martes, 28 de marzo de 2017

La careta, o máscara del carnaval



La Careta

Nunca me habían gustado los carnavales, pero Laura insistió tanto, que no me quedo otra opción, acompañarla a ver disfraces
Estábamos frente al escaparate de una tienda,  y mis ojos, casi sin poder yo evitarlo, se posaron encima de una careta, de una máscara, al verla, me quede pálida, como si no fuese un objeto inanimado; si no algo vivo que me amenazase, y me hablase, diciéndome que “vendría a por mí”, por eso me puse pálida, porque era una careta de la muerte
Mi amiga, me pregunto, que me pasaba, le dije que nada, que necesitaba ir a la iglesia a rezar unos minutos, mi amiga aunque es cristiana se negó, no era según ella momento de rezos
Así pues para no discutir terminamos en la terraza de un café; y al poco tiempo casi había olvidado mi susto achacándolo a mi loca imaginación
De noche tuve alguna pesadilla, me despertó el telefonillo, mire por el visor  vi; “la careta” o sea la muerte, con miedo pregunte: ¿Quién es?
“yo, vengo por ti” Dijo una voz lúgubre; mi corazón palpito con fuerza
De nuevo la máscara, con una voz normal, “Soy yo que he comprado churros, ábreme”
Era mi amiga, no le dije nada, pero no me hizo gracia su broma
Fuera de eso, el día fue normal
Ahora son las tres de la madrugada, estoy durmiendo, y me despierta el telefonillo, lo dejo sonar, pero me cansa su insistencia, miro de nuevo, “mi amiga con su careta, con su máscara, le abro, y le digo que suba, no quiero que asuste a los vecinos
Sube demasiado rápido, vivo en un quinto y no hay ascensor
Ya dentro de mi casa, me dirijo a ella, para recriminarla, por su comportamiento
“Me responde con “voz lúgubre”; “vengo a por ti”
Es entonces cuando me doy cuenta, de que no es Laura, es un esqueleto, es la muerte, miro para el crucifijo, pidiendo ayuda a quien venció a la muerte, y empiezo a correr
Abro los ojos, estoy en la cama de un hospital llena de tubos, a mi lado esta Laura
Le pregunto en qué día del carnaval estamos
Me responde riendo, que estamos en Pascua; agarro su mano, y le digo llorando
“Me escape de la muerte”
Tanto, que te escapaste hubo un incendio en tu casa, que apenas causo daños, tu subiste a la azotea, para escapar del humo, resbalaste, y caíste al vació, menos mal que pasaba un camión de lonas, y caíste en él, si no, no lo cuentas
No, te equivocas, la muerte vino a mi casa, a buscarme, le abrí la puerta, porque pensé que eras tú con la careta; como el día anterior en que viniste disfrazada con la careta, y los churros
No, estas equivocada, yo no fui a tu casa con ninguna careta
Sí haz memoria, la careta que vimos en aquel escaparate,  que representaba a la muerte
Ana, yo estaba de viaje con mi esposo en Brasil, cuando llegue me enteré de tu accidente, lo que me cuentas sin duda lo has soñado
Quedo sola, todos los que vienen a verme dicen lo mismo, que caí de la azotea, al intentar escapar del humo, yo sé que no es verdad, que Laura estuvo en mi casa, la víspera, pero no entiendo porque miente
Para distraerme, tomo un periódico de mi compañera de cuarto, me dice, que es viejo, de hace meses, no me importa
Lo abro y el titular me deja sin palabras, el Diario es de hace 2 meses, leo,
“La conocida empresaria Laura Cifuentes, y su esposo el famoso arquitecto Ricardo Sánchez, mueren en un terrible accidente de aviación en Brasil….”
El día del accidente es él que yo viví, lo de la careta, los churros, además Laura vino a verme hoy, el diario se equivocó, seguramente  ya rectificaron. Devuelvo el periódico a mi compañera,  y le pregunto, si se acuerda de la señora que vino a verme por la mañana
Por la mañana, no la visito nadie, sólo la enfermera, la llamé yo misma, porque me asuste, usted se sentó en la cama, y, parecía hablar, aunque no pronunciaba palabra alguna,  luego sus manos parecían agarrar algo, tuve miedo, pero la enfermera dijo, que seguramente serían  resabios de una pesadilla
No vino nadie a verme, no vino Laura Cifuentes
Doña Laura Cifuentes, lleva muerta dos meses
No me quedo convencida, sé de qué,  Churrería eran los churros, de la única que abre hasta la madrugada, mando a un muchacho a preguntar si recuerdan  haber vendido 2 docenas de churros el lunes de carnaval a las 12 de la noche
El niño viene enseguida, la churrería está cerrada
Vuelvo a pedirle el Diario a mi compañera,  y, leo de nuevo, no sólo falleció Laura y su esposo, sino también los dueños de la churrería, “El Montano”
Ya no tengo dudas
La muerte me rondo, pero esta vez le escape
Pero sé que un día ganará ella, o eso pensará
Porque entonces la venceré para siempre
Porque mi pacto es con La Vida
Fin


miércoles, 15 de marzo de 2017

El Talismán



El Talismán

Claudia vivía en la calle, siempre huyendo, rebuscando en la basura algo que llevarse a la boca; implorando una limosna a la salida de los templos, y malvendiendo su cuerpo, a los soldados que regresaban de Britania, o, a un centurión borracho
No era la favorita de la diosa fortuna, desde que fue arrancada de los brazos de su madre, y vendida como esclava, violada a los 15 años, por un amo cruel; había ido brincando de amo, en amo, hasta que a los 22 años decidió huir a través de los montes
Tenía 28 años, y ya era vieja
Necesito, se dijo a sí misma, “Un talismán”, que me proteja y me de suerte, tengo que hallarlo
Hacía tiempo había oído hablar de los cristianos, aquellos impíos adoradores de una cabeza de asno; asesinos de niños, caníbales; los buenos emperadores, bien lo sabían, Los Dioses, hacían lo que podían por acabar con ellos, pero se multiplicaban como las garrapatas, era como si muriesen, y, tornasen de nuevo a la vida. Era como si los protegiese un talismán invisible. Tenía que acercarse a uno de ellos a un cristiano, para robarle, si lo tenían el talismán, bueno que lo tenían, estaba claro que si lo tenían de lo contrario, hacía tiempo que se hubieran esfumado
El problema era, cómo acercarse a uno de ellos
Decidió averiguar y probo suerte en una casa, sabía que eran muy caritativos; seguramente para  captar a sus víctimas; pues si no, conque otra intención iban hacerlo, ellos que no creían en los benditos Dioses ni adoraban al sagrado emperador, su filantropía por el prójimo no podía ser desinteresada
Consiguió ser acogida  en la casa de un cristiano, le dieron ropa limpia, comida y durante dos días durmió en una cama, observo una pequeña cruz de madera, en todas las habitaciones, y al pecho de cada miembro de la casa, oculto bajo el peplo
Pregunto que era, aunque ya lo sabía era una cruz, representación de la forma más vil y  cruel de morir; sólo al usar ese símbolo ya mostraban lo que eran, claro que si era un talismán, y seguro que lo era, ella también lo llevaría  oculto bajo su peplo
Por si fuera poco, la matrona cristiana que la tenía acogida le dijo, que La Cruz era fuente de salud, y de vida eterna, de dicha imperecedera, de perdón en ella, se hallaba todo, lo que el ser humano podría desear, porque Jesús había muerto en ella
A Claudia Jesús no le importaba, pero si con la cruz,  lo tenía todo, si  hasta daba la vida para siempre, claro ahora se explicaba porque no podían acabar con ellos, no morían, aunque lo pareciese, o si lo hacían renacían
Tenía que hacerse con una cruz, pensó en pedirla pero lo vio peligroso, asi que aquella noche, robo una de la cuna de los niños, ocultándola en su ropa.
Después por cobrar unas monedas, y creyendo ayudar al Imperio, denunció a la familia que la había acogido
Todos fueron martirizados, Claudia, sintió escalofríos cuando los vio, en la arena del Circo, destrozados por las fieras, y no volvieron, lo que se le quedo grabado, fue su mirada de perdón, su paz, aquellos no eran criminales
Los criminales no mueren así,
Pasó el tiempo, su vida no mejoraba, al contrario estuvo a punto de morir como consecuencia de una paliza que le propino un borracho, al dormir en la calle sus heridas se le infectaron; el talismán no valía para nada. Es posible incluso que fuese una venganza de los cristianos
Pero ellos la habían perdonado, no entendía nada, su cuerpo ardía con la fiebre, se desplomó en la calle
Cuando abrió los ojos, estaba en una cama, alguien había limpiado sus heridas
¿Cómo estas Claudia?; dijo una voz que le sonó familiar; y lo era,  se trataba de una de las hijas de la familia, a la que ella había traicionado, la hija mayor ya viuda, que vivía en otra cosa, Claudia la había visto en la casa de la buena matrona
Fingiendo ignorancia, Claudia, le pregunto por sus padres y hermanos, qué  era de ellos; pretendía, averiguar, si conocía lo sucedido
Y claro que lo conocía; pero no la odiaba, la amaba porque era su hermana, y se río, cuando Claudio le hablo de su mala suerte, de la mala suerte que le diera, “el talismán”; y con mucha paciencia, fue poco a poco, destruyendo las supersticiones, que había en su corazón, para hablarle después del Dios de Jesús
Y, la luz de la fe,  fue prendiendo en el corazón de la joven Claudia, su decisión estaba tomada, seria cristiana
Pero a los pocos días, fue encarcelada junto con María, que fue condenada a muerte, a Claudia se le iba a pagar con la libertad y unas monedas, pues el  pretor la conocía de la vez anterior; y pensó que había sido ella la que había denunciado a la joven viuda
Pero como insistía en que era cristiana, fue conducida, tras torturarla al mismo calabozo, sucio y hediondo donde se hallaba María, Claudia ya no temía la muerte, sólo el  morir sin las aguas del bautismo, y, no entrar en el Cielo, María la tranquilizo, moriría sin bautizar, pero entraría en el Cielo, su sangre sería su bautismo
La primera en ser martirizada fue María, murió atada a una Cruz de fuego, para Claudia habían destinado una pantera negra, brillante, que ella no vio como una fiera, si no como un ángel amigo, que le traía las llaves de su Casa
Sus últimas palabras fueron, Jesús perdóname, te conocí tarde, pero ahora no me  rechaces
La respuesta, la escucho del propio Jesús en una fiesta que aún dura, y se renueva cada día
Fue así como supo que el talismán, si funcionaba

Fin

jueves, 2 de marzo de 2017

Teatro de guiñol


El teatro de guiñol
El pequeño Luis, había ido con su abuelo por primera vez, a ver un teatro de guiñol
Desde que se alzó el pequeño telón, y aparecieron, el ogro, la princesa, la bruja, el príncipe, el soldado, el aldeano etc.
Luis no apartaba los ojos, de los títeres y escuchaba ávidamente los diálogos
En su inocente imaginación soñaba con ver a la bruja convertida en una buena mujer, pero la historia sucedía siempre como tenía que suceder, sin los cambios que hubiera deseado, así un día tras otro; porque el pequeño quiso verla más de una vez, esperando siempre que fuese distinta
Un día por fin, se decidió a preguntar a su abuelo
Abuelo, por qué siempre es igual
El abuelo, D. Luis le dijo la verdad, “porque son muñecos, títeres, seres de trapo, o de madera manejados por actores que les hacen decir lo que quieren, ellos no tienen vida, no pueden hacer nada, por eso la bruja, siempre será bruja, la princesa, princesa, y así todos y cada uno de los personajes, que carecen de voluntad
Lo que es importante, Luis, es que cuando seas mayor, tengas cuidado y en la función de Teatro que te toque actuar, seas tú, y no otro, u otros quienes muevan los hilos; que seas tú sólo quien actúe, pero siempre siguiendo al Guionista y de su mano
¿Al Guionista, quién es?
Es Dios, hijo mío; nunca dejes que otros te  lleven a hacer lo que no quieras; y lo que es peor, te haga creer,  que es lo que tú quieres, se fiel a tu conciencia; pero todo esto que estoy diciendo, te queda aún muy lejos; y  sé que no me comprendes, lo que tienes que hacer ahora, y será una preparación para el futuro, es obedecer a los papás, ser bueno en el cole, y no perderte la catequesis; lo otro vendrá después, pero te encontrará preparado para tu papel, porque no lo olvides, la vida es un teatro, que la tuya, no sea un teatro de guiñol
Fin



El Templo


El Templo

El Templo se erguía soberbio, sobre la montaña de Sion, admiración de propios y extraños, aunque éstos se cuidasen mucho, de no acercarse más allá de lo permitido, para no ser apedreados
Herodes, llevaba tiempo enfrascado en su construcción, una forma de ganarse al pueblo, de que se creyese en su conversión sincera a la fe de Moisés, nunca lo iba conseguir, tampoco le importaba demasiado, tenía el poder, y el apoyo del único dios que le importaba, del César de Roma
Claro que ahora no, nos interesa Herodes, si no la historia, o el inicio de la historia de dos muchachos
El primero
José Caifás, tiene 16 años, ya ha sido prometido, con la hija del sumo sacerdote Anas, tanto los padres de Caifás, como el propio Anas son saduceos, por lo que sólo les mueve una cosa, el poder, y el éxito, en la, tierra, pues más allá de la muerte no esperan encontrar nada
Hoy es el quinto día de la semana, José Caifás, asiste a “sus clases” en el Templo, escucha con “humildad”, responde sólo a lo que se le pregunta; es un muchacho educado y comedido, un día será él, el sumo sacerdote; aunque no es fariseo, y sus creencias difieren mucho, siente simpatía por estos
Muy cerca de donde se sienta Caifás, está sentado desde hace ya dos días, otro muchacho, mucho más joven, no más de 12 años, por lo tanto menor de edad según La Ley, sus vestidos revelan que es un campesino, un muchacho pobre; de todo ello deduce Caifás, que ha de ser también un ignorante, en Las Escrituras
Por su forma de responder ha podido saber que es de Nazareth, de ese pueblucho casi pagano
No puede evitar mirarlo con desprecio, porque encima ha tenido la sensación, de que él lo mira con amor, como a un hermano, y que conoce sus pensamientos, que está por encima del, pero eso es imposible, sólo es un aldeano
El otro chico, el campesino, responde con firmeza cada pregunta, y no sólo eso, si no que aprovecha para formular el mismo otras, algo inaudito, da la impresión, piensa Caifás, de que se debe creer su autor, el autor de La Tora, del Pentateuco, de los profetas, algunas de sus preguntas quedan en el aire, poco antes de que sus padres otros aldeanos vengan a buscarlo, y su madre tenga la osadía siendo mujer, de pisar el interior del recinto sacro; para reprender a su hijo; poco antes de que sucediese aquel incidente, Caifás había preguntado al muchacho; si creía que el Mesías, estaría próximo a aparecer, es decir de venir al Pueblo de Israel
El  muchacho campesino, lo había mirado un minuto en silencio, y luego había respondido, “Está muy cerca de ti, Caifás está a tu lado”; como entro su madre, y se lo llevo agarrado de una mano, pues no pudo, preguntarle a qué se refería al decir, que estaba a su lado, aunque teniendo en cuenta, que estaban los dos solos, y, que el chiquillo debería creer como los fariseos en espíritus tutelares, se debería referir al ángel guardián de Caifás, de existir los ángeles, que bien sabía Caifás que el único Espíritu era el Eterno
Han pasado 20 años, Caifás es ahora el sumo sacerdote, aunque suele tener detalles con Anas su suegro
Hace tiempo, que tiene ganas de acabar con la vida de un Rabino itinerante, un carpintero de Galilea, Jesús el hijo de José,  ha convencido a todos, de que es lo  mejor, que muera, uno, y, no que todo el pueblo perezca, la verdad el pueblo no le importa nada, lo que le importa es que se pueda perder la vida regalada que lleva, que se ponga de moda, los dichos del Rabino Jesús, de que todos son iguales ante Dios
Esta ya cercana la Pascua, algunos ya la han celebrado, hoy Caifás juzgará a Jesús, aunque ya está decidida la sentencia, después habrá de ratificarla el gobernador romano, pero lo hará, sabe, como manejarlo
Jesús por si fuera poco, ha dicho que el Templo, no va durar para siempre
El Templo, la morada de Yahvé, sólo un loco, o un blasfemo, puede hablar así, vocifera Caifás, cierto es que al no esperar nada, tras la muerte, lo que le molesta de que se vaya el Templo, de que desaparezca, es que se acaben los sacrificios, y, el pierda toda la ganancia material que consigue con ello
Ha llegado la noche, Jesús y Caifás, se han visto de cerca, muy de cerca, y, Caifás ha reconocido en él, a, aquel campesino, ahora sabe a qué se refería cuando dijo, “El Mesías está a tu lado, Caifás”
Como lo había planeado, condena a Jesús a muerte, no tanto por decirse Mesías, si no por darse el Nombre sobre todo Nombre
Porque a la pregunta
¿Tú el Mesías el Hijo del Bendito?
No ha dicho, lo soy, todos somos sus hijos
Si no, que respondido en voz alta
Tú lo has dicho, “Yo soy, y veréis los ángeles de Dios bajando y subiendo, sobre el hijo del Hombre”
Yo soy, así se había presentado Dios a Moisés
Y, Jacob, había visto a los ángeles subiendo y bajando, sobre el trono de Dios
El rabí de Nazaret, se igualaba a Dios, se proclamaba Dios
Caifás había hecho justicia, su justicia, había preservado el Templo
Pero el Templo duro sólo unos pocos años más, no llego a 40, en el año 70 fue destruido,  ya no habrá más Templo, ahora el Templo de Dios es el hombre
¿Y, que fue de Caifás?, algunos libros antiguos lo pintaban en el infierno, pero Jesús oró por él en la Cruz; “Padre, perdónales que no saben lo que hacen”, si Caifás creyese en la resurrección habría sido de otro modo, la oración de Jesús es omnipotente, lo siento por los viejos devocionarios, pero aunque sea en el último rincón del Cielo, allí estará el pobre Caifás
Porque para Jesús es su hermano pequeño, que no sabía lo que hacía
Fin



Aarón



Aarón cuento

Aarón el niño hebreo


De la vieja casa de adobe, en la ciudad de Gossen; salían los llantos de una mujer, el canto de una muchacha, y las risas de un niño, de un niño llamado Aarón, un pequeño de cinco años, hijo de esclavos hebreos
El pequeño, juega va y viene, no entiende que pasa, su mente infantil no puede comprender el mundo de los mayores, qué habrá sido del hermanito, que llego a casa, hace un tiempo, tres meses cree haber oído, lo que si recuerda es al hermanito, un llorón, que ahora ha desaparecido, no está su madre, y su hermana, le dicen que lo soñó, que  nunca hubo más niño que él, pero él sabe que no lo soñó, hubo un niño, con el que habría jugado
Por las noches, reza con sus padres al Dios de Abraham, pero también a Osiris, a Ram, a Isis, a los dioses egipcios, al fin y al cabo son dioses poderosos; ahí están los niños egipcios que son libres; que tienen todo lo que desean, que no ven a un hermanito, que de pronto desaparece; como su hermanito, como los demás niños hebreos
A lo mejor, dice su mamá Jacobed, “que los dioses con más poder son los egipcios, y sin dejar a su propio Dios a “El”, al Dios de Abraham, no está mal rezar a los otros; por eso Aarón les reza, aunque se le escapo, decirle, a “El”, “que es su Dios preferido, que por favor haga que vuelva su hermanito, y que dejen de ser esclavos.
Su madre deja escapar una lágrima, sabe que ningún dios traerá a  su pequeño depositado en un cesto en el río, si no lo recogió nadie, habrá sido pasto de las fieras, de los cocodrilos; pero no podía haber hecho otras coas, los hubieran matado a todos;  lo mejor que le podía pasar que alguien lo encontrase, y lo escogiera para esclavo eunuco
Sí, lo mejor para su hijo pequeño, era ser un esclavo castrado,  por lo menos estaría vivo,  eso era lo mejor, la otra perspectiva era la muerte, y el pequeño Aarón pidiendo un milagro, bendita la inocencia de los niños, que le importaría al dios de Abraham, aquel grupo de esclavos

Mamá cuida un niño
Un día, Aarón, escucho el llanto de un niño, fue corriendo y vio a un pequeñín metido en su cunita
¿Es? Pregunto, clavando los ojos en él
No, dijo su mamá, es hijo de la princesa,  Akena Tai Anai, la hija del faraón, me ha encargado que lo críe
Pues yo creo que es mi hermanito
Pues, no, no es tu hermanito, ya te hemos dicho que no tuviste ningún hermanito, y cuidado con las tonterías que hablas en la calle. Se calló, sabía que  era su hermanito; pero haría lo que decía su mamá.
Así se fue acostumbrando a ver al pequeño, al que llamaban Moisés, nombre que le había puesto la princesa, Akena Tai Anai, su supuesta mamá, aunque él sabía que no lo era, su mamá era la que lo tenía en brazos,  lo amamantaba, es decir Jacobed, a los pocos meses vio, como empezaba a hablar, a llamar mamá a su mamá, le vio dar sus primeros pasitos. Le encantaba llevarlo de la mano, soltarlo hacerle rabiar un ratito; cuando lo soltaba, y fingía irse, el pequeñín, se veía caer y lloraba como un descosido, entonces Aarón, le sujetaba por la espalda, lo alzaba o intentaba alzarlo, en alto, y caían los dos por el suelo, riéndose a carcajadas, mientras que mamá los reprendía, conteniéndose la risa

Hermano encontrado


Por fin llego el día de su décimo cumpleaños, su madre le hizo un manto precioso, y una gran fiesta, todo lo grande que puede ser la fiesta en casa de unos pobres, pobres y esclavos
Moisés era uno de los invitados, Jacobed los junto y le dijo a Aarón, “Moisés es tu hermano”; el hermano que hubimos de poner en un cesto en el río; pero ahora es hijo de la princesa; quién sabe porque Dios, o los dioses lo han querido así; si es que existen, yo creo que sí, pero que es Uno solo; tú debes tratar a Moisés como a tu hermano, porque es tu hermano; tu carne y tu sangre, sois mis hijos; pero recuerda que un día tendrás que postrarte ante él, pues será tu Señor, no lo olvides ahora, ni entonces olvides que es tu hermano
Lo mismo te digo a ti Moisés, cuando te sientes  en el trono del Halcón sagrado, no olvides quien es tu hermano, y quien es tu madre, quien te parió, y, ahora a jugar, ya se Moisés que no me has entendido, sólo espero se te graben en la memoria mis palabras.
Los dos niños salieron corriendo a jugar con sus amigos. Los años fueron pasando; y llego el décimo cuarto cumpleaños de Moisés, día en el que abandono el que había sido su hogar, para trasladarse a vivir al palacio del faraón, para siempre
Venía a ver a su familia,  pero ya no era el mismo, él quería serlo;  pero todo era distinto, hasta sus ropas, llevaba una túnica bordada en oro, y, bastón de marfil
Llegaba en silla de manos, llevado por criados, y su hermano y su madre, le llamaban, “Señor”; aunque al quedar solos todo volvía a ser como antes, y, él volvía a ser Moisés
Pero poco a poco, se fue alejando de los suyos, se convenció a sí mismo de que era un príncipe egipcio; y, Aarón fue viendo a su hermano como un miembro del pueblo opresor

Vaya lío

Pasaron los años, y un día Aarón dejo de ver a su hermano; y, comenzó a escuchar cosas que no entendía, se decía que Moisés el príncipe egipcio, había sido declarado prófugo, que habían puesto precio a su cabeza, que se hallaba huido, había dado muerte a un egipcio, y se había declarado hebreo
¿Estará loco, se dijo Aarón, a qué viene ahora esa locura?; Nos  van echar la culpa, debió esperar a ser faraón para ayudarnos; aunque es posible que nunca llegase a serlo, por su condición de tartamudo, pero si podría haber influido, ya que siempre sería un príncipe egipcio, ahora es un prófugo, nos ha metido en un buen lío, si vaya lío en que nos ha metido mi hermanito

Ante el faraón

Había pasado mucho tiempo; ya todos daban al príncipe  Moisés por muerto; bueno ya nadie le llamaba príncipe si no el traidor
Aarón había tomado esposa Elizabeth, ya tenía varios hijos, no esperaba volver a ver a su hermano
Y de pronto un día, vio venir por el camino una mujer desconocida, con dos pequeños, seguidos de un hombre al que en un principio no reconoció, hasta que lo tuvo delante de sus ojos, no se lo podía creer, era el príncipe Moisés, era su hermano, un hermano loco, trastornado, que pretendía que lo acompañase a ver al faraón, para que este dejase libre a su pueblo, a los judíos, Aarón sería quien hablase
Según Moisés, Dios estaría con ellos pues la idea era suya
Dios, qué dios, dijo Aarón
Yahvé, “El que es” respondió,  Moisés
Qué es qué
Eso, “Es Él que es” así me lo revelo
“Yo soy, Él que soy”
Bien hermanito, todo el mundo es algo, ya sabes, “yo soy tu hermano”; así que ese dios será algo, no me llega el “Yo Soy”
Ha de llegarte Aarón, porque sólo “Él es”
Cedió Aarón y los dos se vieron frente al faraón, que  no podía contener la risa, Moisés hizo algunos prodigios y los sacerdotes egipcios también, pero no consiguieron nada, al contrario, el faraón aumento el trabajo, pero de pronto en el pueblo egipcio empezaron a suceder fenómenos extraños, aguas que se volvían sangre, mosquitos, langostas que lo devoraban todo, tinieblas, hasta que un día

Cena especial

Los pastores acostumbraban a comer un cordero o cabrito una vez al año, por a ello a Aarón que era pastor, no le sorprendió la idea de su hermano, sí  la forma en que debía hacerse
El animal habría de ser sin defecto, macho de un año, habría de ser sacrificado el 14 de Nisan, al atardecer, lo matarían con su sangre pintarían las jambas de las puertas, y lo comerían asado entre dos palos, lo que sobrase lo quemarían, lo acompañarían de panes sin fermentar, durante la comida estarían de pie, con los bastones en la mano
Esa noche los hijos de los egipcios, sus primogénitos serían heridos de muerte
Siendo sinceros hubo muertes en los dos pueblos, pero Moisés dejo bien claro a su hermano, y este al pueblo que nada tenían que ver unas muertes con otras, nada pudieron los dioses egipcios, ni Amon, ni Ra, ni Anubis, ninguno para detener la muerte, desde el faraón a su esclavo todos  lloraron la muerte de su primer hijo, en algunos del único hijo, el faraón empezó a verlos como una plaga, ya no sólo les permitía irse, se lo ordenaba

                                            El Gran Pecado                    
Se vieron cercados, perseguidos por el ejército del faraón, sin salida, el mar Rojo frente a ellos, y de pronto cruzaron el mar como si fuese un río en estiaje. Siguieron avanzando, vieron la montaña del Sinaí centelleante, y a Moisés, hablar por medio de Aarón de diez normas que deberían cumplir, muchas no les eran extrañas estaban en el Libro de los muertos, que los egipcios les obligaban a aprender, otras las de adorar sólo al Dios que los había sacado de Egipto, eran nuevas, prometieron cumplirlo todo, y Moisés volvió a la montaña, tardaba Moisés, y se impacientaron, necesitaban un dios, una imagen que se lo recordará, a la que invocar, y a la que amenazar, dieron sus joyas, a Aarón,  y Aarón cedió, les hizo el ídolo, el becerro de oro, su dios, porque todo pueblo, todo hombre precisa un dios, incluso el que dice que no cree en él, y si no lo tiene lo fábrica, luego dice que no cree en Dios, porque le da vergüenza mostrar el suyo; todo hombre precisa un dios, y si es uno manejable que este donde lo pongan que no incordie, mejor que mejor
Moisés bajo indignado, castigo cruelmente al pueblo, riño a su hermano, qué iba hacer, amaba a su hermano mayor, oro a Dios, al verdadero Dios no al ídolo, y Dios no el ídolo, les dio su perdón a todos, porque era su pueblo, sus hijos, sus criaturas
El perdón

Dios perdono al pueblo, perdono a Moisés, porque desconfío de su misericordia de que diese de nuevo agua al pueblo que no la merecía, como si Dios, fuese esperar que mereciésemos algo, Moisés cumplió con su hermano su misión de llevar el pueblo a una tierra nueva, en la que no llegarían a entrar
Tierra nueva
Un día Aarón y Moisés, vieron la Nueva Tierra; no entraron en ella, no les importó, les aguardaba Una Tierra mejor”
Fin



El Mercader

Mercader


Esta es la historia de un viejo mercader; de un mercader ambulante, un buhonero
Sucedió hace mucho tiempo, en España el protagonista se llamaba, Jacob,  pero podría llamarse de cualquier otra forma, en el momento en que tiene lugar nuestra historia, es ya un anciano, tiene cincuenta años,  recuerda que paso hace muchísimo, muchísimo tiempo, nuestro amigo es viudo, tiene una hija también viuda que tiene dos pequeños; los cuatro recorren calles y pueblos en su burro “Nafás”, y su pequeña carreta, vendiendo un poco de todo
Pero mejor vamos a conocerlo, está montando su tienda, si su tienda, ambulante pero tienda
Tienda ambulante
Jacob beso a sus nietos, Abraham de ocho años y María de cinco; después beso a su hija Raquel, el esposo de esta había sido asesinado cuando ella estaba esperando el nacimiento de la pequeña María, unos “cristianos viejos”, lo habían matado por ser judío
Raquel, Jacob y el pequeño Abraham, se salvaron porque no estaban en casa, por eso transformo su pequeño zoco, en una tienda ambulante, con lo que iba de pueblo en pueblo, allí llevaba todo tipo de telas, que tejía la bella Raquel, de tan solo 20 años, especies, aceites, hierbas curativas, alfombras, tapices, que ofrecía al grito de “Venga y vean”, y también joyas, hoy diríamos, bisutería, y alguna alhaja autentica
Y, lo que era su propia vida, cortinones, un brasero, para cocinar, unos cojines, unas mantas
Se quedaba en los pueblos, el tiempo que la prudencia le aconsejaba, no más de una semanas, procurando que el Sabat, lo cogiese siempre fuera del pueblo, para que nadie supiese que era judío, sobre todo por si había algún cristiano viejo
A Raquel le hubiera gustado más vivir en un sitio fijo, tener un hogar una casa como antes, y que los niños fueran a la escuela, poder acudir libremente a la sinagoga, pero aceptaba su situación,  los pequeños aprendían a leer con su abuelo, y, escuchaban historias de los personajes cuyos nombres llevaban, pero poco más, porque lo niños ya se sabe, lo cuentan todo; es por ello que tenían prohibido hablar con nadie, sin estar su abuelo, o su madre presentes, bueno la prohibición era de no hablar con un adulto, pero no de no hablar con otro niño, de eso, nadie había dicho nada, y, aquella mañana sucedió lo que te cuento ahora

El niño pobre


Abraham y la pequeña María se habían quedado un momento solos, antes de salir el abuelo, y, su mamá, les habían dicho bien claro; “No habléis con ninguna persona mayor”
Los niños eran obedientes y lo cumplieron, pero llego, Jaime, un niño mayor que María, pero menor que Abraham, iba desharrapado, descalzo, sucio; con los ojos llorosos.  Les pregunto quiénes eran y se lo dijeron, no le ocultaron que eran judíos; por qué iban a ocultárselo a otro niño; él les dijo que tenía  siete años; era huérfano y se llamaba Jaime, había huido de casa de unos familiares que lo trataban mal,  lo hacía trabajar de sol a sol, dormir en las cuadras con el ganado, y  apenas le daban de comer
María le ofreció un pedazo de cecina de vaca, que Jaime comió, más bien devoro, acompañado de un vaso de agua, luego pidió si tenían un pedacito de tocino, le dijeron que ellos no comían tocino, no comían cerdo, porque era pecado
Llego Jacob y no dio importancia a la charla de los tres pequeños, regalo un trozo de chocolate al pequeño Jaime que se despidió muy contento

La Dama rica
Jaime fue abordado por una mujer muy elegante, y muy guapa
“Ven aquí pequeño no tengas miedo”
El niño fue corriendo, y se detuvo ante ella, la dama se inclino y le acaricio la cabeza, revolviéndole el cabello, saco un pañuelo de la manga de su blusa, y le limpio los mofletes manchados de chocolate. ¿Te vi en el tenderete, no habrás ido a robar, eso está muy mal; no, tú no robas, eres un buen chico?
Claro que no, señora, no robo eso está mal, fui a ver, son buenos me dieron cecina de vaca y chocolate
Vaya, vaya, así que son buenos, dices
Si señora, lo son
Así que son buenos cristianos
Supongo que sí, no lo sé
Has dicho que eran buenos, y ahora no sabes si son buenos cristianos, en qué quedamos
En que no se, si son cristianos
¿Te gustaría venirte a vivir conmigo, si tus padres te dejan?
No tengo, soy huérfano
Bien en ese caso

La dama ordeno a un criado, que estaba a pocos pasos que se acercara, y, se hiciera cargo del pequeño
Una semana más tarde; la dama visitaba la tienda de Abraham, acompañada de Jaime, al que era imposible reconocer con sus viejas ropas. Todo fue bien, adquirió, hierbas, perfumees, especias; al final pregunto, si tenían tocino
Abraham respondió que no, entonces  insistió, “Cuándo lo tendrán”
Nunca, señora no vendemos tocino, fue la respuesta de  Abraham
No veo cruces, ni crucifijos, dijo la dama
¿No, sois cristianos?
Somos, somos judíos señora, siempre lo hemos sido, somos buena gente
Claro porque no ibais a serlo, por qué un judío no iba a ser buena gente, esto último lo hizo remarcando la última palabra, con un deje de desprecio
Fue lo último que hablo, salió de la tienda sin despedirse

Jacob,  mando a su hija que preparase a los niños; tenían que irse a otro lugar, otra aldea,  tal vez otro pueblo, u, otro país, y, plantearse si no deberían tener, “tocino” y cruces para los cristianos
Pero ahora, debían huir, seguramente la dama, una noble sin duda, ya los habría denunciado, a la Inquisición, si bien es cierto que al no ser cristianos, nada podrían hacerles, salvo tal vez darles a elegir entre bautizarse, o morir, o ser expulsados, así que mejor era irse, como siempre, siempre huyendo como criminales

La alhaja

Estuvieron  huyendo mucho tiempo, muchos días, hasta que hallaron un pueblo que les pareció tranquilo, porque  estaba  muy lejos del anterior, nadie los conocería allí
Montaron de nuevo su tienda, todo iba bien
Hasta que un día, el pequeño Abraham, encontró dentro  del muñeco que le había regalado, aquella dama, una joya muy rara, y que debía valer mucho dinero
¿Qué hacemos abuelo?
Jacob, miro un momento la joya, “era de eso no había duda de mucho valor”, qué vamos hacer devolverla, pero cómo hacerlo sin arriesgar nuestras vidas, pero tampoco podemos retener lo que no es nuestro
Creo que  he tenido una idea,  me presentaré al alcalde, y le diré que encontré la alhaja, al montar la tienda, que busquen a la dueña, o, al dueño
¿No dirás quién es?
No, que busquen ellos
Y, Jacob  hizo lo que había dicho, el alcalde fue grose4ro, y, lo trato, como si fuese un ladrón, de ser judíos, aunque la ley, reconoció el alcalde, castiga a los judaizantes, no a los judíos, aunque se aconseja el bautismo, pero bueno estáis aquí por ladrones
“No hemos robado nada” insistía Jacob
Se os ha encontrado esta alhaja
La trajimos nosotros mismos
¿Así que confesáis haberla robado, pero os habéis arrepentido?
No, por favor, no robamos nada, somos inocentes lo juro
Hay una Dama que dice que la habéis robado
Pues será una dama, pero miente,
Cómo te atreves a decir que una duquesa miente
No digo que una duquesa mienta, digo, que quien haya dicho, que hemos robado miente, la encontramos y la íbamos a devolver
La ibais a devolver, ¿Luego confesáis qué no es vuestra?; por fin
Claro que no es nuestra, nunca dijimos que lo fuese  una dama estuvo en la tienda, se le debió de caer dentro del muñeco, cuando mi nieto la encontró, no sabía lo que era, al mostrármela supe que teníamos que devolverla
Sabes que voy hacer con tus nietos, darlos a un matrimonio cristiano, y tu morirás en la horca por ladrón
Si yo fuese ladrón, habría escondido bien la joya, no la llevaríamos con nosotros
Un alguacil los llevo a mazmorras separadas, los niños lloraban, y Abraham aparentaba una fortaleza que no sentía

El Perdón

Al día siguiente los sacaron de la cárcel, muy temprano y los llevaron con los ojos vendados, ellos iban llenos de miedo; los hicieron subir unos escalones, y, les sacaron las vendas
Frente a ellos estaba, “la dama acusadora”, sentada en una gran silla, colocada sobre una tarima. Temblaron al verla, pero ella,  bajo de su sitial, llego hasta ellos se inclino, y les pidió perdón, por haber puesto a prueba, su honradez y su fe; a continuación añadió que la joya era un regalo para ellos, regalo que no aceptaron le dijeron que lo diese a los pobres, la dama entendió que no le perdonaban, y volvió a suplicar, a insistir en su perdón; entonces con lágrimas en los ojos, la abrazaron, porque la perdonaban, entonces fue cuando la dama dijo
¿Me haríais, el favor, de venir mañana a mi humilde casa, que ya podéis considerar vuestra?
Abraham dijo que sí, sabía que podía confiar

                              La Dama rica pobre, el pobre rico               

La dama, la señora lo recibió en su palacio, lo hizo vestida con sencillez, pero extendió ante su vista ropas lujosas para Abraham su hija, y sus nietos; con esto, dijo: quiero mostrar mi arrepentimiento; os  he puesto una tienda en el zócalo del pueblo; para que podáis vender vuestros productos
Tus nietos recibirán clase en mi  palacio; que es el vuestro; yo despreciaba por ignorante vuestra religión, olvidando que es la Religión de Jesús Nuestro Señor y de Santa María; sé que no matasteis a Jesús, no más que yo, hace trece siglos,  mal podríais haberlo hecho, tampoco fue aquí en Castilla, si no en Israel
Le pido a Dios, a nuestro Dios, que un día sepáis que Jesús es el Mesías, vuestro Mesías, un judío como vosotros
Pero nada haré por imponeros mi fe, que nace de la vuestra, que nace de Jesús
Abraham salió con lágrimas en los ojos, al día siguiente abrió la tienda, y dejo de ser un mercader ambulante, ahora vendía en la tienda que la dama de nombre Obdulia, le había abierto en el zócalo
Tiempo más tarde, al ver la bondad de algunos cristianos, entre ellos Obdulia; y el contrapeso de la maldad de otros, su hija y sus nietos se convencieron;  de que Jesús era el Mesías de Israel
Abraham el abuelo se enteró en el Cielo se lo dijo el propio Jesús, como hace con todos sus hermanos de fe judía, a los que recibe en Persona, como el viejo José de Egipto recibió a sus hermanos

Fin

lunes, 19 de septiembre de 2016

La Jirafa

                             

  La Jirafa

Regularmente, cuando el número que aparece en el teléfono es desconocido, no respondo;  pero aquella tarde no me quedo otro remedio, tal era la insistencia de la llamada, descolgué malhumorada, pensando en algún comercial, más la voz al otro lado, me lleno de asombro, no la esperaba
¿Eres tú, Sara?

Sí, soy yo, estoy en Monforte, me gustaría que nos viéramos charláramos, tengo tanto que contarte, qué tal mañana, en la Calle del Cardenal, a las 6  de la tarde

Calma, Sara, respondí, no vivo en Monforte, si no en La Coruña, pero bueno, que narices, si no te va mal, hoy es lunes, si no te va mal, el martes a las 8 en la cafetería que hay junto a Zalo
¿De, acuerdo, dónde vas hospedarte?
En el Parador, desde que.... bueno,  en el Parador, por cierto dime tú número de móvil, para llamarte al llegar, y, darte el mío

Intercambiamos los números de nuestros móviles, y, nos despedimos, no pegue ojo, en toda la noche, no me hacía gracia volver a la ciudad donde, pase mi infancia, pero siempre acababa volviendo
El martes por la mañana tome un taxi, desde el accidente no volví a conducir, llegue al pueblo a las 12, y, pedí habitación para una sola noche en el Parador; aproveche unos momentos para entrar en el viejo templo, antes monasterio benedictino, lo recorrí en silencio, y, me deje embargar, rodear por la paz que desprendían los viejos muros, los frescos de las paredes aún sin restaurar, me arrodille, ante el Señor presente en el Sagrario, y, sin saber porque, rompí a llorar, pero al mismo tiempo, me sentí llena de una inmensa paz, rece un avemaría, ante la imagen de Montserrat, la virgen blanca, como es sabido la imagen catalana, esta ennegrecida por el humo de las velas
Afortunadamente, sólo cuatro ancianas había en el templo, así que no hube de dar explicaciones, que no me apetecían
Salí, y me dirigí al parador, donde comí, tras lo que subí a mi cuarto, pues como ya dije, no quería encontrarme con nadie, del pueblo
A las siete de la tarde me arregle, me puse un vestido negro, con un cinturón rojo, unos zapatos planos, mi bolso bandolera, y, comencé a descender la cuesta, que lleva al centro de la ciudad, para reunirme con Sara
No me costó reconocerla pese al mucho tiempo que llevaba sin verla, era la misma, el tiempo se había detenido, allí estaba con  sus vaqueros, su camisa por encima del pantalón, su cola de caballo, y, su rubio cabello, rubio rojizo mal peinado, y, un bolso enorme
Me dio dos besos uno en cada mejilla, sonrió, y dijo
Vamos a sentarnos, aquí en la terraza
Camarero, dos daiquiris por favor
Esto es Monforte, mejor pide  2 cañas
Ahora cuéntame, qué fue de tu vida, la última vez que te vi, llevabas coletas
Bueno,  ya no éramos niñas, tú, te ibas a casar, por cierto, ¿Te casaste?
Sí, me case
Vaya, tienes que presentármelo
No, hay nada que presentar
Vaya lo siento, que torpeza la mía; siento que estés viuda

No, estoy viuda, mala hierba no muere, estoy divorciada, y, varias veces por eso mi familia, no quiere saber nada de mí, pero háblame de ti, quiero saber cosas de la pequeña Sara. ¿Se casó la pequeña Sara, está divorciada, viuda?

No,  pero hubo varios hombres en mi vida, cómo sabes, qué digo, cómo vas a saberlo, ahora soy novia, o, lo que sea de un pintor Raimundo Oquea; aunque parezca raro, con más suerte que Vangoh,  estoy aquí, en Monforte, porque se ha organizado una exposición de sus cuadros
¿Dónde?, a ser posible me gustaría verlos

Claro que los veras, para eso, te hice venir, es en el Casino, con invitación, porque el aforo es pequeño, pero aquí tienes la tuya, Irene

En el Casino, pues lo siento, pero no voy a ir, a otro sitio, tal vez pero ahí, no, de ningún modo, no quiero encontrarme con ellos

Tranquila las invitaciones son personales, y, de tu familia sólo estas invitada tú

En ese caso cuenta conmigo, aunque voy estar pocos días, tú tienes que acompañar a un pintor, y, yo no acompaño a nadie, pero soy escritora, y, la editorial para la que escribo, me va hacer fosfatina

Tranquila, es hoy a las 10 de la noche, por la ropa no te preocupes, es informal, y, estas estupenda, tal como vas vestida.
                     

    La Exposición

Llegue a las 10. 45 al hotel Luguria, donde tendría lugar la exposición, no la del novio de Sara, si no, otra a la que me invito también; esta la realizaba un afamado marchante de cuadros
Espere en la calle, pidiendo a Dios no encontrarme, con nadie conocido, Sara y su novio, llegaron unos minutos más tarde, y entre con ellos a la exposición, nos encaminamos juntos al vestíbulo, donde se estaba ofreciendo un ágape de bienvenida, se picoteaba, bebía, se hablaba de arte, de la exposición, aunque no era el único tema

La exposición tenía como novedad la presentación de dos cuadros inéditos, descubiertos, hacía poco tiempo, uno de Cezanne, y el otro de Munch, luego estaban otros de pintores desconocidos, y como no, del novio de Sara, de Raimundo Oquea; aunque debo decirlo, la mayoría eran copias de los originales, firmadas por copistas afamados con su propio nombre, el del copista, y, cuya cotización, según pude oír, era muy elevada; como suele pasarme con los temas que no domino; metí la pata, como suele decirse en una charla informal, al confundir  cuadros pintores, y, épocas; pero como suele decirse sabía fingir bien, y simulaba ser una bromista, cuando alguien me hacía caer en mi error
“El plato fuerte”; digamos, estaba en una sala aparte, allí se exhibía una copia, de “·La orquesta de Degas”; que  Raimundo el prometido de Sara, había adquirido a un importante copista; todo transcurría con normalidad hasta que Sara, se detuvo frente a la sección de “pintores desconocidos”; se trataba de un paisaje africano, en el que se veía un amanecer, con el sol ardiendo como fuego, que surgía tras las altas montañas, mientras la sabana, parecía, desesperezarse, como si de un tríptico, se tratase se veía, casi se oían rugir en el mismo cuadro, los leones a lo lejos agazapados, esperando a su presa, o como dice, el salmista, pidiendo a Dios su alimento, en la parte central, una casona africana, de grandes ventanales, y, dos portones, y, allí en el centro mismo, una mujer blanca, joven, vestida a la moda de finales del XIX, principios del XX, a la que el viento había despeinado, y, que acariciaba una cría de jirafa, mientras sus ojos, iban y, venían al anillo que llevaba en su mano, anillo, mejor dicho sortija, cuyo dibujo, era precisamente ese, “una jirafa·

De pronto apareció, Sara, venía muy nerviosa, se acercó a su prometido, y, le pregunto, qué hacía el cuadro aquel en la sala, luego más calmada,  rogó a Raimundo que se lo comprase, lo prefería a la copia de Degas, que este le había regalado

¿Estás loca?, a ese Dumbran no lo conoce nadie, a Degas si, le dijo Raimundo

Pero es que no me has regalado un Degas, sí no una copia, buena, pero copia, y, a ese Dumbran, si hay quien lo conoce, porque es mi abuelo

¿Tu abuelo, vamos ya, si ni tus apellidos son Dumbran?

Bueno a lo mejor es porque Sánchez es muy vulgar

Vulgar, vulgar, era uno de los apellidos de Santa Teresa, así que teniendo en cuenta que era familia  hidalga

Dejemos la heráldica, mi abuelo pinto a mi abuela antes de casarse, el cuadro estaba en su casa; pero al divorciarse mis padres, mi abuela que culpaba a su hijo, es decir a mi padre del divorcio, se lo regalo a mi madre; y esta pronto lo relego al desván decía que no hacía juego

¿Tu madre entendía, entiende de arte?

No voy hablar de mi madre, pero quiero el cuadro, es un favor que te pido, es muy importante para mí

Raimundo cedió, y nos fuimos a celebrarlo, a un  conocido restaurante, durante la cena, no pude evitar preguntar a mi amiga, cómo era posible que ni ella ni ninguno de sus dos hermanos, supiese pintar; bueno ella ni una de esas casitas de los niños pequeños; nos contó que su abuelo había fallecido cuando ella, la mayor tenía 7 años, su hermano Luis, 5, el pequeño Raúl, nacería 8 meses después, tal vez por eso no sabían pintar

Me acuerdo, dijo, de la sortija de la abuela,  le tenía mucho cariño, me la regalo cuando cumplí los 18

¿Era de oro?, pregunte

No lo sé, supongo que sí, uno no regala, una baratija a su prometida

Vamos, qué todo es real, me refiero a lo que refleja el cuadro

Así es la joven es mi abuela en África, en casa de mi abuelo antes de casarse

Caray con Doña Sara, no la hacía yo tan viajera

Pues te equivocas, lo fue, muy viajera eso sí, de joven, ahora la pobrecita mía, tiene miedo hasta a subir al autobús, claro que estoy exagerando un poco

Normal, es la edad, tu abuela ya tiene sus años

No, no me refiero a su edad, no hablo de ahora, desde que tengo uso de razón nunca quiso viajar

Quien sabe, lo que le pudo pasar en algún viaje; lo que importa ahora es que ya tienes el cuadro

Sí, ahora sólo me falta recuperar la sortija
Pues mira hablando de la sortija, mañana voy ir al rastrillo,  es domingo, bueno eso ya lo sabes, lo que iba decirte es que si quieres me puedes esperar a la salida de Misa, por qué tu no vas a misa, ¿verdad?

No, no voy, Raimundo no va, porque no es creyente, yo sí lo soy,  más que muchas beatas, pero no voy hablar ahora de mi vida espiritual, el caso es que no voy a misa, pero te iré esperar, para acompañarte al rastrillo; si no puedo ir, no me esperes, si ves algo interesante tú, en el mismo ya me llamaras

Claro que te llamaré; yo conocía a Sara, sabía que no iría esperarme, al rastrillo en las afueras de 
Monforte iría yo sola

La conversación siguió por otros derroteros, al final salimos del restaurante, caminamos por las calles desiertas, y, como la noche estaba  apacible, me acompañaron caminando hasta el parador.

La Sortija del rastrillo
Aquel domingo me había levantado  muy temprano, desayune me di una ducha relajante, y tras vestirme salí del parador;  fui primero a Misa, me fui imposible sacar de la cabeza la idea que le había entrado a Sara, con el cuadro de las jirafas

Tras la Misa, fui al rastrillo, pasee por medio de sus puestos como una sonámbula, hasta pararme ante uno, que vendía, “joyas antiguas”;  aunque llamarles joyas sea un poco exagerado, era solo bisutería,  pero había una, en la que la forma, y, el diseño eran el mismo, que la que lucía la abuela de Sara, en el cuadro, una jirafita pequeña en relieve rodeada de unas hojas de oro, agarre la sortija en la mano, le di vueltas una y otra vez, y, pude ver una grabación casi borrada, “una S, y una L, entrelazadas con una fecha ya borrosa,1940, o 1947

Entonces pregunte el precio, y tras mucho discutir con el vendedor, me la lleve por 6 €, sin ningún remordimiento de conciencia por mi parte

Llame a Sara y quede con ella para comer en un conocido restaurante

Durante la comida, y la charla le mostré la sortija

No se lo podía creer dio un salto, casi lloraba de la emoción

“Dios mío, de dónde la has sacado, es la de mi abuela”

No, creo que no, es parecida muy parecida, sólo eso, pero fíjate bien, ni siquiera es de oro, y, hay más la grabación la S, bien tu abuela se llama Sara, pero la L, tu abuelo se llamaba Miguel

Tal vez mi abuelo era original y quiso poner la letra final de su nombre.

Mujer eso, que dices no tiene sentido alguno,  y esto no es una joya.

¿Tú que entiendes de joyas, sabes que esta sortija carece de valor?

No hace falta, es sentido común, y no te enfades. Tengo una idea, hoy estuve en casa de mi madre, y me traje algunos álbumes de fotos antiguas, de cuando la abuela era joven, de su boda, tal vez tengamos ahí la clave

¿La clave de qué, de por qué tu abuelo Miguel usaba como inicial una “L?

No, no me refiero a eso, pero sí de la sortija, ya sabes te espero mañana a las siete de la tarde en mi casa, es la de siempre así que no tienes perdida ni excusa

Vieja joya


Llegue a casa de Sara, a las siete, estaba muy nerviosa, me llevo hasta su dormitorio,  era una gran estancia con amplios ventanales que daban a un parque privado, y, a una piscina, el sol entraba a raudales, todo era un perfecto desorden, encima de la cama, había abiertos varios álbumes de fotos

Vamos, tenemos que ver todas las fotos

Aquí están las anteriores a 1960, y, de estas he sacado, “las africanas”, a ver si descubrimos algo; es decir

Y, vaya si descubrimos, justo lo que buscábamos, “una granja en África, una joven muy guapa, que se parecía a Sara, y, que aparecía, abrazada, o, riendo con un joven desconocido; aunque es cierto que la gente cambia con el paso de los años; pero aquel joven, no se parecía en nada, al que salía en las fotos del abuelo de Sara, no aquel no podía ser su abuelo, no se cambia tanto, su abuela estaba en muchas fotos en una, al lado de una jirafita, dándole el biberón
Sara, tomo las fotos, las echo con rabia sobre la cama; “Éste no es mi abuelo”

¿Estas, segura?

Claro, ya sé que la gente cambia con el tiempo, pero fíjate  mi abuelo era chato, este tiene nariz aguileña

Pues, se ve muy animado con tu abuela

Pues sería un ligue

Pero por qué no tiene fotos con tu abuelo; fíjate en ésta,  está pintando, ¿Tu abuelo? No, el hombre misterioso

Vamos a mi abuelita Sara, le iban los pintores. Sabes que voy hacer llamar a mi abuela,  la iremos a visitar el día que ella nos diga, y, que nos aclaré lo que paso

Pues bien, ya me llamaras, y me dirás el día, pero ahora me voy, dije levantándome, y, tomando mi bolso del suelo, y mientras echaba una mirada al exterior me dirigí,  hacia la puerta. Sara me detuvo

No te olvides a visitar a mi abuela vamos las dos juntas

Somos amigas. 

La abuela de mi amiga

Llego por fin el ansiado y  temido día, me sentía nerviosa, me repetía sin cesar, que no pintaba nada en la visita, que no conocía a la abuela, era posible que la hubiese conocido cuando era niña hacía ya  tanto tiempo, pero si fue así no lo recordaba, y menos me recordaría a mí la anciana señora tenía miedo de hacer o decir algo inconveniente, puesta a no saber no sabía siquiera si lo correcto sería llevarle, algo, un detalle, pero qué, dulces, y si era diabética, ir sin nada, y soltar la típica y manida frase, “iba… pero me quedo en casa; o no pude comprarlo a tiempo” no, no lo haría odiaba esas hipocresías

Al fin me vino una idea, doña Sara, amaba la música, así que compre un CD de recopilación de arias de óperas famosas

A las siete en punto, de la  tarde llegamos a su casa, un pequeño chalet, en las afueras, nos recibió en chándal porque se hallaba practicando deporte, mejor dicho haciendo “sus ejercicios”, para mantener los huesos a punto, nos rogó la disculpásemos unos minutos, minutos que fueron menos de los que esperábamos, y, enseguida estuvo a nuestra disposición, nos dio un beso a cada una, y, pude comprobar lo mucho que se parecía a mi amiga, hechos los saludos nos invitó a seguirla al interior de la vivienda. En el amplio salón, de grandes ventanales sobre la finca, estaba el piano, el mismo que aparecía en el cuadro

Aproveche entonces para darle mi regalo, lo tomo emocionada y me dio las gracias, pero rogándome un favor que se lo regalase a Sara, ella no tenía, con que escuchar los CDs, ni lo quería, la música se escuchaba mejor, según ella, en los viejos tocadiscos, en los discos antiguos

Una doncella nos trajo un delicioso café con unos churros cuya masa, había preparado Doña Sara en persona, eso al menos nos dijo, fue una vela encantadora, hablamos de todo, no había tema de la actualidad que desconociese

Y, por fin llegó el momento, Sara, abrió el bolso, saco la sortija y se la mostró

¿La conoces, abuela?

Pues claro, que la conozco, ¿Qué haces tú con ella?

Veras no sé cómo seguir, pero esta sortija no creo que sea la tuya

Claro que lo es, no la voy a conocer

Veras, está la compro Irene, en el rastro

Vaya, conque tu madre la vendió,  ¿O, es que se la robaron?

No sé qué paso con la sortija que le diste a mamá, sé que no es esta, porque los  vendedores le dijeron a Irene, que no era de oro

Pues claro que no era de oro, bueno tenía un pequeño baño, pero casi nada; no sé de donde sacaste la idea de que era de oro

Porque el abuelo, nunca te regalaría una joya que no fuese de verdad, su familia; y, él eran ricos

Pero es que no me la regalo tu abuelo; si no Luis, un joven que ayudaba en la granja, que mis padres tus bisabuelos tenían en Nairobi; yo estuve un verano haciendo prácticas de enfermera; y nos enamoramos, nos encantaba ver juntos las puestas de sol, y, los animales,  un día vimos a una jirafa madre besando a su cría; es lo que representa la sortija; Luis me dijo, “así como están esas dos jirafas, quisiera estar siempre contigo, y, el mismo hizo la sortija, y me la regalo; y, fue  él quien puso en mí, el amor a la pintura; era un gran pintor, y, un gran músico, yo como todas las señoritas de  mi época sabía tocar el piano, pero no vibraba ni hacía vibrar con las melodías

¿Por qué no te casaste con él?

Pues, porque eran otros tiempos, mis padres ya me habían comprometido; y, no podía romper un compromiso con un Leantello; para casarme con un mozo de granja;  aunque supiese pintar muy bien, componer bellas melodías y tocar el piano como los ángeles; por eso casé con Miguel, con tu abuelo que fue un buen esposo

Bueno el abuelo, también pintaba

Sara senior, miro a su nieta, sin poder contener una carcajada, ¿Dices que pintaba, Miguel?, no sabía ni coger un pincel; ni pintaba ni tocaba, era un hombre, y, como dije fue un buen marido, pero el arte le quedaba muy lejos

¿Entonces, el hombre del cuadro es?

Sí, es Luis, como el rostro no está muy definido, cuando alguien me preguntaba, sí era mi esposo, yo decía que sí, que iba decir, a una sociedad hipócrita y puritana

Abuela, dime ¿le pusiste, Luis de segundo nombre a a papá, porque era hijo de, bueno de Luis?

No, tu padre era hijo de mi esposo, le puse Luis de segundo, para recordarme mi cobardía

A qué te refieres

Me quede encinta, y, no podía ni tenía el valor de confesar a mi futuro esposo que llevaba el hijo de otro, así que hice lo que  no debía, y, que nunca me perdone

Llevaba un buen rato sin decir nada, y, pude contenerme, y, solté mi pregunta, que ahora que lo pienso, no sé cómo tuve el valor de hacerla, mi confianza con doña Sara, no era tanta, pero la hice, me acerque a ella, y, le pregunte, muy claro

¿Quiere, decir doña Sara, que abortó?

Doña Sara, la abuela de mi amiga, se sacó los lentes,  se froto, los ojos, trago saliva,  y, me dijo, qué dices muchacha, eso sería un asesinato, el asesinato de mi hijo no nato, lo que yo hice fue horrible, porque podía criarlo, pero no soy una asesina, lo que hice fue darlo cuando nació lo entregue a una criada, para que lo llevará a la misión española, aún recuerdo el beso que le di, en la cabecita, y, en sus piecitos, como despedida, tenía dos lunarcitos en el empeine del pie, y, en su cabecita, en su nuca, cuatro formando un trébol, cuanto he llorado en mi vida pensado en él, todas las noches rezo, y, le pido a Dios perdón, y, que le haya dado unos buenos padres, él debiera haberse llamado Luis, pero se fue sin nombre, por eso cuando nació tu padre, le puse Luis de segundo nombre, en lugar de el nombre de mi esposo

Cuando acabo de hablar, Sara y yo, teníamos los ojos llenos de lágrimas, nos despedimos hasta otro día, nos acompañó a la puerta, y, nos despidió con un par de besos. Las dos salimos con un propósito en común, propósito que nos confirmamos una a la otra, hacer todo lo posible, porque la abuela de Sara, doña Sara, encontrase a su hijo, el tío abuelo de Sara

El encuentro

Pasamos mucho tiempo haciendo averiguaciones; todo resultaba inútil, eran muy pocos los datos que teníamos del tío abuelo de Sara; en caso de seguir vivo, tendría un nombre y unos apellidos, que nada tendrían que ver con los de la familia de Sara, tampoco sabíamos cómo podría ser su aspecto físico, ni en qué país viviría, no hay que olvidar que fue llevado a una misión  en África, de allí, lo pudo adoptar la persona de cualquier país, era pues algo imposible. Doña Sara, la abuela nos dijo, que no perdiésemos más el tiempo y el dinero en algo que era totalmente imposible de lograr, así que había que dejar los detectives, que nada averiguaban; y, de hacerlo, decía doña Sara, su hijo no querría y con razón saber nada de ella

Así pues, nos olvidamos del tema

Hasta que un domingo paseando con Sara, por el rastro de Monforte, observando unos viejos lienzos, tropecé con  un señor que estaba llorando como un chiquillo, mirando un cuadro que representaba una mujer , acariciando la patita de una jirafita

Me acerque, y, le pedí de antemano disculpas por mi pregunta

Muy amablemente, tras secarse los ojos, me dijo, que estaba seguro que la mujer del cuadro era su madre, y, el hombre su padre

Le di mi tarjeta rogándole que me llamase, ya que estaba segura de que existía una persona que  tenía buenas noticias para él sobre sus padres

                            Viejas cartas

Sara había recibido una caja cerrada de su madre, nunca la había abierto, pero después de la charla con D. Luis Quimera(su tío abuelo) el viejo que conocí en el rastro

Decidió abrirla allí había muchas cosas, pero sobre todo viejas cartas dirigidas a su abuela, a doña Sara

Ni que decir tiene que no las abrimos.

Se las llevamos a doña Sara, quien las leyó, releyó, y, nos las hizo leer, las había de todo tipo; pero las más importantes eran tres, la primera de ellas decía

“Querida Sara, mi palomica, mi jirafita salvaje; no te preocupes amor mío, si tus padres no quieren nuestro amor; yo soy un veleta, mal músico, mal pintor, no sabría mejor no podría darte lo que mereces; contra nuestro tiempo, yo te amo, y, siempre serás la primera en mi corazón.
Tuyo siempre en tu corazón
Luis”

La segunda  fechada un mes más tarde, tenía el mismo saludo, pero era más dura, “su cuerpo” decía
“No es posible, Sara, estas encinta y piensas en librarte del niño, de tu hijo, de nuestro hijo, dices que tus padres conocen  un buen médico, más bien harías diciendo, que conocen un  criminal, un monstruo, un Herodes,  porque sólo un monstruo puede destruir, a un ser humano que vive dentro de una mujer, te ruego, te exijo que no mates a nuestro hijo, a mi hijo, esa criatura que es tuya, si no la quieres,  no te quedes con él, dalo en adopción, al menos vivirá

La última estaba fechada dos años después, era como las otras de Luis, pero tenía una buena noticia, se había casado, y como su esposa era estéril, habían adoptado a un niño del hospicio dela misión, lo escogió porque tenía su mismo color de ojos, el niño se puso muy grave, hubo que operarlo de urgencia, y, necesito sangre, al buscar donante, no se hallaba,  porque el niño era donante universal, podía dar a todos, pero no recibirla más que de su propio grupo, lo mismo que él, así supo que el niño era su hijo, no su hijo porque lo hubiese adoptado, su hijo porque lo había engendrado, y, se  prometió que cuando pudiese entenderlo le hablaría de su otra mamá, le que llevo 9 meses, la que no le saco la vida

Al terminar la lectura, Doña Sara  lloraba a mares, no tenía ningún conocimiento de las cartas, su familia se las había ocultado; ella en un principio había tomado la decisión de abortar, pero se había vuelto atrás de una forma casi extraña, había entrado en una iglesia, el sacerdote dirigía el rezo del rosario, y, estaba explicando el Segundo misterio gozoso, “La visitación de Nuestra Señora”; se dijo, 
“ Si Jesús en aquel momento, que no tendría de vida en María, más de 7 días,  había santificado a Juan, que llevaba 6 meses viviendo en Isabel, no era preciso más, Jesús había sido un embrión, un feto, había sido lo que era su hijo, por eso, su hijo merecía vivir
Le costó que sus padres aceptaran y hubo de dar a luz en un pueblo, en una casa de aldea vacía, de la que se llevaron a su hijo para el hospicio de la misión

El resto ya era conocido

Le contamos que le habíamos concertado un encuentro con su hijo, pero que si no estaba de acuerdo lo cancelábamos
Nos abrazó llorando, tengo mucho miedo nos dijo; pero acepto, quiero abrazarlo, pedirle perdón, aunque no tengo derecho a él lo sé; saber que vive, es lo más grande que me podía pasar, gracias Dios mío, gracias, cuanto me alegra saber que lleva el nombre de su padre, hasta ahora no tenía nombre
Se levantó de su sofá, y nos dio un sonoro beso en la mejilla a cada una, “gracias mis niñas, gracias hijas por ayudar a una vieja

                                      FINAL

D. Luis Quiroga no puso  ningún reparo en recibirnos, era el vivo retrato de su madre, no en lo físico, pero si en el alma, en el físico era igual a su padre, el hombre del cuadro; el gran amor de la abuela de mi amiga

Nos hizo pasar a un gran salón con un piano y varios cuadros, que como intuimos eran suyos;  en todos los cuadros había jirafas

Le hablamos del motivo de nuestra visita; no se extrañó sabía que era adoptado

Volvimos al otro día, en compañía de doña Sara,  fue emocionante
Se abrazaron como si sólo llevaran unos años sin verse, don Luis no sentía ningún rencor; pero tampoco el amor tonto de las telenovelas, había conocido otra madre, y, era a ella, a la mujer que lo había criado, educado, alimentado, fallecida hacía cuatro años, a la que amaba como tal, como su madre, porque lo era,  pero doña Juana, la madre fallecida, la adoptiva le había enseñado a amar, a la otra madre, a la que lo había parido, y que sólo Dios sabia el porqué, no lo  había podido criar;  pero que lo había dejado vivir

Aunque pueda parecer extraño, D. Luis, nos dió buenas noticias de su padre biológico, no se había vuelto a casar tras enviudar de la madre adoptiva de Luis, de Doña Juana;  vivía en África; al oírlo como si fuese una adolescente, Doña Sara, dijo que quería ir a Kenia, para encontrarse con él

Un mes más tarde los cuatro nos embarcábamos rumbo al país africano, a la Granja, “La Jirafa, así es como se llamaba en castellano;  como si fuera un sueño, al verse corrieron uno hacia el otro, y, se fundieron en un beso de amor, como si no hubieran pasado 60 años; nunca habían dejado de amarse

Una semana más tarde, vestida con un traje gris, y con una alianza en la que figuraba una jirafita, Doña Sara, daba, “el si quiero” a su amor de toda la vida; nadie pudo contener las lágrimas fue la boda más emocionante que he visto nunca, yo fui la madrina, fue decisión de la novia, que temblaba como si fuera su primer matrimonio, como una niña de 20 años; el regalo de bodas, del hijo de los novios, fue, una jirafa preñada, la boda, me olvidaba de decirlo se celebró en Kenia, por un padre misionero, donde trabajaba como médico aunque ya fuese anciano, el novio, pero como le llamo viejo, a un recién casado, quería decir que aún trabajaba como médico misionero, el joven novio, aunque había cumplido ya los 75 años

Regresamos a España, Sara  mi amiga, y el hijo de Doña Sara, y D. Luis, Doña Sara y su esposo se quedaron allí en Kenia, en su granja, cerca de la misión donde nació su amor, en su África querida, en el paraíso

Fin