foto, la casa pequeña tiene  las ventanas sin contra, con la luz encendida, y, el portón a medio abrir, la casa de enfrente tiene las cortinas, o, cortinajes a medio cerrar,  ahora sé que no fue un sueño, estoy segura de que Dios, tendrá con Él, aquellos tres pobrecicos, pues incluyo el bebe, al que se impidió nacer


Fin

miércoles, 7 de mayo de 2014

Lareira ( cuento reflexión en gallego)



Lareira
“Vella, casa materna, pedras ennegrecidas, que gardan tantos recordos,  tantas vivencias,  eh, ti, lareira, fogo do fogar, onde,  os nosos devanceiros,  veneraban, dunha forma  idolátrica,  os vellos deuses, os deuses da familia, os penates,  os lares do fogar.

E onde eu, escoitei, sendo nena,  os contos da avoa Dolores, avoíña, menuda,  fraca,  co seu pelo, negro, coma a noite, sen unha cana branca,  recollido, nuha,  longa trenza; que  facía ver, que  tiña que haber sido, unha moza, moi, moi fermosa.

Sentabámonos  os netos, perto, de la,  e, o redor do lume da lareira

Miña avoa, Dolores, tivo sempre, moita, imaxinación.

Lume  crepitaba, ruxía, mentres,  todos, ián,   arrimando,  o can, e, o gato,  tamén tiñan, o seu sitio,    o redor da lareira, eu tiña medo, moito medo, o lume,

Os outros, ríanse, de min, miña nai, dicíame,  que non  tivera, medo; a miña tía, Carmucha,  subía, po las escalereiras, co  unha rica, cunca de leite, recen  muxido,  que a todos, lles encantaba, a min non,  eu, pensaba, que a leite,  muxida, era fría, nunca, me gustou, o leite quente, nin morno, dáme noxos,

Mentres, o fogo, o lume, seguía na lareira, a avoa, poñía, un  pote, pra os porcos,  outro pra nos, pra xente; e comanzaba, a falar


“Din, que houbo,  fai tempo, un rei...”

Todos escoitabamos en silencio,  o, terminar,  o, conto, persignábase, a comanzaba, a pregar, a Nai de Deus; porque  na lareira, da miña aboa,  na miña lareira, porque tamén era miña,  xa non se adoraba os ídolos, adorábase,  un só, Deus, o, Único,  o, Deus feito Home, nunha muller,  unha  aldeana, como  a miña avoa, o Deus feito home na campesiña chamada María.

Tempo, pasado, pro tempos, que lembro feliz, con recordo, da miña avoa, e, da lareira


Fin