El precio no importa
Emilio era un comerciante en joyas y piedras preciosas. Siempre andaba buscando la pieza de mejor valor, vendía para comprar piezas de más valor; otras exponía las piezas, en exposiciones con grandes medidas de seguridad, que algunas veces terminaban en subastas
Uno de sus viajes al rededor del mundo; se encontró con una perla única de muchos quilates de una belleza que única
Sintió que debía comprar la
Habló con el dueño se la vendía, pero el precio era muy alto, tendría que vender todas las joyas y piedras que tenía, hasta su casa conformandose con un pequeño apartamento de alquiler
Para ganar se la vida habría de recorrer pueblos y ciudades exponiendo la perla. Rogando que no le robaran
Sus amigos y conocidos le decían que era una locura.
Pero Emilio estaba decidido. Y, dijo
"Él precio no importa" y, adquirió la perla
Habían pasado un par de años, y un día se encontró con un amigo que lo había traicionado seduciendo a su esposa, de aquella relación había nacido una niña, la mujer había vuelto a huir con otro seductor
Tanto la pequeña como su padre estaban muy graves con una grave afección neurologíca por culpa de un insecto.
No había cura el resultado era la muerte, o una vida conectado a una máquina.
El amigo porque volvió a ser lo falleció. Y, le rogó se encargará de la niña
Y, de pronto Emilio leyó en una revista científica que en una ciudad de Australia había un neurocirujano que había realizado operaciones a enfermos afectados por la picadura de aquel insecto, con una gran taxa de éxito, y, el caso de niños el porcentaje era del cien por cien.
Se hizo con el teléfono del médico, y habló con él. Estaba decidido a venir a Sevilla y operar a la pequeña; pero su tarifa era alta, y, no admitía discusión.
Quería la perla que tenía Emilio
Eso sí, si la operación salía mal. No tendría que pagarle nada
Emilio no lo dudo
La operación fue un éxito rotundo. La pequeña volvió a ser una niña sana
Emilio paso de ser el dueño de una perla única que viajaba para mostrar la, para ser un empleado de joyería
Que ahora tenía una perla de valor infinito que corría hacia él, llamándole. Papi
Y, esa perla nunca la perdería
Porque se la custodiaba Dios.
Fin
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