El heno
El heno es la hierba seca mezclada con paja, que se usa, o se usaba al menos como cama, y, para alimento de los animalitos del campo, compañeros de trabajo del hombre, vacas, bueyes, burritos, mulas, etc., una parte se les echaba en el pesebre, para que comiesen.
Otra más abundante y con más paja, se repartía por el suelo, para que durmiesen
En esta historia, donde hay, al menos una vaca, un buey, una mula y un burrito, estaban todos muy contentos, porque su amita, la humana para la que trabajaban como ayudantes en el campo les había echado en su pesebre heno, un heno que se veía tenía que estar muy sabroso, y, les había hecho “su cama “con paja y hierba limpia
Pero cerca ya de la noche, entraron aquellos dos jóvenes, ella esperando un bebé para muy pronto, y, cogieron de la paja y, la hierba que era la cama de ellos, para poder descansar un poco, y, luego cuando nació el bebé que era muy lindo, como todos los bebés, y, muy llorón, la mamá, lo coloco en el pesebre, y, lo cubrió además de con los pañales y la ropita que le traía, con el heno que era su comida.
Y, ellos miraron al bebé y a la mamá, y, como serían todo lo irracionales que quieran, pero de tontos nada, vieron que aquel bebé era su Creador, que había nacido como un humano, él sabría porque, y, la mamá que era muy guapa, y, era una humana, sólo una humana, era además su Reina, y, como buenos súbditos, no ignorantes como los humanos, se sintieron orgullosos de que su Reina, escogiese tener a su bebito entre ellos, y, que lo que iba ser su comida, le sirviese de abrigo al Recién nacido.
Luego hablaron entre ellos, y, decidieron que como Creador sería todopoderoso, pero como bebé llorón era lo más indefenso, y, precisaba calor, y, los cuatro se pusieron a echar su aliento sobre él, y, sus ángeles de la guarda, porque los animalitos también tienen su ángel de la guarda, les dijeron que habían hecho muy pero que muy bien.
La Mamá del bebé, la joven María, y, su esposo, el joven José, sonreían y, vigilaban no le fueran hacer daño al bebé, y, es que La Mamá María, no sabía que Ella era ya la Reina de todo lo creado, y, lo que estaba viendo, era el homenaje de sus súbditos más inteligentes los animalitos buenos.
Fin
sábado, 31 de agosto de 2019
martes, 27 de agosto de 2019
El mañana
El mañana
Un niño pregunto a su abuelo, abuelito, qué es, el mañana
El abuelo estuvo callado un poco, fumo su pipa, porque los abuelos entonces fumaban, después miro al cielo, miro a la tierra, volvió fumar, el niño estaba ya nervioso, hasta había dejado tranquila a una pobre lagartija. Abuelo. ¿No me has oído?, qué es el mañana
El mañana, dijo por fin el viejo, es una mentira, un cuento, una trola, el mañana no existe
Qué dices abuelo, cómo no va existir
No hijo, lo único que existe es hoy, y, a veces nos engañamos dejando cosas para “mañana”, o “el mañana”, y, esa mañana, o “El mañana” nunca llegan, porque siempre estamos en hoy.
Por eso, debemos hacer las cosas en su momento, y, vivir la vida en su momento, en el hoy que nos encontramos, porque no sabemos si tendremos otro hoy, porque no lo olvides nunca, si Dios en su infinita misericordia nos da otro día de vida, ese día no se llamará mañana, se llamará “hoy”
Fin.
Un niño pregunto a su abuelo, abuelito, qué es, el mañana
El abuelo estuvo callado un poco, fumo su pipa, porque los abuelos entonces fumaban, después miro al cielo, miro a la tierra, volvió fumar, el niño estaba ya nervioso, hasta había dejado tranquila a una pobre lagartija. Abuelo. ¿No me has oído?, qué es el mañana
El mañana, dijo por fin el viejo, es una mentira, un cuento, una trola, el mañana no existe
Qué dices abuelo, cómo no va existir
No hijo, lo único que existe es hoy, y, a veces nos engañamos dejando cosas para “mañana”, o “el mañana”, y, esa mañana, o “El mañana” nunca llegan, porque siempre estamos en hoy.
Por eso, debemos hacer las cosas en su momento, y, vivir la vida en su momento, en el hoy que nos encontramos, porque no sabemos si tendremos otro hoy, porque no lo olvides nunca, si Dios en su infinita misericordia nos da otro día de vida, ese día no se llamará mañana, se llamará “hoy”
Fin.
jueves, 22 de agosto de 2019
El Robledal
El Robledal
En el pueblo había un inmenso bosque de robles, es cierto que había también otros árboles pero estos los robles, eran los más abundantes.
A los vecinos del pueblo, les gustaba ir a sentarse en el verano, y, en los días cálidos del otoño a la sombra de los árboles, y, a los chiquillos correr y jugar entre sus gruesos troncos
Nadie había recorrido nunca toda su extensión, al menos que se supiese, pues acababa en una peligrosa barranca
Pero un día, unos chiquillos que jugaban imprudentemente cerca de la misma, encontraron un esqueleto humano. Se asustaron como no podía ser menos y fueron dar aviso a las autoridades
Vino el señor juez ordenó el levantamiento de los restos, de los huesos, y, se condujeron al centro anatómico, y, empezaron las especulaciones, no había ropa, solo girones de tela pegada a los huesos y, una especie de cartera de piel de cabra, o algo parecido
El juez hombre ya mayor dijo, pienso que esa cartera perteneció en vida, al marido de Patricia, la señora patricia, su marido fue seguramente como pensábamos uno de los paseados en ese triste episodio de nuestra historia, le fusilaron desnudo sólo con algunos trapos encima y dejaron su cuerpo en el robledal, en la parte que nadie visitaba. Hay que comunicárselo a su viuda, la pobre mujer piensa que se marchó como pensaba para Argentina
Todos es decir el juez, el forense, y, el cura del pueblo que se hallaba presente acordaron ir a dar la noticia a la señora Patricia.
La señora Patricia era una mujer mayor vestía de negro, pero tenía siempre una sonrisa en la boca, dispuesta siempre a ayudar a quien lo necesitará, había sacado adelante a 4 hijos, cuando el marido desapareció, y, ahora ayudaba al nieto casado y en paro con 2 niños que tenía en casa, y, a sus 94 años, aún trabajaba el campo, las pequeñas huertas que tenía
Les mando entrar pues las puertas de su casa siempre estaban abiertas, les ofreció un vaso de vino, o de leche recién ordeñada, ellos optaron por el vino, y, se sentaron tras hablar de cosas intranscendentes fueron al meollo de la cuestión, le mostraron la cartera, y, le dijeron que habían hallado el cuerpo de su difunto esposo del señor Raimundo
Están locos, dijo, de dónde han sacado eso, a saber de quién serán esos huesos, a lo mejor de un romano, dicen que hubo por aquí, mi marido se fue para Argentina, lo que pasa es que allí, rehízo su vida, y, bueno hace dos meses me entere de su muerte. Pero no lo paseo nadie.
¿Está segura, señora Patricia?. Pregunto el juez
Pues claro, y, ahora déjenme, que tengo que hacer la comida, buenos días les de Dios.
Al medio día, conto lo sucedido a su nieto y a su mujer.
Quiero. Les dijo, que de lo que os voy a contar no, contéis nada, a nadie, y, a nadie es a nadie
Prosiguió
Los restos son de tu abuelo, había vecinos que no compartían sus ideas políticas, bueno más bien le tenían rabia por otras cosas que no vienen a cuento, y, lo denunciaron al que era entonces el alcalde del pueblo, de ideas contrarias a las de tu abuelo
Él tenía pensado irse para Argentina, eso es cierto. Pero una noche lo vinieron a buscar, él propio alcalde y, otros de su cuadrilla, yo los seguí sin que me vieran pensaba poder ayudarle, pero el alcalde salió del grupo y, me ataco por la espalda me amordazo me tumbo al suelo y me violó, mientras era violada sentía los disparos que mataban a mi marido. Luego me advirtieron que si decía algo, matarían a toda mi familia, es decir a mis hijos y, a mis padres.
Calle, al poco tiempo supe que estaba embarazada, sabía que no era de mi esposo, por el tiempo que había pasado. Durante un tiempo pensé en deshacerme de aquello que crecía en mi vientre, pero luego me dije a mi misma, que aquel hijo era mi hijo, y, era hijo de mi esposo, pues lo concebí sí, por la violencia del alcalde, pero por salir a intentar defender a mi esposo. Y, además era un inocente que no tenía culpa de nada. Deshacerme del, matarlo, sería ser como mi violador. Así que seguí adelante con mi preñez y nació tu padre.
Eres admirable abuelita, dijo el nieto, pero no entiendo, por qué has mentido ahora
No he mentido, he tapado una parte oscura de la historia en la que nos volvimos bestias, tu abuelo está muerto, pues ya está, decir que eran sus restos no le iba volver la vida. Y, destaparía rencores que ya están olvidados, el actual alcalde es nieto de aquel, y, este es un buen hombre, y, el otro, bueno, era otra época, una guerra había rencor, los de tu abuelo tampoco eran unos angelitos, y, no puedo asegurar aunque creo que no, que tu abuelo no hubiese hecho alguna barbaridad con los contrarios a sus ideas, pero eso es de otra época, a los muertos hay que dejarlos descansar en paz. Del pasado no hay que remover los muertos. Sólo fijarse en los errores para no repetirlos. Y, en los aciertos para imitarlos
Pues Silvino el de la granja, ha puesto un requerimiento para encontrar los huesos de su bisabuelo, que fue paseado, y, cree que lo sepultaron cerca de alguna tapia, o de una cuneta qué le parece. Pregunto la nieta política
Mira hija, no voy juzgar yo a Silvino, que no soy juez, pero pienso que mejor haría yendo visitar a sus padres que tiene en un asilo de ancianos, y, a los que no va ver, según él mismo cuenta, que buscando los huesos de un bisabuelo que no conoció, y, al que en el Cielo no le importa donde estén sus huesos. Pero no hagáis caso, que soy una vieja
Vieja, sí, dijo el nieto dándole un beso, pero muy guapa y muy sabia
Fin
En el pueblo había un inmenso bosque de robles, es cierto que había también otros árboles pero estos los robles, eran los más abundantes.
A los vecinos del pueblo, les gustaba ir a sentarse en el verano, y, en los días cálidos del otoño a la sombra de los árboles, y, a los chiquillos correr y jugar entre sus gruesos troncos
Nadie había recorrido nunca toda su extensión, al menos que se supiese, pues acababa en una peligrosa barranca
Pero un día, unos chiquillos que jugaban imprudentemente cerca de la misma, encontraron un esqueleto humano. Se asustaron como no podía ser menos y fueron dar aviso a las autoridades
Vino el señor juez ordenó el levantamiento de los restos, de los huesos, y, se condujeron al centro anatómico, y, empezaron las especulaciones, no había ropa, solo girones de tela pegada a los huesos y, una especie de cartera de piel de cabra, o algo parecido
El juez hombre ya mayor dijo, pienso que esa cartera perteneció en vida, al marido de Patricia, la señora patricia, su marido fue seguramente como pensábamos uno de los paseados en ese triste episodio de nuestra historia, le fusilaron desnudo sólo con algunos trapos encima y dejaron su cuerpo en el robledal, en la parte que nadie visitaba. Hay que comunicárselo a su viuda, la pobre mujer piensa que se marchó como pensaba para Argentina
Todos es decir el juez, el forense, y, el cura del pueblo que se hallaba presente acordaron ir a dar la noticia a la señora Patricia.
La señora Patricia era una mujer mayor vestía de negro, pero tenía siempre una sonrisa en la boca, dispuesta siempre a ayudar a quien lo necesitará, había sacado adelante a 4 hijos, cuando el marido desapareció, y, ahora ayudaba al nieto casado y en paro con 2 niños que tenía en casa, y, a sus 94 años, aún trabajaba el campo, las pequeñas huertas que tenía
Les mando entrar pues las puertas de su casa siempre estaban abiertas, les ofreció un vaso de vino, o de leche recién ordeñada, ellos optaron por el vino, y, se sentaron tras hablar de cosas intranscendentes fueron al meollo de la cuestión, le mostraron la cartera, y, le dijeron que habían hallado el cuerpo de su difunto esposo del señor Raimundo
Están locos, dijo, de dónde han sacado eso, a saber de quién serán esos huesos, a lo mejor de un romano, dicen que hubo por aquí, mi marido se fue para Argentina, lo que pasa es que allí, rehízo su vida, y, bueno hace dos meses me entere de su muerte. Pero no lo paseo nadie.
¿Está segura, señora Patricia?. Pregunto el juez
Pues claro, y, ahora déjenme, que tengo que hacer la comida, buenos días les de Dios.
Al medio día, conto lo sucedido a su nieto y a su mujer.
Quiero. Les dijo, que de lo que os voy a contar no, contéis nada, a nadie, y, a nadie es a nadie
Prosiguió
Los restos son de tu abuelo, había vecinos que no compartían sus ideas políticas, bueno más bien le tenían rabia por otras cosas que no vienen a cuento, y, lo denunciaron al que era entonces el alcalde del pueblo, de ideas contrarias a las de tu abuelo
Él tenía pensado irse para Argentina, eso es cierto. Pero una noche lo vinieron a buscar, él propio alcalde y, otros de su cuadrilla, yo los seguí sin que me vieran pensaba poder ayudarle, pero el alcalde salió del grupo y, me ataco por la espalda me amordazo me tumbo al suelo y me violó, mientras era violada sentía los disparos que mataban a mi marido. Luego me advirtieron que si decía algo, matarían a toda mi familia, es decir a mis hijos y, a mis padres.
Calle, al poco tiempo supe que estaba embarazada, sabía que no era de mi esposo, por el tiempo que había pasado. Durante un tiempo pensé en deshacerme de aquello que crecía en mi vientre, pero luego me dije a mi misma, que aquel hijo era mi hijo, y, era hijo de mi esposo, pues lo concebí sí, por la violencia del alcalde, pero por salir a intentar defender a mi esposo. Y, además era un inocente que no tenía culpa de nada. Deshacerme del, matarlo, sería ser como mi violador. Así que seguí adelante con mi preñez y nació tu padre.
Eres admirable abuelita, dijo el nieto, pero no entiendo, por qué has mentido ahora
No he mentido, he tapado una parte oscura de la historia en la que nos volvimos bestias, tu abuelo está muerto, pues ya está, decir que eran sus restos no le iba volver la vida. Y, destaparía rencores que ya están olvidados, el actual alcalde es nieto de aquel, y, este es un buen hombre, y, el otro, bueno, era otra época, una guerra había rencor, los de tu abuelo tampoco eran unos angelitos, y, no puedo asegurar aunque creo que no, que tu abuelo no hubiese hecho alguna barbaridad con los contrarios a sus ideas, pero eso es de otra época, a los muertos hay que dejarlos descansar en paz. Del pasado no hay que remover los muertos. Sólo fijarse en los errores para no repetirlos. Y, en los aciertos para imitarlos
Pues Silvino el de la granja, ha puesto un requerimiento para encontrar los huesos de su bisabuelo, que fue paseado, y, cree que lo sepultaron cerca de alguna tapia, o de una cuneta qué le parece. Pregunto la nieta política
Mira hija, no voy juzgar yo a Silvino, que no soy juez, pero pienso que mejor haría yendo visitar a sus padres que tiene en un asilo de ancianos, y, a los que no va ver, según él mismo cuenta, que buscando los huesos de un bisabuelo que no conoció, y, al que en el Cielo no le importa donde estén sus huesos. Pero no hagáis caso, que soy una vieja
Vieja, sí, dijo el nieto dándole un beso, pero muy guapa y muy sabia
Fin
martes, 20 de agosto de 2019
El Faro
El Faro
Hacía pocos meses que Clarisa, se había tenido que mudar a un pequeño pueblo del interior de España.
Su carácter alegre, y, jovial, chocaba con aquel lugar que parecía dormir anclado en el tiempo
Sus estrechos y empedrados callejones daban una sensación de ahogo, que hacían sentir a Clarisa, la impresión de que se iban a derrumbar sobre ella.
Las gentes del pueblo eran hoscas, taciturnas, como si ocultasen un gran secreto, un secreto sobre el cual pesasen no los años, los siglos, todo era sombrío en aquel lugar, salvo la vieja ermita, pero esta, salvo los domingos que el cura venia decir Misa, a la que asistían solo 4 mujeres enlutadas y unos pocos chiquillos, estaba cerrada
Ella se dijo, a si misma, que todo era producto de su mente, debería de procurar encontrar amigos, su trabajo lo realizaba desde su casa, por medio de Internet, así que no le quedaba otra, que buscar sitios donde conocer gente a fin a ella, imposible.
Se dedicó a ir al único cine que tenían, y, que abría todos los días, trato de entablar conversaciones en el café, en la tienda, pero todo eran monosílabos.
Un día, en su casa, que daba como todas a un oscuro callejón, le pareció que la luz de la farola, el faro le llamaban en el pueblo que alumbraba, bueno decir alumbrar es mucho, la calle, se apagaba por momentos, y, que se escuchaban gritos. Se asomó pero no vio nada, el farol, es decir la farola, seguía alumbrando igual, y, no había nadie. Se dijo a si misma que aquello era fruto de su desbocada imaginación, y, después de cenar, leer, ver un poco la tv. Se fue a la cama
Pero el hecho se repitió al otro día, y, al otro.
Su mente abierta le dijo, que era posible, que algo hubiese sucedido en el pasado, y, se propuso investigarlo
Y, como ya había previsto, le dieron con todas las puertas en las narices, una extranjera, metiendo las narices en la historia del pueblo
Un día, pregunto por un templo cristiano de culto a católico, poco falto para que la apedrearan, no entendía el por qué. Pero no era mujer que se amilanase
Y, decidió llamar a Juan su ex pareja. Era historiador doctorado en historia medieval, y, acepto ayudarle
Y, así, Clarisa se enteró de que en La España de Felipe II, donde la quema de “herejes” era el deporte del buen rey, una mujer luterana, había conseguido refugiarse en aquel pueblo, donde ella vivía ahora, se había escondido allí con sus dos criaturas, y, otra que llevaba en su vientre, pero un día un grupo de vecinos que venía de Misa, la descubrió, y, decidieron llevarla ante el Tribunal de La Inquisición, primero le arrancaron los hijos de las manos, desoyendo sus gritos, luego olvidando su estado, o, mejor recordándolo, la golpearon hasta hacerla abortar, pues el Tribunal no infringía torturas a las embarazadas, hasta que parían, los golpes no sólo causaron la muerte del inocente no nacido, sino los de la pobre mujer luterana.
Cuyo cadáver, fue encontrado al día siguiente, los autores no negaron los hechos, pues torpemente pensaban ser recompensados, pero fueron condenados a muerte. Ellos no eran quién, para condenar ni matar a nadie. El pueblo entero, saco a los asesinos de la mazmorra y, se mantuvieron ocultos en los sótanos de las casas, hasta que el hecho se olvidó, y, el pueblo se mantuvo siempre como un pueblo fiel, al rey, y, a la Iglesia.
Pero la joven madre luterana asesinada, antes de morir había dicho, que perdonaba a sus verdugos, pero le pediría a Dios que su crimen fuese sabido por todo el mundo
Y, por eso, el tiempo, había devuelto sus lamentos, y Clarisa los había escuchado, ahora ya todo el mundo sabía la verdad, aunque el pueblo siguiese llevando el peso de su viejo crimen encima
Clarisa conto el hecho histórico en las redes sociales, y, en la prensa, aunque muchos no lo entendieron
Hubo una mujer que sí, por eso, aquella noche, el farol, es decir la farola ya no tembló, ni quiso apagarse ni se oyeron más ruidos que los ladridos de los perros, y, el canto de los pájaros.
Fin
Hacía pocos meses que Clarisa, se había tenido que mudar a un pequeño pueblo del interior de España.
Su carácter alegre, y, jovial, chocaba con aquel lugar que parecía dormir anclado en el tiempo
Sus estrechos y empedrados callejones daban una sensación de ahogo, que hacían sentir a Clarisa, la impresión de que se iban a derrumbar sobre ella.
Las gentes del pueblo eran hoscas, taciturnas, como si ocultasen un gran secreto, un secreto sobre el cual pesasen no los años, los siglos, todo era sombrío en aquel lugar, salvo la vieja ermita, pero esta, salvo los domingos que el cura venia decir Misa, a la que asistían solo 4 mujeres enlutadas y unos pocos chiquillos, estaba cerrada
Ella se dijo, a si misma, que todo era producto de su mente, debería de procurar encontrar amigos, su trabajo lo realizaba desde su casa, por medio de Internet, así que no le quedaba otra, que buscar sitios donde conocer gente a fin a ella, imposible.
Se dedicó a ir al único cine que tenían, y, que abría todos los días, trato de entablar conversaciones en el café, en la tienda, pero todo eran monosílabos.
Un día, en su casa, que daba como todas a un oscuro callejón, le pareció que la luz de la farola, el faro le llamaban en el pueblo que alumbraba, bueno decir alumbrar es mucho, la calle, se apagaba por momentos, y, que se escuchaban gritos. Se asomó pero no vio nada, el farol, es decir la farola, seguía alumbrando igual, y, no había nadie. Se dijo a si misma que aquello era fruto de su desbocada imaginación, y, después de cenar, leer, ver un poco la tv. Se fue a la cama
Pero el hecho se repitió al otro día, y, al otro.
Su mente abierta le dijo, que era posible, que algo hubiese sucedido en el pasado, y, se propuso investigarlo
Y, como ya había previsto, le dieron con todas las puertas en las narices, una extranjera, metiendo las narices en la historia del pueblo
Un día, pregunto por un templo cristiano de culto a católico, poco falto para que la apedrearan, no entendía el por qué. Pero no era mujer que se amilanase
Y, decidió llamar a Juan su ex pareja. Era historiador doctorado en historia medieval, y, acepto ayudarle
Y, así, Clarisa se enteró de que en La España de Felipe II, donde la quema de “herejes” era el deporte del buen rey, una mujer luterana, había conseguido refugiarse en aquel pueblo, donde ella vivía ahora, se había escondido allí con sus dos criaturas, y, otra que llevaba en su vientre, pero un día un grupo de vecinos que venía de Misa, la descubrió, y, decidieron llevarla ante el Tribunal de La Inquisición, primero le arrancaron los hijos de las manos, desoyendo sus gritos, luego olvidando su estado, o, mejor recordándolo, la golpearon hasta hacerla abortar, pues el Tribunal no infringía torturas a las embarazadas, hasta que parían, los golpes no sólo causaron la muerte del inocente no nacido, sino los de la pobre mujer luterana.
Cuyo cadáver, fue encontrado al día siguiente, los autores no negaron los hechos, pues torpemente pensaban ser recompensados, pero fueron condenados a muerte. Ellos no eran quién, para condenar ni matar a nadie. El pueblo entero, saco a los asesinos de la mazmorra y, se mantuvieron ocultos en los sótanos de las casas, hasta que el hecho se olvidó, y, el pueblo se mantuvo siempre como un pueblo fiel, al rey, y, a la Iglesia.
Pero la joven madre luterana asesinada, antes de morir había dicho, que perdonaba a sus verdugos, pero le pediría a Dios que su crimen fuese sabido por todo el mundo
Y, por eso, el tiempo, había devuelto sus lamentos, y Clarisa los había escuchado, ahora ya todo el mundo sabía la verdad, aunque el pueblo siguiese llevando el peso de su viejo crimen encima
Clarisa conto el hecho histórico en las redes sociales, y, en la prensa, aunque muchos no lo entendieron
Hubo una mujer que sí, por eso, aquella noche, el farol, es decir la farola ya no tembló, ni quiso apagarse ni se oyeron más ruidos que los ladridos de los perros, y, el canto de los pájaros.
Fin
sábado, 17 de agosto de 2019
El cisne del río Cabe
El cisne del río Cabe
En el río Cabe, en la ciudad, más bien aldea, o pueblo rural de Monforte de Lemos.
Cerca del mal llamado “Puente romano”, Puente viejo, y, va que se pierde, hay un paseo fluvial, mal cuidado, sucio, viejo. Pero no voy hablar ni del puente, ni del pueblo, ni siquiera del río
Voy hablar de un cisne blanco, que mezclado con otras aves acuáticas, se desliza por las aguas, no muy limpias, todo hay que decirlo
A veces el ave, sale con otras de su especie, a los pequeños prados que rodean, el paseo, extiende sus blancas alas al cielo, menea su cuello, come en la hierba, luego se aleja del grupo, y, se queda solo mirando, a lo lejos.
Un día me pareció ver una lágrima en sus ojos, tal vez alguno pueda pensar que estoy loca, un poco sí, lo confieso, y, me alegro de ello, es precisa un poco de locura, para vivir en este mundo. Pero sigamos con el cisne del río Cabe
Decía que el animal, parecía llorar, y, es cierto. Porque este cisne tenía una hermosa compañera, una cisne macho, con la que recorría las aguas de otro río, El Tormes en Salamanca, pero un día, una persona, no sé si natural de Monforte, o de otro pueblo, decidió tomarlos para su finca privada, la hembra y los cisnes pequeños murieron. Y, sólo quedo el cisne macho. Que por decisión de las autoridades no podía estar en finca privada, y, dado que su captor, había llegado con ellos a Monforte, termino en el río Cabe, por eso, El Cisne blanco llora por su amada, y, por sus hijos, no ha vuelto a tomar pareja, cosa normal en su especie, y, sueña el día. Porque está convencido de ello. De hallar a su amada en el Cielo, y, deslizarse por las aguas de las lagunas celestiales
Yo, también creo que será así. Mientras tanto, y, mientras dure mi estancia en esta mal llamada ciudad. Cada vez que paso por el Puente viejo, y, veo al Cisne blanco, le envió un saludo, aunque las gentes de este lugar me miren como una loca. No me ofende. Porque es un poco verdad
Fin
En el río Cabe, en la ciudad, más bien aldea, o pueblo rural de Monforte de Lemos.
Cerca del mal llamado “Puente romano”, Puente viejo, y, va que se pierde, hay un paseo fluvial, mal cuidado, sucio, viejo. Pero no voy hablar ni del puente, ni del pueblo, ni siquiera del río
Voy hablar de un cisne blanco, que mezclado con otras aves acuáticas, se desliza por las aguas, no muy limpias, todo hay que decirlo
A veces el ave, sale con otras de su especie, a los pequeños prados que rodean, el paseo, extiende sus blancas alas al cielo, menea su cuello, come en la hierba, luego se aleja del grupo, y, se queda solo mirando, a lo lejos.
Un día me pareció ver una lágrima en sus ojos, tal vez alguno pueda pensar que estoy loca, un poco sí, lo confieso, y, me alegro de ello, es precisa un poco de locura, para vivir en este mundo. Pero sigamos con el cisne del río Cabe
Decía que el animal, parecía llorar, y, es cierto. Porque este cisne tenía una hermosa compañera, una cisne macho, con la que recorría las aguas de otro río, El Tormes en Salamanca, pero un día, una persona, no sé si natural de Monforte, o de otro pueblo, decidió tomarlos para su finca privada, la hembra y los cisnes pequeños murieron. Y, sólo quedo el cisne macho. Que por decisión de las autoridades no podía estar en finca privada, y, dado que su captor, había llegado con ellos a Monforte, termino en el río Cabe, por eso, El Cisne blanco llora por su amada, y, por sus hijos, no ha vuelto a tomar pareja, cosa normal en su especie, y, sueña el día. Porque está convencido de ello. De hallar a su amada en el Cielo, y, deslizarse por las aguas de las lagunas celestiales
Yo, también creo que será así. Mientras tanto, y, mientras dure mi estancia en esta mal llamada ciudad. Cada vez que paso por el Puente viejo, y, veo al Cisne blanco, le envió un saludo, aunque las gentes de este lugar me miren como una loca. No me ofende. Porque es un poco verdad
Fin
domingo, 16 de junio de 2019
sable (bíblico)
El sable (bíblico)
Anturio era un soldado romano,
que había sido puesto a las órdenes de Herodes, como buen militar era
obediente, pero no tenía simpatía por Herodes, y, todos los días, pedía a los
Dioses, que le permitieran no cometer injusticias para complacer al tirano. Es decir
a Herodes
Aquella mañana, no encontró su
sable, lo buscó y, rebusco, pregunto a sus esclavos, nadie sabía que había
pasado.
Fue entonces cuando, le llego
aviso de que Herodes, deseaba verlo, a él y, a sus compañeros
Herodes les contó, que había
tenido noticia de que había un nuevo rey, que quería su puesto, pues el rey de
los judíos era él, aquel rey, era un impostor, e iba acabar con él
Todos le dijeron, si le iba
declarar la guerra
A lo que Herodes dijo que no, lo
iba matar
Entonces le preguntaron todos, si
había dado orden de buscarlo y detenerlo
No, dijo, Herodes no sé dónde está,
sé que nació en Belén, como mucho hará dos años, aunque es posible que sólo
haya meses de eso
Todos se rieron, pues lo tomaron
por una broma
Pues que se haga grande, y, luego vuestra Majestad
lo vencerá
No, es una broma, estúpidos,
vocifero, el maldito rey, por eso he ordenado que deis muerte, a todos los bebés
de esa edad
Hubo protestas, pero la amenaza
de perder su propia vida, les hizo desistir
Anturio, se acercó a Herodes y le
dijo, que no podía obedecer pues había perdido su sable, Herodes, le riño, y,
amenazo, pero como no apareció, pues no pudo hacer nada.
Quien si lo hizo fue
Anturio, que aviso a muchas familias, aunque la mayoría no le creyó porque era
un gentil, un pagano, quien si lo hizo, fue el Cuarto Rey Mago, Eliab, y,
aprovecho para ser el ángel que aviso a San José, y, así se pudo salvar Jesús,
Por la noche, Anturio, estaba
dando gracias a sus Dioses, cuando oyó una voz, miro, y, vio un joven, tenía su
sable en la mano. Le dijo, “Soy David, el Rey David, te doy las gracias porque
eres bueno, y, no quieres matar inocentes, yo estoy en el Limbo, lo que llamáis
el Sheol, hoy tú has salvado la vida de mi heredero, el verdadero rey de
Israel, ahora van camino a Egipto, Dios quiere premiarte, porque eres bueno,
deja el servicio a Herodes, no temas se te va ayudar, luego cambia de ciudad,
y, busca un rabino que te explique la verdadera fe”
Anturio, se dijo que era un
sueño, y, así debía de ser, pero el caso
es que a su lado, en su almohada estaba el sable, no sabía qué hacer, pero vio que estaba cojo
Su cojera no mejoró, y, claro
tuvo que dejar de ser soldado, así que se cambió de ciudad e hizo, lo que el
Rey David en la visión le había dicho. Y, así conoció la verdadera fe
Y, un día conoció, a, bueno esa
es otra historia
Fin
sable (relato)
El sable (relato)
El pequeño Luis, cumplía cinco años, y, su abuela Leandra, le hizo un regalo muy especial, un sable de madera. Se lo entrego en una caja con un gran lazo, a Luis le agrado mucho pues tenía muchas ganas de tener un sable, y, convertirse en un guerrero, que venciera a todos los malos del mundo.
Pero su abuela Leandra, le dijo, “te lo regalo, para que cuando seas mayor, luches para que no haya armas, sólo sables de juguete”
Luis no entendía, para él las armas eran buenas, así que se puso a jugar tampoco era ocasión de pensar mucho, que sólo tenía cinco años
Cansado de jugar con sus amiguitos, y, sus hermanos, se sentó en un rincón del jardín, y, se quedó dormido
De pronto, miró y no conocía lo que tenía delante, era un paisaje diferente, aunque el lugar era el mismo, pero de otra forma, oyó la voz de su papá, llamándolo, “Luis, Luis”, se acercó corriendo su papá estaba vestido de forma rara, como esos señores de las pelis, y, tenía un sable en la mano, pero no era el suyo, era un sable de verdad.
Marcho a la guerra, al servicio del César, obedece a tu madre, y, a tú abuela. Luis no entendía nada, pero vio como su padre se despedía de su mamá quien también vestía de una forma muy rara
Al poco tiempo, escucho un ruido, eran caballos que se acercaban, a lomos de los mismos venían hombres, vestidos como su papá, con un papel muy raro en la mano, entraron en casa, con sus sables, para comunicar que su papá había sido muerto por traidor, y, por orden del César, iban a matar a toda la familia, él tuvo miedo, y, se escondió
De pronto oyó que lo llamaban, no contestó, no quería morir, la voz se hizó más fuerte, era su abuela Leandra, todo había sido un sueño
“Te dormiste cariño”, le dijo Leandra
Abuela, no quiero el sable, no quiero ningún arma, porque son malas dejan a los niños sin papás
La abuela sonrió, y, le dijo, ven vamos a enterrarlo
Y, le entrego su verdadero regalo, una pelota, una cocina, y, un tren, la cocina para que cuando fuera esposo y papá, ayudase a su esposa a cocinar.
Fin
El pequeño Luis, cumplía cinco años, y, su abuela Leandra, le hizo un regalo muy especial, un sable de madera. Se lo entrego en una caja con un gran lazo, a Luis le agrado mucho pues tenía muchas ganas de tener un sable, y, convertirse en un guerrero, que venciera a todos los malos del mundo.
Pero su abuela Leandra, le dijo, “te lo regalo, para que cuando seas mayor, luches para que no haya armas, sólo sables de juguete”
Luis no entendía, para él las armas eran buenas, así que se puso a jugar tampoco era ocasión de pensar mucho, que sólo tenía cinco años
Cansado de jugar con sus amiguitos, y, sus hermanos, se sentó en un rincón del jardín, y, se quedó dormido
De pronto, miró y no conocía lo que tenía delante, era un paisaje diferente, aunque el lugar era el mismo, pero de otra forma, oyó la voz de su papá, llamándolo, “Luis, Luis”, se acercó corriendo su papá estaba vestido de forma rara, como esos señores de las pelis, y, tenía un sable en la mano, pero no era el suyo, era un sable de verdad.
Marcho a la guerra, al servicio del César, obedece a tu madre, y, a tú abuela. Luis no entendía nada, pero vio como su padre se despedía de su mamá quien también vestía de una forma muy rara
Al poco tiempo, escucho un ruido, eran caballos que se acercaban, a lomos de los mismos venían hombres, vestidos como su papá, con un papel muy raro en la mano, entraron en casa, con sus sables, para comunicar que su papá había sido muerto por traidor, y, por orden del César, iban a matar a toda la familia, él tuvo miedo, y, se escondió
De pronto oyó que lo llamaban, no contestó, no quería morir, la voz se hizó más fuerte, era su abuela Leandra, todo había sido un sueño
“Te dormiste cariño”, le dijo Leandra
Abuela, no quiero el sable, no quiero ningún arma, porque son malas dejan a los niños sin papás
La abuela sonrió, y, le dijo, ven vamos a enterrarlo
Y, le entrego su verdadero regalo, una pelota, una cocina, y, un tren, la cocina para que cuando fuera esposo y papá, ayudase a su esposa a cocinar.
Fin
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